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Reseña «Birding» de Lourdes Vicente Bertolín

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Birding , de Lourdes Vicente Bertolín Prólogo de Antonio Méndez Rubio.  Huerga & Fierro Editores Con Birding , Lourdes Vicente Bertolín consolida una de las líneas de fuerza que atraviesan su trayectoria poética: la exploración de la identidad a través de los vínculos afectivos y la naturaleza concebida como espacio de revelación. Si en su anterior poemario La intemperie : la imagen de los hilos articulaba una poética de la conexión — hilos que podían leerse como raíces, vínculo y permanencia—, en esta nueva entrega el ave ocupa el centro simbólico de una obra que despliega un vasto repertorio de resonancias espirituales, sociales y genealógicas. La genealogía, en particular la femenina, reaparece como una constante en la escritura de Bertolín. La figura materna emerge entre los pliegues del texto como presencia fundacional, origen de una memoria que se transmite entre generaciones y que encuentra en la palabra poética una forma de permanencia frente a la desaparición física d...

Combustión

Tal vez, lejos de las hogueras  de las vanidades,  mi refugio sea el campaniforme sonido, el lomo verde de esta horizontalidad. Exigimos tanta efervescencia  a la luz solar de la noche  que aquí, en esta piedra, bien pudiera ser  una lar para el sacrificio. Los tronos pétreos en el océano  ahogan a cualquiera que vaya de estrella. Los calamares se revuelven. Las medusas no disponen  de la cronología del oleaje. Qué poco tiempo para el fuego, que con su crepitar consume  la lealtad entre leños y astillas. Tal vez, lejos del mar, una encuentre los barcos  que oculten las intenciones, por muchas puestas en escena: el fuego es el fuego  y se necesitan muchos grados  para fundir el hierro y la verdad.

Corredurías

En este árbol de olivas  haya más huesos que pulpa, el sortilegio de lo luminoso  que traspasa el mutismo de los encajes. Recuerdo a mi abuela frente a su ventana, observando el mundo, el ruido de las azoteas bajo los pilares de sus pies inanimados. Ella no podía caminar. La deformidad se había instalado  en protuberancias de poemas  y observaba, desde su trono de invalidez, la hecatombe de la vida. Yo era su sombra, y aprendí con ella,  la primera lección técnica  de escribir poesía: el silencio. Estar con los ojos vertidos  al exterior para ver cómo corretean los aceitunos detrás de un visillo viejo,  que guardo como una joya,  con la distancia de sus piernas  en mi memoria.  Mullidas y hermosas,  como amamos a los seres que nos importan. Ll.Ll.

Reseña "Plancton" de Sonia Bueno

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  "Plancton", publicado por RIL Editores, es un libro cuyo propio título contiene ya una declaración poética. El plancton, conjunto de organismos diminutos que habitan suspendidos en las aguas y cuya existencia resulta casi imperceptible a simple vista, constituye una metáfora perfecta de la propuesta de Sonia Bueno: una multitud de instantes, voces y tiempos que, aparentemente dispersos, terminan formando un organismo poético único y original. Desde sus primeras páginas, el poemario despliega una arquitectura basada en la fragmentación. Los espacios en blanco adquieren una función expresiva esencial; son silencios que dialogan con los versos y participan activamente en la construcción del significado. Como ocurre con la riqueza invisible de los ecosistemas marinos, cada elemento parece autónomo, pero la suma de todos ellos genera una entidad propia. Los vacíos no dejan indemne al lector: jerarquizan el texto, regulan el ritmo y convierten la lectura en una experiencia de esc...

El descenso a los infiernos

Odio tomar este medicamento: la nulidad de la vida del año que nunca existe. A veces el desánimo  se apodera de mi entidad  y me convierto en una masa  sobre una plataforma. El arrastre del mal  transporta el alga hacia las aperturas  del puerto. Odio esta supeditación enferma  y el apoderamiento de mi ser  frente a la abstinencia. Odio este maldecido temblor,  las neuras que la dolencia provoca. Esta cabeza cascabel. Estas manos de tintineos. Odio. No. Me odio a mi misma  por no haber sido lo suficientemente fuerte  y ceder ante el agravio, el bochorno,  el desprecio reiterado de lo que se supone  debía protegerme. A tal extremo de hastío  que me incapacitaron y me robaron lo que más amaba. El odio no sirve de nada, poesía, solo acusa los efectos secundarios,  empeora los síntomas, el odio es un valor corrupto. Debo aceptar mi proclive. En esta soledad. De neurología enferma  donde la omnipresencia de mi cuerpo...

Agotamiento

Cae la gota en una continuidad  trémula. La indecisión del silencio acuífero  que intermitente  habla, musita, calla y desdice  en su reguero olímpico. Cae la gota  agoguera, ahogada, hacia el cuenco  desnudo  bajo la "aixeta". Quizás la bondad,  grifo a destiempo, grite, sílaba a sílaba, este pequeño sismo  en que el tiempo se detiene, en la pausa,  con el parpadeo paisajista  de todo aquello que duele  hasta el desbordamiento. Cae la gota, membrana transparente,  y la paciencia termina,  y el mantel se mancha con la anarquía  de una gravedad absoluta. Cae la gota para que tú te vayas de mi vida. Cuando la indecisión afecta el paso y anegada decides que colmó  la insuficiencia de las cosas  que rítmicas ceden a la inmensidad del segundo. Cae, cae, cae. Gota, gota, gota.

La calle tristeza

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En ocasiones, un gato se apoltrona en mi pecho: una tristeza felina que ronronea  de un modo desafiante. Hago esfuerzos para calmar su ansia  con libros y tisanas de cortezas, pero él se arremolina entre mis costillas  y mueve su cola con latigazos  directos a los bronquios. He recorrido Úbeda  con él amarrado a mi tórax  igual que un primate se aferra a un árbol. Lo he increpado en varias ocasiones,  pues no soportaba sus uñas calcáreas  enrredadas al caos de mi corazón. Le doy trozos de palabras  y digiere los más bellos paisajes del planeta. Pero ruge a su hora  como una bestia maldita, remueve esta paz  en bolas de pelo negro ajeno al tamaño  que ocupa.