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Mostrando las entradas etiquetadas como Aves.

El cuco sobre el tejado verde.

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Voraz la vida del ánade que calza zapatos para ayudar  a las tareas  domésticas  del olvido. La tormenta ha arreciado y el trueno, no fue más que eso, una cascada nuez que rompió la nube. Sé que al otro lado la esperanza se refugia  sobre un sofá y libros imperfectos. Sé que ella me aguarda como yo le escribo,  poemas de tranvías  que viajarán a través de los ojos. Tengo el pétalo sembrado y pequeñas rimas de amor que gestan entre los juncos. Que esta primavera distingue el sonido del jilguero, y que mis manos abiertas compiten con cántaros que oyen cerca de la gente la obediencia a la ley de los olmos, para correr entre tus brazos, compañero, y hacer pañuelos de nuestro pasado, boca a boca, jarro a jarro, una noria  que recibe y entrega, una espera  dichosa notando como la impaciencia del deseo que me resucita.                    Los amantes. René Magritte.

Ventisca.

Los flamencos en los estanques, por favor, que no luzcan disecados; ni unidos sus flexos  en una peculiar cabeza sin bombilla. Tejida maraña en salmón corriente  y eléctrica. El ave zancuda tiene aire, porque son aire en circunvalación  las cosas raquíticas de los mondadientes. Por eso viento tu penacho cera, manoseo sin pudor las hojas de tu poblado gladiador, de la mirada al árbol de la mora. atravesando tu figura, peino el arco de tu ceja, y ya no esquivo el recambio de pluma que perfora gusano, mi  corazón de madeja con las botellas sin rosca expulsando el secreto gaseoso. Aire, vente  que los flamencos son ramas que nacen de dentro de la tierra, aire, desaire y pugna. Me gusta verte sobre nube  y acariciar, sin tocar, tu voz. Qué bonitas son las fotos, de tu cuerpo desnudo, con el pico cuervo de tu sexo en el momento que cierro los ojos y pienso que soy agua. Ahora ellos tranquilos duermen,  y mañana ya será...

La despedida.

Abrí las manos como una niña desprovista de calcio lanzando mendrugos en un acto irrevocable a los cisnes de Darío. Quedándose desnudas, desnudas de su máscara, de su cuerpo de Atenas. Mirilla en el clavo de su ojo, y vacías con una pena matemática del que ama con la lealtad de Alejandría, del que muere respiro a viento en este azote. Vuelta de anís le vi marchar como se alejan los soldados a la Guerra de las Galaxias. Y pensé trémula, de tanto vacío manual, si gira su rostro greco tres veces en sortilegio me ama. Y acontecieron las tres vueltas de girasol de su cuello hacia mi boca, ojos y noche. Sus pies eran ruedas y lanzando besos a la ciudad ciega de nuestra despedida, sentencié, me ama. Lástima, que no sea en esta vida.

38 grados.

Cómo construir un poema, donde tú no aparezcas sentado sobre sus ramas. Quisiera, porque vivir sin ti se puede, amar a otro árbol creyendo que quien ase el tronco es el roble, tan fácil, como construir un poema y tú aparezcas a mi lado. Te acercaste lento palafito dentro de un caballo y pensé, qué germen yace en mi montura. Quisiera, porque morir de amor, se puede, cruzar el meridiano que separa la farmacia a la flor más seca de un vaso. Y temer la condena, porque el cuerpo escancia tan poca cosa, un llavero del tiempo, que no importa arrodillar al vasallo. Amordazar su boca y coser los ojos con hilos para que acate tu nombre. Luego en estampida, el orgasmo, y la desolación del combate. Quisiera, pero los muertos se acumulan en campos donde nacerán jacintos pensando que eres en ti  a quien amo. Cómo borrar el paso del pájaro, y hacer de nuevo que no florezcas, en primavera.

La amistad es un nombre de velero o la amistad en cubierta.

I El maremoto sacó un bote de Coca Cola, era un sarcófago, y en él un corazón latía. II Mil meriendas de niño. Cincuenta asados de boda. Veinticinco mechas de peluquería. Y el corazón, un rollo  un rollo un rollo de papel de plata. III Del envase salió arácnido. Era un corazón con patas de insecto. Huía rápido hacia el oleaje. La lata hincada en la arena se quedó contemplando su marcha con unas cuerdas  sin barco. IV Pies descalzos en la orilla esquivando corazones que con sus tenazas siempre miran al pasado. Hay una bolsa y una chapa oxidada. ¿Dónde están las conchas? ¿Los besos y las caricias de Estrella Damm? Las botellas qué rieron, las brújulas y los remolinos de niños  corriendo tras la sombra de las gaviotas. V Hay sirenos hombre, incauta... no creía del azul con el verde, de los limones con forma de luna. M e jactaba de los cangrejos que amaban a los erizos, pulpos con tinta de medusas, de la locura de sen...

Soberanía mononuclear

Ir de un lugar a otro como un insecto que huye de la luz y busca el confort del ruido del motor de la nevera. Bajo la vías de los trenes entre guijarros la corsaria errante siempre se equivoca. II Cuando la luz tamizada por un éstor ladea, se conjuga con ese despertar resaca con agujeros en el pecho por la lágrimas. Sobreviviendo a la epilepsia nocturna con estrellas convulsivas y ceguera necrológica. Ayer se fue. Tenía cuarenta años. Puta vida de trenes. III Podía tirotear al espejo subir los calcetines y emprender la huida. Cerré la cremallera y repartí besos a cada uno de los retratos que conforman  mi vida. Familia inmóvil que mira Gioconda cada vez que salgo por ventana y cierro la puerta. Cordones,  clavijas, brechas de un ecosistema corpóreo en desuso. El ecuador y siempre con ganas de nacer multiplicada por ansias. Espero que no desesperes en tu odisea cuando veas  en el ángulo y decidas si eliminar la barba o de...

27 días de mudanza.

Sabes que las cosas, a pesar de estar en el mismo epicentro, desprenden sombras desde otro solar. Qué fingimos que ese meteorito que impactó contra el patio no había afectado a nuestra convivencia, pero los árboles ya no parían frutas esmeraldas y la lujuria se cernía albatros sobre mi pelo rubio hasta reventar contra el suelo. Tú, miraste hacia el otro lado, colocaste la mano en la barbilla, reprochando que entregara mi cuerpo a una tumba abierta y barrimos, ambos, todos los sucesos para ocultarlos debajo de una alfombra en un acto de cobardía. No pude sostener tus pies, sin que acabase, en el precipicio de tus neurosis. Déjeme libre. La poesía me aguarda en un rincón de Europa con silla de enea y una chaqueta de visón azul. Lloras, lo sé. Me amas, lo sé. Pero salmón desbocada debo ir por el mundo, compañero. Pasó y los dos lo sabemos, todos lo sabían, el espejo con forma de hoja, los manteles y hasta la batidora con sus hélices de viento. Fi...

El homenaje Aranda con uve.

Cuando Víctor Aranda y yo nos conocemos veo en su semblante la mueca que trasfere: -¿Y esta oxigenada de dónde ha salido? Al llamarle Vicente Aranda  como el director de cine español, que me constó mucho corregir. II Y sin embargo desde el principio pude descifrar su genio. Casi un año después en enero, después de acontecimientos muy críticos en mi vida, y algunas citas anuladas. Baja de Murcia, su segunda casa, para hacer una sesión de fotos que habla de la gran pena que siento  y traspasa su objetivo en un rostro cansado. III Entra en casa sorprendido, igual que un gato curioso invade felino cada una de las habitaciones. Puro de energía, reitera lo bien que huele mi vivienda  y la vigorosidad de la á loe vera. Hombre comprometido y humilde como una rebanada de pan, es vegetariano convencido y su bicicleta es el mejor coche del mundo. La verdad, paciencia y aplomo profesional para una hiperactiva y una llora-historias melodramáticas. ...

La fuente de Castalia.

I qué debe sentir un pétalo la hoja sobre agua en horizontal postura qué debe sentir la hoja notando la presencia fría de la corriente qué debe sentir qué sentir debe cuando cae por la cascada hacia laderas inciertas y acaba siendo la balsa de una hormiga. II gota a gota la  es pera agota como una tortura china gota gota gota gota. hasta ser lluvia. III sé tu número de memoria llamo sin que atiendas la misiva demasiado tarde para que escuches la plegaria de un plástico. IV cenar sola en un oriental escuchado música moderna de un artista chino con inglés de parvulario. hablar con las camareras y encender un cigarro mientras acaban de recoger las mesas siempre me he sentido bien con gente de países diferentes será que soy de nacionalidad extranjera como esa fila de hormigas que viajan africanas a la despensa. Y una hoja laurel nación de un árbol. El oráculo de Delfos.

Lluïsa y el señor enmascarado.

I La soledad es la cremallera  sin cerrar de un vestido femenino por la espalda. II Era un continente  con forma de isla, llegó su p a s o Monzón, soy In do ne sia. III Cada semana, ellos vienen como colegiales, aguardan la salida del trabajo alternándose por turnos. Intercambian sus caras, sus vestimentas, pero nunca son tú. Él jamás apareció por sorpresa. Lo que daría por ver su sombra-capa de Tilo. IV Nunca me importó su promiscuidad, ni siquiera que usara la misma colonia. El problema era que era yo, la que no importaba. V Durante un tiempo fui la chica del asesino. Le fregaba las sal-picaduras, ayudando a enterrar los nidos. Es lo que tiene enamorarse  de un libro del romanticismo. VI Sí, él  con sus tragedias y  yo  con mis dramas. Preguntó la psicoterapeuta: -Volverías con él. -Sí. Sabes que te destruiría. -Lo sé y sin miedo  después del maremoto, la ola manta me saca...

LENGUAJES DISTINTOS O LO HABITUAL ERA EXCEPCIÓN.

Aparentemente todo ha terminado, como esas series pésimas que suspenden por baja autoestima. Tal vez ni siquiera hubo inicio, en ese rulo de noches y ratos sin anudar, donde luego en público se desvanecían. Pregunto a veces a mi sombra, donde hubo la erosión grave para que dos continentes se fraguaran. Fui yo, que no entendí lo subliminal del morse acaecido en el grifo de la ducha. Dar, dormir, regalar sonrisa, vestir de aves todas las cortinas, acariciar pelaje, subir al peldaño de su cadera para ver siete soles sobre la cornisa. Beber de sus yemas, sorber la poesía de su turca barbilla, abrazos, abrazos, abrazos como olas en  un tanque de piscina temática, abrazos, abrazos, abrazos, se desvanecen en pantanos que es a mar por las nubes. Cómo olvidar, yo no puedo, (¿Dónde está el río Leteo?) me conformo con la melodía de todos los microondas que abren el baile, el subir cuestas que conducen a museos, en sentarme sobre alforjas que no despeguen mis p...

DOS Y CUATRO

Poseo una mala corazonada de que la oropéndola revolotea el nido. Será la nube con forma de minino, el hedor de su apnea, y el insomnio mal adherido a las sábanas. Alucinaciones desquiciadas de las mías, de este cerebro que lleva palillos  y un tapón de corcho por cabeza formando una mula sin paisaje. Porque si fuese así empezaría la carrera de las veinticuatro horas:                                        24 horas de catarsis.                                        24 horas de espera.                                        24 horas en remojo.                                   ...