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Mostrando entradas de octubre, 2026

Ring

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Captura la imagen,   haz que viaje más veloz el disparo,   ajusta el enfoque,   cuadra lo inabarcable,   prohíbe a tus manos que tiemblen. Te quedas quieta por un instante,   sales en la cotidianidad humana   del retrato sin óleo ni bastidores,   inmortalizadas estrellas de píxel   bajo los aspersores de la digitalización. Eres tú y no eres, en esta vida   que se bloquea en la coordenada perfecta.   Qué más da si la palabra ha quedado borrosa   como en una carretera de isla   cuando los días de niebla   no permiten distinguir la verdad de lo falso. La ambivalente movilidad,   pero yo prefiero el sustantivo borde,   el pisotón a destiempo en un baile de máscaras;   sí, el abrazo, el olor del jabón,   el mordisco, la herida real.   Lo demás es fantasía circense,   porque yo te necesito sin ángulos...

Oda a Odín

Si pudiera susurrarle al oído el crepitar de adjetivos que ronronean en mi garganta. Lanzas al aceite un gajo que estalla estridente porque nunca lo has de mezclar con agua. Te ha salpicado entera: los brazos, los dedos, en motas que se asemejan al sarpullido de la escarlatina, entre una intensidad hedonista y, a la vez, purgante. Sabes que la temperatura está a punto de provocar un incendio donde no quedarán indemnes ni las piedras. Pero tú callas en esta combustión sin llamaradas que anuncien el peligro. Sabes que los buitres se comerían tu hígado y los niños echarían más leña al fuego en un castigo inquisitivo. Te lanzas cada noche desde la torre. Bordas en un sudario esta fiebre: delirio borracho de mirar el cortafuegos en que me has acorralado, bebida de mi propio veneno.

Transiberiana gata

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A veces esperamos que regrese el amor, pero se queda quieto como una fotografía antigua. Te empeñas en que las cortezas no raspen, en una curiosa impunidad de la natura. Brindas con desconocidos y recibes la noticia gris de una poeta hermosura. Esta transtextualidad de hologramas, de frutos que nunca fueron un árbol, de metros galopantes cruzando la alcantarilla de Madrid bajo un sol ardiente, en locales rojos de melancolía. Escuchas conversaciones ajenas y te regocijas con la disparidad mientras bebes lo prohibido. Tal vez el alcohol cure las heridas invisibles, aquellas que habitan en los cueros de nuestras venas, como vagones a 300 km/h, mientras la anatomía digital nos engulle. Rosenvinge se corona sobre las luciérnagas de un escenario y mezclo mi cuerpo con la soledad de la noche, que, caníbal, te lanza a la jauría. Las almas perdidas sobre butacones de terciopelo y el silencio de mi apellido con el resplandor litio de mi nombre. A grandes pecados: grandes capitales.

Reseña Maravilloso miedo de Javier Gallego Dueñas

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Maravilloso miedo , de Javier Gallego Dueñas Ediciones Liliputienses  Hay viajes que comienzan cuando dejamos atrás una ciudad y otros que empiezan mucho antes, en ese territorio movedizo de la memoria donde regresar significa también descubrirse. « Maravilloso miedo» , de Javier Gallego Dueñas, se construye precisamente desde ese desplazamiento: un viaje hacia una ciudad que acaba convirtiéndose en un viaje introspectivo. Poeta, reseñista, doctor en Sociología y docente, Gallego Dueñas articula un libro en el que la poesía está en permanente movimiento. Su voz avanza entre la oscuridad y la luz, entre la nostalgia y el presente, entre la experiencia íntima y la mirada crítica hacia una sociedad que, con frecuencia, parece haber convertido la vida en una sucesión de trámites. El poeta observa ese mundo y no se limita a describirlo: lo atraviesa. En sus páginas encontramos una prosa poética de ritmo dinámico, cargada de metáforas y salpicada de cierto surrealismo que permite que la ...