lunes, 24 de septiembre de 2018

Uli

Y Joyce se ha marchado
dejando a su musa en la barra libre.
De un club de stripper en la
carretera de Arizona.
Y se ha dejado los grifos abiertos,
las luces, las puertas
de un particular Titanic.

Joyce escribe de puta madre.
Tiene tinta para un par de sepias
Y es capaz de adoptar
las posturas mas inverosímiles.

Es un zorro hembra. Un principito que creció hasta la talla XL.
Y como siempre desapareció
del escenario sin remite.

Podría decir que no añoro a Joyce.
Que vivo mi vida
de gusano enredado en la telaraña.

Pero, él es inmenso, y se nota a faltar siempre el pedrusco que
compensa la diferencia horaria.

Le quiero y él lo sabe.
He aprendido a amar
dejando el espacio correcto de un par
de continentes.
Es mi mejor amigo
aunque a veces no nos saludemos en público.

La vida ha sido un poco venenosa
con nuestros corazones mustios.

Aprovecha el sol.
El helado.
Las botellas minúsculas de los geles de hotel.
La noche cabría.

Haz del rocío
la estación oriental de los cerezos.

Joyce escribe de puta madre
Pero, eso ya lo he dicho antes.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Neón y luces

He vestido de lunares
el trigal de tu tez
para llenar de pájaros
el vacío.

Y he inventado en un coche diésel
con mis ojos, los paisajes manchegos
de tragos ocres en una radio,
para ajardinar de trébol la tapicería
y la gitana luna que bebo de tu boca.

Qué el río trae el mercurio en sus sauces.
Qué de la mina los gatos rugen a las poleas.
Qué la mujer poeta lleva carga y dispara.
Qué el campo seco, santo y neto.

El amor en el retrete de una gasolinera.
Y la hoz en la mazorca
que ilumina la ciudad de mis piernas.

martes, 18 de septiembre de 2018

Aroy

El relámpago ha partido en dos
el árbol que habita enraizado en mi útero.
Que trepa salvaje por mis vértebras.

En la hora del grito.
De la estampida de las oraciones.
De la incisión a la púa.
De su tronco en que
ha salido la mujer de los marchitos pies.

Madre, me cuesta subir la montaña.
Y que la pendiente sea una "A" mayúscula.

Usted, me dice que aguante.
Pero el rayo ha quebrado el bosque.

Pedir sed si la garganta agua.
Sentar el árbol y mostrar
que el alimento hecho de cera
no colma.

Sí, ya sé que debíamos guardar la compostura.
Sonreír al martillo
que clavaba sus hierros a la madera.

Nunca decir cansancio.
Y subir la montaña.
Pero quizás en el suelo de la lluvia
no se noten las lágrimas.

Un rayo, anoche, cayó enfrente de mis ojos.
Me quedé un rato sentada mirando
la fragilidad humana.

La meta es no saber ni a dónde ir,
ni qué hacer.

El árbol ha caído.

lunes, 17 de septiembre de 2018

El rancho

Te imaginas un poema
a pecho descubierto.
Qué género ostentaría?
Sería macho, y sin pudor al cielo,
bailarín? O mujer, con la venda fría
para ocultar sus senos de soldado.
Sí, si fuese lo segundo antes que lo primero,
si el posterior
antepone a lo otro.
No será la voz leída igual
detrás de las veladuras.
Un gemido dentro de la gasa.

Cuando en realidad el poema no tiene sexo,
ni padre ni madre.
Es el fruto, la inundación, el mortuorio,
la peca, la infancia, el exilio, la tos y
el tullido.
La verdad de un ser sin miembros.
Nacido del amor para las personas
que cruzan los caminos de las autopistas.

Poemas neutros. En una clase
de chiquillos de cinco años, que
con diferentes alturas y volúmenes
marcan el orden sociológico.

Todos en fila india
colocados
por la inicial del apellido
sin la distinción de los sexos.
Hasta que un capullo
y no del rosal, dijo:
-Poned al poema a pecho descubierto.
Y empezó la revolución.

Canta al oído aquella canción portuguesa

Tenías que tomar un avión
hacia Oporto, pero el cansancio
ha mermado tus ansias de quemar el mundo.
Estás como una figura de Lladró
sosteniendo una regadera
con el esmalte barnizado
de reposar el alma
que a cachos pulula por el riego sanguíneo.

Oporto, debe ser una ciudad  fluvial
llena de recovecos con amantes
embriagados por el vino.

Pero, estoy inmóvil, viendo los acontecimientos.
Y si volar ya no te levanta de la silla.
Pobre diablo eres
con la necesidad de dormir.


domingo, 16 de septiembre de 2018

Lluvia ácida.

Intolerancia de tela al agua-azufre
que arrastra la suciedad de las bocas
de las fábricas.
Y que limpia la cara de los niños,
de patios rusos. Con el amonio
de las nubes germinadas.

El entorno que ladea.
Los lobos que padecen alopecia.
Y los niños que sacan la lengua
a una lluvia que entinta
la piel de soles enfermos.

He lavado la ropa. Pero el pecado
permanece ocre.
En fundas de móviles.
De besugos pintados en platos de feria.

Tan difícil es pedir amor
para el mudo
como arrojar el mismo a las ocas.

Excedente de amor.
Parquedad de besos.
Anzuelos en el corazón de los vivos.
Lluvia amarilla.
Y el demonio que se transformó en bolsas
de plástico.

Unas manos secas por falta de crema hidratante.
Y una espalda vacía de vértebras
por el abrazo nulo.

Llover no siempre calma al río.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Metadona

No sé la fórmula
de remendar los pedazos.
Quizás, un poco de lágrima de pegamento.
Rellenar los huecos de papel.
El recuerdo de cal igual que un maestro
japonés en una tarea milenaria,
aprendida en un tutorial de YouTube.

La falsedad de las apariencias.
El veneno de la palabra mojada en leche.
El amar al monstruo de la noche
y que se convierta en tu guía.
Los cangrejos alimentándose
de tus branquias.

El celo, la cola, la masa
para juntar lo que
jamás familiarmente
estuvo unido.