domingo, 17 de septiembre de 2017

Lapes-te

Cuando se transita
en la invisibilidad
más absoluta, semejante
a la de un muerto. Y se aísla
al ser humano, transformando
al espejo en un leproso.
Y no estás enfermo
pero te convierten en el insano,
un parche de la rueda de bicicleta,
y tú sólo querías volar con el Concorde;
soñando un compromiso con un banquero
y trabajar de azafata desde niña, porque
ellas siempre han sido bellezones
vestidas de Nancy, como si fueran ángeles
en el cielo para morir con santos y aparición.

Morir cerca de la belleza. Qué importa la culpa.
Pero, erraste. El fútbol cotiza más en bolsa
debajo de los ojos del poema que rifa,
el rastro del rímel corrido.

Te matan y no te das cuenta.
Y aún quieren tener razón
mientras usan gasas para tocar tu ánimo.
Y es que no hay peor muerte
que la del pez con acera equivocada.
El parado.
Al dinero libertador. 
Y no sé que más venéreas capitalistas
entre guantes de goma
y mascarillas por si el próximo que va a la calle
eres tú y no otro.
La suerte como el amor es
ciega y tiene su gallina para el sacrificio.
Gracias.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Trapoestético

Un poeta nunca debe
confeccionar poemas a medida.
Debe ser crudo carne
y combustionar con el aliento
de los días de la semana.
En ocasiones, se nubla la propia estrella,
y se abre en canal.
Con su negrez perforada.

Los poetas, mendigos.
Los poetas, lápidas.
Los poetas en carbono.
En tila. En arcadas.
En vestigio. En bomba de racimo.

Oficio sin sustento
cayendo en los diques
de un mar de ríos,
ríos de salamandras.
De ahogadillas a las conversaciones.
Y remar para resolver
la aritmética de cada una
de las treguas.
Después del yeso fuera de la rotura.
Del vino de olor en vaso.
La humareda.
El tanque.
La fragua.
Un refresco, una hogaza y una mujer
nueva como tantas lunas
caben en la centrífuga  y otra sed de espermatozoides.

jueves, 7 de septiembre de 2017

El hombre de Redón.

He contado las lunas que habitan
en tus ojos, ojos de Júpiter.
Y en ellas ha florecido
la mañana de las máquinas
de coser, lo que lleva el repunte
de mi corazón de trapo.

Eres un hombre
que tiene en sus manos los desiertos
más plagados de vida. Mi compañero
de color colibrí, de beso petirrojo.
El espejo de la espalda,
donde nadan los delfines.

Hombre de libros y fetiches.
De navas y jazmines.
Del lodo hecho casa.
Mi casa, mi refugio.
Del nido de las culebras.
Mi pareja de ases y cruces, de noveles
impares, del renacer
de las amapolas
en las vísceras.

Otoño, serrín de especias,

amor lúdico de transeúnte.

Te quiero. Sin filtros ni posturas.
Te quiero en horas de vigía.
Sin anillas de palomo, ni certificado de empresa.

Como la desnudez.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Resin-a-cciones

“Estás triste, es cierto, pero tú no eres tristeza, tú eres alegría y serenidad y paz. No mires sólo un aspecto de ti misma, un accidente de tu propia substancia; tú eres todas las cosas juntas, y el mar y las estrellas y las rosas se anuncian en ti. No mires tu miseria, no te complazcas en ella; hazla a un lado, apártala, y cultiva lo que todos tenemos en divinidad adentro.”

Jaime Sabines.

El olor inconfundible del Avecrem se cuela por la ventana, mientras escucho,
la danza que emite la lavadora con un bolero
de sus correrías. Hace tiempo que te largaste.
Tan largo como un teorema
sin resolver; pusiste la pajarería
en venta, con todas tus eyaculaciones,
con tus sagrarios,
las motas y los motes
de los incautos que creyeron
poder meter al cosmos en un bote
de aceitunas.

El Avecrem en forma de neblina
levita con mis divagaciones,
y el programa de lavado
ha cambiado el ritmo.

Sé que eres feliz. Que ganaste un premio
al tedio, y que te han nacido
botones en la azotea de tu cabeza.

Porque no hablas.
Mudo espías.
Y nunca en-tablas con tu pasado
una triste palabra de cuerdas.

Y me alegro, como el vaivén
de la lavadora, y lo que diablos sabrá
que cocina la del piso adyacente.

Porque tú no hablas.
Y sólo lo hacías
cuando te iban mal las apuestas del juego,
y te aburrías entre saltamontes.

Tufo de sopa de sobre.
Fin del ciclo de lavado.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Hartrosis

Te crees hecho de estaño,
y que todopoderoso aplacar el musgo es pisar bosques.
Que medrar el dolor se esconde en fundas de gafas y los cartílagos auxilian el peso
de las vivencias. Ellos lo acallan,
a cambio de hueso, de sombra,
de hienas que roen
cada pilar de esta casa llamada cuerpo,
saco de almatruces,
de dientes de leche,
de veneno bordado
en el dobladillo de las esquinas.

Te crees invencible, y la fustigación
de los que te buscan bajo tierra
pasa factura, y quiebra,
y rompe, y rasga
la "y" griega que fue un día
un pájaro bajo la hipófisis.

Me rompo. El embiste acontece.
Como una poema mal escrito
dentro de una bolsa
negra,
de plástico yyyyyyyyyyyy.

Nostálgica de los que ya no están vivos.

Ves como pasa la vida
igual que el ruido de los charcos
atravesados por las ruedas de un auto.

Su sonido cortante en esta noche,
divagación de una calle sin ratas,
con los alguaciles lumínicos,
y las ventanas de bocas calladas.

Vigías de este cansancio sobre el sofá,
la lluvia lacerando la atmósfera.

Y en el reloj, los niños que ya han crecido
y los que se fueron que nunca descansan
en el peaje del tráfico
generacional a la hora en que cerramos
la mirada al techo.

La costilla, la lumbre
y la tierra bajo las uñas.

domingo, 27 de agosto de 2017

Simone ou est?

Las hembras poetas no somos muñecas recortables, a nosotras se nos han adjudicado por decreto el patetismo de las sirenas y otras locuciones latinas, se nos ha negado la entrada a la disco y tenemos que alardear con mayores piruetas. Que si me pongo de luna. Que si el zafiro me parte. Que si debemos membrillo. No puedes ser la muerta en la obra, pues, el menester acorde a nuestras precedentes femeninas es llenarnos la boca de capullos y abonar con flores nuestros poemas. Cuando somos guerra y nos hicieron creer que las princesas riman con vertedero. Hasta cuándo de encadenar el verso y decir que el combate no entiende al pulso. Escritoras que con cola de pez fueron la cena a tantos siglos de silencio. Ladro y escribo. Mi oficio es el poeta para el hambre, cuál es el suyo...