martes, 12 de diciembre de 2017

Variedad

Cuando descubre
que el amor de una vida
deja de ser amor
deja de ser vida
uno nota la escarlatina
de las palabras
un taciturno césped
de jardinera de autopista
a las afueras con la prostitución
una barriga que cuelga
después del parto
con entuertos frente al vacío
se nota un país derrotado
ya que el alma
eso que dicen que pesa
lo que una hoja de María
no habita en el pecho
ni siquiera en el piso
de la tercera o cuarta costilla
está en el ombligo
cerca de las vísceras
y en la cara de un hombre
recién contratado.

Isla del devasto.
Volver a buscar o morir.
Por qué dejar de amar,
también, duele.

sábado, 9 de diciembre de 2017

El rey del rock ha muerto.

Llevas demasiado tiempo,
te has acostumbrado a
rodar por los pasillos y a
guarecerte sobre la tapa de un váter.

Escuchando las canciones, apaisamientos
de ritmos de moda para hacer que la felicidad
se mueva, el culo se mueva, la mano pague o reciba como en trueque apostólico
donde la mercancía es uno mismo, cretina servicial, el enquistar de sobrevivir en un centro comercial.
Foco tras hora, oferta tras semana.

Llevas demasiado tiempo, rata de escaparate, emulando a la cadena de montaña, con el jersey en la punta de la lengua. Con hilo de cabello de mujer que duerme con su máquina de coser.
En esta alcantarilla, los túneles rebosan estampitas, el pueblo se atropella uno con otro. El regalo: la fábula, el manjar, la restauración del Almax, de las revistas de famosos enseñando el lujo árbol como un exhibicionista de psicópata.

Demasiado tiempo en la caverna. El miedo escénico se ha apoderado de ti, padeces fobias y la terapia te palmea sobre la espalda. La tos no te abandona, y habrá que bendecirla.
El amigo invisible, más invisible que nunca.
Estoy cansada. Me duelen los callos, los gorriones vuelan dentro de poemas de Bécquer, o eran gaviotas, o buitres. Sí, ya sólo leo la próxima campaña.
No me acuerdo, creo que llevo demasiado tiempo en el barracón del sistema de un parque monoteísta.
Disculpad, mi atrevimiento, de soldadura sin fusilamiento.
El poema también te mata. Y son muchos de dependienta detrás del mostrador.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Fe-cal-es

Somos los ilustres borregos
que damos lana
a los que del sueño sacan beneficio.
Te sirven en copas la transferencia.
Y a través del cristal
vemos sus pulgares.

Aplastante hormiga defecada
de letra de imprenta viscosa.
Y si emborracharse
es un grado, para los elegidos
me quedo con mis escombros
con el olor a apnea y a cloaca

Qué prefiero la soledad de una piedra,
que el tumulto de los que hacen caja
con la fe cuadrada para poner
sus acciones.
Porque el pez pequeño
en el mundo silábico
de las resonancias.
Relame la escama al grande.
Abusos y en alto la justicia.
Pero, cuando asciende
cae ante los ojos de su pedestal.

Timada.
Acomplejada.
Moribunda y anfetamina.

Hay quién confunde un pulpo
con un calamar. Igual ocurre
con la poesía.

Déjame llorar esta noche escribiendo.
No me quedan más lagrimitas
de indignación.

Iros a la...

domingo, 3 de diciembre de 2017

Plas.

Ha terminado la jornada,
de los que triplican la tristeza
de los catálogos prisioneros en sus buzones.
Y aquí, me hallo
en la noche oscura del alma
regresando con las mujeres
que inventamos la necesidad
de comprar para ser felices.
Luciérnagas de la iluminación
con papel burbuja: Plas.

Plas, plas, plas.
Pompas y mi voz.
Una afonía combatiente
para los que no compran
y son vendidos.
Ramas de manos petrificadas.
La voz
Plas. Plas. Plas.

Porque yo no escribo para un hombre
pertenezco a la escoria
de mañanas dominicales con sirenas
en fábricas de juguetes en Oriente.
No escribo para un solo hombre.
Escribo por la rendición de las aves.
La sonrisa de mi madre.
Los niños de papel en los anuarios.
La bomba de la oferta y la demanda.
La maldita demanda.
Plas. Plas. Plas.

Las mujeres en calles de brea.
Y la noche.
El alma se trafica en páginas
de segunda mano.
Con tanto frío que los ojos
se nos han congelado
en este circo de joder al prójimo.

Es domingo, y qué.

Un átomo de tu bosque me saludó.

Esta mañana la calle despertaba con fragancias, procedían del llano.
Pino , algarrobo y resina
que en coral se manifestaron
y me vistieron de verde-búho.
Las esporas camparon
libres por las azoteas, los coches fríos,
la cara transeúnte
con el indulto de la ventolera
por despiste.

Y sembrada recogí la certeza
de que ya no todas las canciones
hacen llorar. Que el amor
se ha vuelto mercurio
y fluctúa según el decreto.

Los amores inmortales perecieron
de inanición; la colonia, la espuma de
todas las playas de porta retrato.

El olor fresco que te arrebata.
Y metes dentro como un sueño
anhelante de salir afuera
como las copas, los badenes,
cometas de caucho,
molinos felices
en la sintonía anarquista
de la ropa en el tendedero,
los flequillos, los ojos:
hemisferio a la tierra volátil

Esta mañana, estuviste a mi vera.
Y olías árbol. A madera verde.

Un día te añoro
como otro ya no sé tu nombre.
El viento y su cuerpo.
El viento
Sobrevino. Y se fue.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Muchos más.

Últimamente olvido los cumpleaños,
por el tiempo que conlleva al retraso
de derrocar el cuerpo
estrepitoso con la gangrena del cansancio.
Las fechas
ludópatas malabares dentro

de los bolsillos del cráneo.


Son los pies molidos, la boca pimienta,
el terraplén de una campaña
capitalista, con las piernas en capitel
de viernes para los negros.
Los negros augurios,
de la gente que sopla sus velas
en lavabos. Y el descuido
de las copas de vino en Lisboa
con la estrechez de las sombras.
El poder sentarse en embarcaderos
y pescar con las pupilas
las esperanzas tísicas
que no valen divisas. Que no fuman
y llevan canciones de jazz
para los enamorados de la fauna,
de los que carecen del brío
para con pasamontañas
reivindicar la no violencia.

Nos tienen acorbardados,
en un país de sólo mujeres
que miran al otro tiro independiente.
Del olvido de lo importante.
Del beso corcho.
De las manos tibias.
Del cumpleaños de los maestros
con el baile de las ganzúas.

Disculpad mi fracaso
tengo el corazón en hernia,
cerrado por inventario.
Y hace frío en el centro comercial.

martes, 21 de noviembre de 2017

La observación de los cuerpos celestes.

Y te quedas pasmada
en una hilaridad de segundos,
observando en el punto impreciso
el movimiento de los cuerpos
detrás de la persiana; sombras
a contraluz, en un baile sereno.

Parecen llamas alicaídas
de vela de sagrario.
Que no huele a cera.
Ni siquiera a incienso.
Del olor de aceite sofrito, expiatorio que
engalana la cocina.

Me quedo atrapada en el voyeurismo,
y sé que probablemente observada,
por los ojos-alimañas de la noche.

La noche cruzada. Y cromos porteadores
de historias. Y en el testimonio
de agitar a la cortina, como un ala
nacida de la espalda.

La gente vive.
En esta red social
de cuerpos de sombras
y del ojo-aniquila.