domingo, 12 de noviembre de 2017

Dar y recibir, no es sólo dar.

En ocasiones, el espíritu
precisa un pan.
La saciedad
de un simple afecto
que puede ser el mejor soldado
para las defensas, almenas de cal,
que nos protegen de los oscuros.

Del goteo, del pesamiento, del ir y el venir
de esta extraña agonía, que colma
el suelo de mi cocina con el agua
de fregar del cubo.

Duermo mal, y esta acidez mezclada
con temor no cesa en su contraataque.
Y eso se traduce en un libro de cansancios.
En el cuerpo oxidado. La cara henchida.
Un plomo, un beso de uranio.
Una toxicidad patente.
Un churro.
Un resquicio de resquicio.
Y ya lleva tiempo hincando
sus colmillos esta aparatosidad de
monstruo con efectos secundarios.
La tristeza.

En ocasiones, me gustaría un abrazo.
Y sentir que estás a mi vera,
cerca de estas ruinas de mujer.

Y dijeras:
-Todo saldrá bien.
No estás desterrada.
Ni enferma.

Y susurraras con olor a cerezas.

-Todo, todo saldrá bien.
Porque lucharemos juntos.

Pero, tengo noches.
Y noches en que despierto
con falta de aire, de raíz, de abrazos.
De verdad, faltada.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Vias crucis

A pesar del granizo y los soles
cohibiendo a las azoteas.
En mi fracaso de lentes
y la atrofia del camino en GPRS.
Tú, en el andén, tú en la soga.
Siempre estás esperando que
como el vencejo regrese
con las manos, frutas de los punzones.
Para alimentar este destierro de barro,
y acompañar a la sombra
entre los abedules de fotografías
y una bola de cristal hecha añicos.

Tú, el más, tú el menos.
De enredaderas de cables,
pinzas que guardan los secretos
que mi lengua purga.

Lisiada del yermo de los maniquíes.
Con las horas cansadas.
Y los pies, gigantes que no caben
en los zapatos.

Y amor, que es lo que sienten.
Los sarpullidos.
Las coces.
Una bioquímica malsana.
Tú capitán, trinchera.
El amor, mi único.

martes, 7 de noviembre de 2017

Esthorninos

I

Los invocaba, cómo un bien necesario.

II


Tarde dominical, y el estruendo
fue de violines descorazonados.

III

La ventana entreabierta anunció su llegada,
algarabía de trinos,
ensordecedora banda de pájaros
que colmaron de bienestar
esa parte intederminada del ánima.

Los estorninos habían aterrizado.

Por fin el invierno
consentido, había hecho
acto de presencia.

El invierno de impuntualidad.
Los estorninos, orgía de formas
proclamando su bienvenida.

IV

En el Mediterráneo, de mi infancia
los estorninos preceden al frío.

Este año ha sido angosto.
El calor nauseabundo
no les avisaba del retorno.

En Praga, son los cuervos
los que avistan las nieves.

Me lo afirmó él. Yo no lo sé.

Lo importante es que han arribado.
Y tengo la paz del moribundo.

Porque echo de menos
la infancia esthornina de los pájaros.



domingo, 5 de noviembre de 2017

Síndrome de abstinencia

Ser la pareja de una adicta
no es fácil, y aunque no consuma
el poso en momentos difíciles
se revuelve entre sus tripas.

Él, me dijo, de bueno tonto.
Y en la abnegada beatificación
reconozco que no me porto bien,
en ocasiones.
Ocasiones azules
o bergamotas.

Soy poeta, sí, es el diagnóstico
parricida, de una neutralidad de extremos.
Llevo un tiempo enferma
y lejos de culpar al mundo,
estrecho el cerco de las probabilidades
que originan este estado disidente.

La adrenalina, forma parte de mi equipo,
y a veces cariño, me aburre la parsimonia
de las horas. Sé que no coincidimos
en nuestras labores. Pero, te prometo
que eres mi única familia. Por eso perezco
en coles de Bruselas, cuando no estoy
en la lista de la compra.

Sé que no soy fácil de leer, que las palmas
de mis manos tiene varias carreteras y
puentes. Necesito retos, continentes por
conquistar y tu torso cubriéndome
el miedo.
Soy déspota. Te pido perdón como yo te
absuelvo de tu "infedilidad".
Mientras tomo media anfetamina blanca.
Logré desengancharme
y ahora que la rutina me corroe
la ha traído el otoño a mi estómago.

Demasiados labios partidos.
Fisura de costilla.
Degeneración mácula por un ring.

g
O
t
A caída del techo.
Asco contra el suelo.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Carta al tejo.

Querido amigo poeta:

Sabe usted de los farolillos
que prenden y alzan el vuelo,
sobre el agua. Así es mi alegría
el dicernir por sus correrías y desembarcos.

En este insano país, la locura discurre

por los tejados. Y ahora la política está
de moda, y la moda está pasada de.

Le echo a faltar. Como el pico del carpintero
a su árbol. A veces paso por lo que fue su casa o nave. Y de reojo revivo
la insolencia de qué me amó
más como amiga que a ninguna.
Los dos sufrimos la niñez aterradora.
Y padecemos cuadros de ansiedad
que ningún museo ostentaría.

Le deseo tanto la buena estrella.
Qué observando su júbilo,
creo firmemente que el perdón

es el tesoro más apreciado.

Con más cansancio que tinta.
Que las estrellas le den el cobijo necesario.
Que arda cuerpos.
Que halle el trozo de paz en tierra.
No sea obstinado, y escriba
en este tiempo un poema.
Que las plantas si no se riegan,
mueren.

Un abrazo, la amiga que habla sola.

A espaldas de Damocles.

He creído en ti, con todo mi firmamento.
Eresmuyimportanteenelecosistema.
De mi casa.
He confiado en la presa,
en el prado. En tus aconteceres
de luces fluorescentes.
Te he cuidado en la agonía
del renacer nuevo de tu propia piel.

Si me amas. Que no lo haces.
No impongas reglas
a una salvaje poética.
El viento.
El viento.
El viento.
Recorre pululante
entre las estrofas.
Voy a partir de viaje.
De normas estoy hasta,
la abdicación de las hemorroides.

El viento. Silba dentro de mi pecho.
Soysalvajepoeticaacelerada.
No ates lo indescifrable.
En la sencillez de los geranios.
Te amo. Pero tú me tratas como
a un mueble viejo. Qué vive
en el último piso y no hay ascensor.

El viento.
Puede.
Y tú serás un muro derribado.

viernes, 3 de noviembre de 2017

SecreTOciones.

Soy un hombre ahogado,
y en un desafío a la medicación,

no tomé la cortisona prescrita.
Tengo que izar mi sistema
inmunitario. Y desintoxicar
los órganos alternos.
El hígado está como un pantano
en una riada. Y escucho al
corazón sin límites de velocidad.
Este hombre escribiente
está seco, se enjambra
en sus rizomas, epopeya e
inhaladores.
No puede cruzar una calle,
la calle es falsa y se convierte
en una sierra, que corta el
hálito. Fatiga, náuseas
y huesos de caramelo.
Nostalgia de Byron.
Pulmonosis de Kafka.
Entereza de alienígenas
en un cuerpo, campo de concentración
 de hombre desnudo.

En la radiografía
el tumulto en decadencia.
Pero nunca ven la flor marchita
de morir por amor.
Costilla arriba.
Tosferina abajo.