martes, 22 de agosto de 2017

Cirrosis

Cazar nubes, y guardarlas en adobo. Son así los pequeños deseos. Salar con las lágrimas al sol, y tricotar el verso para alcanzar el abrazo, la bufanda amarilla de muecas. De lengua de boca. De posadera sobre la hierba. De libro sin tomo. De cuerpo sin latido. Cómo tanta fe puede albergar este tórax y rendir tributo al mármol. A la lápida esculpida de una jaula sin puertas. Cazar nubes y depositar sus cabezas como trofeos en las paredes de la calle. Nubes anestesia, nubes rechonchas, nubes de oxidación, de llaveros y de barrigas. Nube que tapa al sol...Merece tanto escarnio si al final detrás de las piedras ni las arañas, ni los escorpiones, ni las larvas, habitan. Nube. Tras nube. Un día me perderás y te darás cuenta de que no era una nube. Una alucinación. Era yo y todo un cielo de artificio para la grava y poco más.

Lluïsa Lladó.

domingo, 20 de agosto de 2017

H

La belleza en tiempo de locura,
con las máquinas apretando los sueños
como si de una tuerca se tratara
en el centro de nuestra frente,
aliviando el dolor con fármacos,
para mentir a la indigencia de un bienestar con truco,
el número primo de la amistad indivisible,
la educación de saldo,
los soldados tras los cristales,
los niños, los gatos, los abuelos,
ollas incendiarias en las noches de frío,
y el silencio, ante el deshielo
de una colina que nos separa.

Siempre he pensado que los ojos
del animal herido, frente a la reja
que lo separa del mundo.

Encierran el odio de las flores.

Ll.Ll.

martes, 15 de agosto de 2017

Aprender a bailar.

Tengo los brazos de fuego de la peregrinacion,
y en este encuentro, he sopesado
cada uno de los arrecifes. Serà menester u oficio
a que desempenyar de martillo duele tanto
como ser el clavo, y en ocasiones
la receta no funciona. Tal vez la pasion
siempre presente litigios con lo inerte,
la falta de destreza de los pies en el baile
pero el amante en su discurso,
debe recordar que una palabra vil
quedara inscrita en los muros de estas ruinas.

Y existen diferencias, lesiones en los tobillos,
indiscretas torceduras,
malignas metidas de pata.
Un soso altavoz que los danzarines de la experiencia
descubriran en multitud de ensayos.

Caminando sobre adoquines, y capiteles
sintiendo que los ojos luna trasmiten la embriaguez de una urbe poderosa,
para otorgar a los suyos el peso de lo necesario.

Roma, como un hotel de carretera,
afinando las notas del desconcierto.

Y una apuesta, y la luz entre las rendijas del aseo.
Que ganar supuso caer en infinidad de veces.
Que todos los caminos conducen

hacia donde apuntan los pasos.

Y ese camino eres tu.

Centuriona.

En Roma  los taxistas cantan operetas
mientras conducen, y las piedras sostienen
a las mismas piedras que otras manos dispusieron
entre amos y esclavos, entre uva y ricino.

La cosmopolita ciudad, que contrasta con la humedad veneciana,
porque aqui el fragor del sol te cuece,
te cuece cada uno de los filamentos
hasta convertirte en estatua.

Cae la solana y en la deseperacion nos guarecemos
en la sombra proyectada de las farolas, sorteando carromatos que ofrecen
bebida a precio de ruedas. Pero, Roma, ardiendo,
y de fisuras te da de comer de su buche,
alimentada loba que nos estimula,
como gladiadores en sesiones de rayos ultravioleta
a morder la arena, y a descubrir
que el amor es el primer latido
que acontece enredado de hiedra.

El coliseo abarrotado.
Y aun escucho la jarana del martir.
Para acabar llena de vida
despues de dar muerte al verano.

Lluisa Llado.

domingo, 13 de agosto de 2017

Lánguida

Algunas personas nacieron
para volar, son libélulas que ejercen
de ave rapaz en los estanques.
Observan la quietud de los árboles
como los peatones entre señales
de tráfico y edificios petrificados
en cadenas montañosas.
La tristeza les hace crecer alas,
y cazan sin la necesidad de aterrizar
en tierra. Soñar diría el maestro,
la imaginación de cantera.

A la libélula la tristeza
le hace crecer alas, y vuela,
y caza al vuelo. Sabe que una burbuja
en una ola no significa el mar.
Para qué la fe nómada.

En gente. En diversidad de albufera.
El coleteo y el zumbido
de las máquinas.
El color trasvestido
de sus extremidades.
No te engañes parece una ninfa
pero es un código de barras
de ronda y depreda
como todas las personas
que les fue robado
el corazón con una cuchara.

viernes, 11 de agosto de 2017

Alicates

Cuando uno marcha un bulo
puede resultar un bonito vestido,
la añoranza que lleva estampada
la elocuencia. De que en mi caso si que
le echaremos de menos, las múltiples personalidades, mi cicatriz, la cuenca de los ojos. La mano que huele a su sexo, mi sexo que muerde y maulla.
En pintar de rojo los labios a la tristeza,
en llenar de agua lo diques, los barreños en tarde de verano
y separar dos cuerpos como un muñeco
que le arrancan su cabeza.
En campos de regadío, poner cemento a los zapatos. En soltar la cometa y aguardar disfrazada de gata, qué los pájaros no se coman las vísceras y que la espera
sea azucarada. Como una gata sin alicates en la primera acera hacia el infierno.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sol

Esta noche he soñado
que compraba una casa.
Y lo que más me impresionó
fue que desde el balcón, el mar
con un enorme sol lucía
y fue tan grata la sorpresa
que sentí un gran alivio y una paz
de dormida. Qué hace muchísimo tiempo
no sé si existe.