domingo, 13 de octubre de 2019

Existen ciudades con pájaros al amanecer

Amanece necio el día
en esta ciudad que me enamoró,
porque al despertar
los pájaros afilando sus cuerdas
trinan como una lluvia acústica
a techos y aleros.
El café aguado y los dioses que descansan,
al dormir aún la política
en sábanas estériles. Y algún perro
paseando a su dueño legañoso
después de la incontinencia.
Esta tierra me gusta.
Así, sin más retortijones de frase.
Castellón me ha dado la calma morfina
a pesar de las bestias que circunvalan
cada rótula, codo y vértebra
de mi cuerpo.
Planicie naranja, cuna de la hija abandonada por su madre.
Flauta de la tos y guitarra de feria.
Aunque la pólvora me haga estornudar
y eche de menos el azul y mis tripas mancas.

Se oyen los pájaros
y a veces me pregunto que si es un buen lugar
para yacer después de la carta de ajuste.
Porque no respirar
donde te repudiaron.
Es el réquiem mijo en la espina de una garganta.
Y aunque sea una falacia
por un segundo pienso que existe mi casa
y me abrazan mis hijos
con el canto
de los pájaros.

Hermetismo

Deambulo por el laberinto que se forma
entre los espacios de las palabras.
Y en su recorrido
un gabinete de hechos
pueden hacer que frene o acelere.
Las ventanas bostezan.
Y la calle parece un leopardo
que según la disposición de las farolas
dan color a su pelaje felino.
Viernes de vueltas de faldas
y un transeúnte. Televisiones
que conforman una galaxia
de edificios con gas ciudad
intentando topar la senda
que guíe a la salida.
En este mundo de lunas y ludópatas,
para descubrir que quizás habitar el verso,
aunque ignoremos la dirección correcta,
es un vicio. Y confesar no exculpa
de cerrar los puños
al entrar en otra sala. Y terminar
el poema con vistas al Mercadona
sentada en un banquillo
para ser juzgada por los árboles
que apuestan sus hojas.
Los cristales de los coches,
reflejo del ayer
para repetir la ruta.
Y subir donde se baja
como un yoyó hiperactivo
para alimentar al ego
Y ser un poeta con cabeza taurina
privando la libertad de su alma.
En un galimatías del lenguaje
de sordidez y bicicletas
con hamburguesas pedidas por móvil
de piernas humanas.
Perdidos andamos
con la conciencia de los otros.
El único golpe
al laberinto de los muros de metacrilato.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Mero, chanquetes y merluzas

Has notado alguna vez
como la falta de aire te llena de peces la tripa.
Peces que empiezan a chapotear
en el agua de la pesadumbre
y salpicados los ojos de su eco
lloran escamas.
Qué sentirán los maniquíes
de las avenidas
con sus sexos negados.
Y cabezas de distintos sombreros.
Qué debe rondar sentido
en su óvalo de caucho.
Lo sé o lo presiento...
Nueces que parieron leche para otra lengua.
El vacío.
De un árbol cobijo de luces
para encender el camino
de los clubes de carretera.
Supongo que el dolor
con piernas y brazos.
Cuando la ginebra ya no visita tu casa.
Y te quedas tan inmóvil con tu traje.
Que un pájaro a rayas se posa en tu seno.
Y los peces ahuecan
para que al apretar los pulmones
se queden atrapados
en la red alguacil,
hasta morir con la opacidad de sus ojos.

Entonces sobreviene
el ahogo musgo
Y tiemblo hoja sin mover la brújula
del sufrimiento río
en el escaparate que da a la esquina.

Como una muñeca de trapo o un pez.

El duelo de los sauces verdes.

He vaciado los bolsillos
con la intención de encontrar
la llave para abrir el corazón
de las personas que comparten mi sangre
en un cubo de Kubrick,
que por muchas vueltas
de que disponga el artilugio
la cara azul del consuelo no se observa.

Una llave que en vez de abrir
aprieta el diálogo en un "no" rotundo.
Tú que planchas los montes.
Y saltas las acequias al esquivo.
Que eres capaz de cortar con una mano
el horizonte y huir simplemente
cerrando la vista.
Te has dado la vuelta entera.
La piel al revés desafiando a la lluvia.
Porque jamás llueve del barro al limbo.
Ni las vértebras ven el color de la butaca
en que se acomodan.
En esta araña que rodea con su cable negro.
Capaz de oler mi pesar y no entender
ni con Google Traductor que
el rencor aniquila y que de su semillero
noches de insomnio nacen
con fantasmas sonámbulos.
Todo lo material tiene una cerradura.
En cambio, los niños no volverán a ser niños.
Ni recuperaremos los otoños
sin aparcamiento.
Desangrarse a través de las palabras
y llorar la propia muerte
para los que nunca me quisieron
en su barca.

Secuelas

Las excavaciones no se tratan
de recobrar a la vida
antiguos amores. Su misión
es similar a la de una manzana y un gusano.
Siempre gana la flexibilidad.
El hambre frente a la irresistible estática.
Por esta razón cuando en tardes de domingo
agujereo el papel
con la poesía, no distingo
si una víctima adolece en mis escritos
con su cuerpo silueteado por la tiza;
o llueve en el cajón o se asemeja
a un flujo vaginal que mi cerebro supura.
Entre un vergel de tendones
Y libros neonatales
que sobre mi torso dormirán
en la noche de los demonios.
Arañar la tierra con manos campesinas
hasta la uve
de los que escribimos para respirar
bajo el agua.

domingo, 6 de octubre de 2019

Muecología

Los domingos por la mañana
saco a pasear
mis bolsas hartas de plásticos,
que se estrellan en el contenedor del reciclaje.
Minuciosamente los separo
y creo que con el lanzamiento
éstos deberían llevar una palabra, un título.
El algo de no sé qué...
Son semillas contemporáneas
de tardes de café
con el sol a rayas tras la ventana.
De botellas dispares
que han regido un minuto de la vida.
El tiempo que sí se quema...

Olvido en su maraña de tanque
para que en una planta industrial
de monos verdes
los trituren con resonancia de música.

Esta tarde me quedé mirando un brick de leche
por si podía escuchar las voces
que en un ayer bebieron de su matriz.
Parece la búsqueda de un latido muerto.
E imagino una casa de macetas
y ángeles colgados de los armarios
de su extracto aluminio.

Prefiero elegir el amor de una sala
donde servían  primero a los débiles y luego
a los de bondadosa luz con niños y caniche.
Porque de mis materiales
el silencio ha hecho mella
y ya no recuerdan el tronco
de dónde sobrevivieron.

Cómo cambia un objeto
según su significado.
Una joya no puede competir con una lata.
Pero yo creo que en lo reparado
salvamos a alguien.
Al planeta, a ti
o a esta mujer que delante del espejo
agoniza con selfis.

Completo por explotación

Repites en exceso
el vestido de aligerar
las causas. Tienes un corazón
de fogueo y la poesía
que lavada en agua caliente
puede sonar a trompeta los jueves.
Y los viernes a violín.
Tú quieres asistir a todos los acentos
de presentación y plancha
pero no puedes ni subida a un trono
honrar a aquellos que siempre te han
valorado. Y hasta a su modo querido.
Qué no es un amante, pero, suena a triángulo.
Las horas se convierten en espuma de pelo.
Y la noche cada día
alarga su kimono negro
con un otoño que parece el asador de pollos
del Evaristo Club Bar.
Perdonad mi silencio
el cansancio tiene la lengua corta.
Y no puedo estirar la piedra
que condiciona mi holgura.
Tal vez el amor zapato en estanque.
Con la ternura anticuada del que trabaja.
Y estudia como una mema estadística.
Los pies de pasta. De dientes de hoja.
Y una voz rompiendo la calle
en un coche red y lento
igual que un poeta sin viagra:

-El afilador ha llegado a la ciudad.