jueves, 19 de julio de 2018

Ironía a raudales

Esta noche, la temática del poema
trata de los amores antiguos,
antidisturbios de la memoria.

Que igual que una mancha de nacimiento.
No desaparecen ni con aguas calientes.
Ni lima ni lija, ni nada.
Se pasan el día dando golpes al muro
de su espejo. Porque aunque nombres
a siete hortalizas.
Piensan que en vez de berenjena
quisimos decir ven ajena, o ajeno mío.
Al corazón de este extraviado mero,
memo o merma.
Qué si alguien quiere estar con alguien
lo está realmente.
Lo otro, sucedáneos.
Trufas a destiempo.
Luto, morado berenjena.
Patetismo cansino
de que las canciones nos unen...,
de que si un verso de Neruda me mata.

En ego satélite dando comba.
Gravilla golpeando a los cristales
de una casa que te dejó a las afueras.

Creatininas.
Proteinarices
Y carbonos o cara bobas.
Que se consuelan en el estribillo
de verbena de Molinos
de agua pasada que no bebe nadie.

Ya se sabe: en el taller del herrero
los fantasmas y los clavos.
Y mientras haya quién viva de los sueños,

Quijote y Dulcinea no dejarán jamás de existir.

domingo, 15 de julio de 2018

Grutas

Si esta noche, el cuerpo se zanja
con el paso de la hormiga
entre nuestras quimeras.
Que tu mano sea mi pilar,
el gancho que aguante
los dedos, libres de cargas y anillos.
Palomas de carne estrella
que en la oscuridad ascienden
a la cima
de sentir el nido portuario.
De la soledad pintada de alquitrán
y el hormigueo
de que siempre velará el uno por el otro.

Da igual si la riada nos engulle.
Si el sol quema sin permiso.
Si la hormiga come las manos cruzadas
al litigio de tu cuerpo.
Cómo un árbol extraviado.
Pero, con la fuerza tanque de los que aprendimos a levantar el miedo.
Volamos azores a nuestro instinto.
De proteger.
De cazar.
De asir hasta que aprendas a volar.
Y entonces yo me iré con la bruma.
Moteada con las hormigas
que nos ahuecaron cavernas por dentro.

Somos lo que comemos

Odioses capitalistas que adulteran el agua.
Veneno aditivo,
que nuestras madres
atrincheran en su grasa materna sagrada
para que de su materia
el dinero se transforme en enfermedad.

Merodeando en la fruta
igual que moscas dentro de su carne.
Las viajantes se instalan
en tiendas de campaña
sobre nuestros organismos.

Y de qué sirve este folleto de letras.
Si el dolor se disfraza de almendra
y como una china cruza el cristal
de nuestros ojos.

Y te da una pena epidemia.
Y las ranas lloran.
Y la palabrita biopsia
abre la veda a un campo de concentración

tan común que nadie puede remediar el ocaso.

El miedo con pantalón de campana.
Toca a la puerta del corazón.

Te quiero madre.

Pez espada

El poema pez renacuajo de agua
que fuera de ella se vence
en espasmos para vol-ver-de
su estado líquido.

Entre las manos
escurridizo y con los ojos grises
sacado de su libro
se muestra indefenso al mundo.

Quizás una frase, no sea más
que pulpa en la boca.

Y llenamos de pececitos de colores
las pantallas de la cotidianeidad selvática.

Lunares, manchilampas, atrapasueños,
cobayas del pensar, crías
que necesitan su establecido tamaño
para que no caigan
en la efímera veneración.

Pescar, para la demagogia.
Leer de cabo a rabo.
Sí, gracias.

Escurrir el bulto

No creo, que sea los más propicio
dejar el bulto en la vía.
Así el alma acometida es
por los infortunios, exiliados de patera.
Que se sienta frente a la adversidad.
Colocada. Inmóvil por el miedo.

Oyes cómo se acerca la locomotora.
Y deseas que no te suceda nada excepto.
A veces te deslomas para levantar
al que tropieza. Hasta la extenuación.
Y te acabas rindiendo
porque hay quien le gusta habitar
en medio de la vía del tren.
No levanta los brazos nunca al sol.
Cose las piernas al hierro.
Y aguarda con la quietud el percance.

Me duelen los brazos de sostener.
De bregar el aire.
De silbar más alto que la sirena
de los pasos a nivel.
Del grillo aventurando la quiromancia.

El problema es cuando te quedas fría
delante del bulto.
Y los dos sois arrollados por la desesperanza.

miércoles, 11 de julio de 2018

Vence Jones

Los vencejos, acróbatas,
vuelan convulsos
y perpleja observo
cómo frenéticos crean un
ovillo imaginario.

Su trino punzante.
Rompe el paso.
Y no puedo evitar
que su tumulto aéreo.
Me recuerde a un grupo de adolescentes
bajo el influjo del Red Bull
y las hormonas en un Macroconcierto.

Qué peculiaridad la de no poder tomar tierra.
Así me lo explicaron...
Un poeta también es esclavo
de la neurosis de la escritura.
Necesita manchar hojas
con el hábito
de no poder poner los pies en el suelo.

Pequeñas patas
para unas extremidades muy extensas.
Libros en pleno vuelo.

Y llegar al descanso.
Igual que los vencejos toxicómanos.

Todos caóticos.
Desnudos de palabras.

Evitando la caída.
Porque remontar para los que dormimos
en el cielo.

Se hace crudo y ocre.
Rebotando.
La muerte con la vida.
Los vencejos, acróbatas,
poetas de la esquizofrenia heredada.

sábado, 7 de julio de 2018

Bochornoso

Extraño trabajo
el del mes de Julio.
Con su desertización
en las gargantas de la gente.
Sol a partes y dos de agua
en piscina municipal
o en un hotel de estrellas a pares.
Hace tanto sofoco. Que el verano
nació para los que invocan al infierno.
Para los enamorados de la parrilla.
Exhibición de un país
que alimenta a los televisores
de rifirrafes a mandato.
Y escuece la quemadura.
Y sin aire acondicionado
no se obtiene el cielo.
Pero, embadurnados de sudamina
anhelamos la mano helada del invierno.

Como guisantes que cayeron
de su paquete en los congelados.