Picaduras
I El otro día, una araña me picó en el empeine. Fue una punzada. Se puso negra toda la zona afectada y el picor fue molesto durante el tiempo que el veneno besaba mi sangre. Ahora, un moretón y unas costras forman islotes de piel malherida. II Yo sé que el amor, en ocasiones, te ataca como un insecto que, ante el desconocimiento, inyecta su ponzoña. III Déjame libre, por favor. No sigas alimentando la sarna con tu delicadeza más absoluta. Déjame en mi fondo. Cerca de la altitud de la palabra. IV Yo siento aún la irritación cutánea, ya que una picadura de arácnido implica una necrosis de roales inciertos. V No sé cuándo sucedió. Fue cuando me quité los zapatos y, descalza, estiré mis pies como un pico de gorrión ante una semilla. De repente, noté una quemazón en mi pierna derecha y una serie de ampollas emergieron tras el escozor más insoportable de la tarde. VI No sé cuándo sucedió. Tus ojos atravesaron los cristales bajo la lluvia, y tus pupilas se enzarzaron con mi retina. La c...