miércoles, 20 de marzo de 2019

Nuevo proyecto "La complejidad de Electra"

Qué paradoja recibir el día del padre (mi padre se llamaba José), el acuerdo de mi próxima publicación. De nuevo con Ediciones Torremozas, mi tercer libro con esta emblemática editorial. Un poemario totalmente distinto al anterior. Descarnado, humano y de sal en las heridas con el alargado séquito del legado familiar, religioso y de la escuela. El conflicto moral de la infidelidad, no sólo a los seres que amamos sino también a nuestros preceptos o ideales. La identidad femenina sobre los traumas generados por la represión y lo que ahora ya no es tabú, gracias al esfuerzo de las nuevas generaciones. Los conflictos maternos. El dilema del hijo por amar y odiar a la figura paterna del maltratador. La evolución de la mujer donde ya no es pecado amar sin compromiso.
Con citas de personas que admiro por muchas razones coronando cada poema.
Y exaltando la liberación de la argolla del pasado como un círculo vicioso.
Un poemario de la gente.
Accesible. En que muchos nos encontraremos reflejados.
"La complejidad de Electra"

martes, 19 de marzo de 2019

Amor vegano

El amor no viaja a las Vegas
en invierno.
Se queda pegado a la pleura.
A la piel de las uñas.
Con la descamación de los elefantes.
Quieto como un bulto
detrás de la oreja.
Porque de nuestra desventaja
hacemos el suficiente techo
para que la lluvia de los pájaros.
No cale la malla
que enreda tu cabello
con mis yeguas.
No importa si el ciprés
ha perdido sus piñas.
Y que la noche devore la blancura
de nuestros ojos.
Ya sabes que la descomposición
de las órbitas, el temor.
Y los bucles que nos asfixian
cicatrizan en la médula.
Pero te quiero así.
Más de lo que te imaginas.
Casa pared de tu vida.
Vida casa de mi pecho.
Pared de carga. Pilar.
Nuestros demonios
se besarán en la boca.
Y se quedarán sumisos
en la cocina.
Y ellos se aman. Y nunca se irán
a jugar al "blackjack"
dejando las cuencas vacías.

Ll.Ll.

Crónica trófica

Llegas del trabajo ojerosa,
que nada tiene que ver
con las ramas ni con las flores.
La axila, resguardo
en un pijama de franela. Mientras
recoges tus pedazos de cincuentona.
Y observas a la chica de Vodafone
que de ángel pasará a modelo
de cremas micóticas en sus pies de atleta.
Y susurras al caballo loco
que vive en la trastienda de tu mente.
Si vale la pena el destierro
de aquellos que te ignoran
igual que a una pastilla de jabón
en manos de un hombre sin garganta.
Duelen las palabras que se grapan
a los papeles sin sentido.
Pero después del aseo polaco
una aprende que en los centros comerciales
también existe la primavera.
Y qué no es más sabio el que lee o escribe.
Sino el que de sus sobras hace fiestas
detrás del cristal de los perdedores.
Una escupidera: tu rostro.
Para aquellos que creen ser mejores
que los muertos.
Sucia del cartón. Y marina de cuerdas.
La poesía también trabaja
en los suburbios.

Tv

Esta noche has cenado
el televisor con el tapete que vivía
bajo sus tripas.
Y desde el estómago han empezado
voces a retransmitir un partido.
En donde no se sabe si es un balón
o una cabeza sin cuerpo
la que rueda entre las piernas
de los jugadores.
El cerebro que habita afuera.
La música de lo inagotable
en el corto circuito de la palabra.
Tú observas las imágenes
y respiras el sabor a polilla
que se cuela por la tráquea.
En la azotea interna de las parabólicas
de devorar con los ojos todo lo que
comensal vierte en hora de ajuste.
Tragamos defecación
y noticias piratas.
Y nos olvidamos de las promesas
como peces en el agua.
Cuando del quejido digestivo
hacemos el acopio
de que la realidad existe

un programa más tarde.
Y el cambio empieza con la redención.

Rotala

Te has mirado al espejo de Venus
Y de café las pupilas
han florecido
de lo que va sucediendo en el transcurso.
Tu ala rota. Tu ala rota.
El veto descarnado
que lees en la retina.
Las invitaciones que nunca llegan.
A bodas de muertos.
Tu ala rota, ala. Rota.
El gato que ha cruzado el paso de cebra.
Una maraña de dedos con palomitas.
La testosterona volando libélula.
Miras en el pigmento
repaso del instante que arrebata
su ladrona de secuencias.
Tu ala rota, tu ala rota.
Te quedas en la ratonera.
Debajo del musgo.
Y prefieres leer en tus ojos
de púas del color del neumático
los eslabones que la vida sortea.
Con el gato que pasa.
Las palomitas por la moqueta después del festín.
Y esta ala rota.
Que te impide el vuelo.
Y te hace recordar el olor.
De la verdad excluyente.

Urgencias

Estás en la sala de urgencias
agazapado en una silla quitamiedos.
El hefor esparcido del almendro.
las caras monacales mirando
una televisión que corona
el redil de la enfermedad
de un plagio epidemiológico.
Quisieras sanarte.
Liberar la pústula de tu cerebro
de la costra palabra,
con la orden verbal que dicta:
"Avanza, cae, escribe,
escribe, escribe y recae"
Parar este vómito de poesía.
Y contar los muertos
que debajo de tus libros
descansan en pez.
Tu mar te come a mandatos.
La neurosis de los que somos prisioneros
de la animal expresión
de los átomos.
De las guerras.
De las injusticias.
De las bandas organizadas de poemas.
Y ciega, a bastón roto.
Ves la disgregación de la paradoja.
En este hospital, donde estamos un poquito idos.
Y aguardar el turno del leer parco.
De que existen poetas y razas distintas.

Avanzar, demoler, pisar, difamar.
No es escritura.
Escribir, escribir y escribir.
Lo hace todo el mundo.
Luchar es lo importante.
Palabra enferma de mujer poeta.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Reseña de El arca de Wislawa porJoan Pinardell.

Un poemario que en esencia es un encuentro de la poeta mallorquina con la gran poeta polaca Wislawa Szymborska, diálogo que tiene la función de búsqueda y de autoconocimiento a través de la confidencia, de reafirmación a través de la revelación, de constatación de que compartir un mismo universo poético, establece más allá del tiempo y del espacio, un canal espiritual de comunicación entre los seres humanos.
Joan Pinardell.
Poeta, pintor erudito y comunicador.
EL ARCA DE WISLAWA
Lluïsa Lladó
Editorial Torremozas

Wislawa me dio la mano
para que no me perdiera.
Ella pensó, otra que huye del Yeti
y cree en el ser humano,
y en la teoría de Darwin,
que colecciona convulsiva:
vivencias.
Demasiados viajes para una congénere
que gustó del pie izquierdo del zapato
y a otra que con salones rojos
es una Dorothy
con demasiados guardaespaldas.
Qué pena cuando un animal se extermina.
La decadencia del cabaré
y sus artes marciales.