martes, 9 de agosto de 2022

Estupidez y réquiem

Ha llegado un punto "."

qué la psicología barata de Instagram

me aburre sobremanera.

Los gurús apósitos,

la mano concebida del desatino.

Ya no estoy para juegos de ocas 

ni verbos que no lleven flotadores 

en el comportamiento

de los que encienden velas con sus mocos.

En este cansancio donde Grease se ha quedado sin estrella 

y la melanina 

se vuelve castaña bajo la hoguera de agosto.

Sol de los que ya no te quieren.

Y buscas el asombro

de un ascensor

en un folleto de pisos.






 

lunes, 8 de agosto de 2022

Atlántida

En este mar a.

Mar de combate.

De estrecho.

Flotas hasta la bahía 

cómo un náufrago sedimento.

Amparado en el espejismo 

vives en la costra.

Isla que cubre el tajo,

reseca 

boca 

que calla 

mientras  mueves las extremidades 

en el acto de nadar.

Quieres detener tu danza, pero tus pies

aún no tocan  el serrín firme de la costa.

Trozos de plástico emulan delfines.

Restos de naufragios 

vestidos de apéndices.

Extremadura del que bebe agua acidulante

y tapona la incredulidad

en un abordaje.

Pensaste que él era el descanso.

La Posada del retornado del frente.

Era una caja negra de petróleo.

Qué te abandonó a la deriva.

Y no existe mayor descubrimiento 

que el reflejo de uno en una botella de vino.

El sol que acontece para un nuevo amor.

Cómo la sal que cae desprendida de la nao

de los que nunca supieron

donde varó su cadáver.























Rana oferta

En el Corte Inglés 

el semblante de los que suben y bajan 

por las escaleras es hierático.

No hay oferta que mitigue

el estado sin conexión 

de los que a espensas de la mecánica 

posan por un instante

la mariposa cuerpo

para emprender un voltaje 

entre vestidos jarras, tapices o maniquíes.

Es la cara de agosto

del calor hecho saliva

la oportunidad de los últimos precios.

Acaso el amor es una propiedad inmobiliaria.

Un bono en la bolsa mercantil.

La apatía del insecto roedor

detenido en la milésima

antes de ser devorado por la rana.








Vicisitudes raperas

 (Por favor leer a ritmo de rap).

Tal vez me aleje pródiga

cómo una rapera en un parquímetro.

La poesía que entiendo

huele al sudor de la gente.

La gente que observo a diario

en su rutina asocial.

Los operarios cuervos.

El mestizaje metálico de la autovía.

No entiendo otro verso-uni.

Un aparcamiento de botellas 

y el grupo que emerge de su vacío existencial

a ritmo de música mariguana.

La pescadera orfebre que canta

con su abanico afilado

rajando el atún con huellas de marino.

La maestra que coge un bus-o

y se sostiene contra la gravedad

con un libro de otro continente.

Extenuación de garganta.

Rima quebrada de peón en una descansillo.

Mis manos, hiedra azulada,

de proletaria poética.

Podadora de sueños

qué creció inversa 

a la luz del mercado.

lunes, 1 de agosto de 2022

Diez años

 Este mes de julio, mi blog el cohete volador cumplió una década, es decir diez años con 367.000 visitas. Gracias por ser mis vigías y apoyarme en esta aventura que comenzó gracias a la amistad y a la poesía.

Muchísimas gracias por seguir en órbita.




sábado, 30 de julio de 2022

Paseo de los Tristes

 No hay mayor derrota que la retirada

del cariño y la ternura. 

Las calles sin salida

y ser 

el zapato de un pie pequeño, perdido

en el arcén.

No, no hay mayor tristeza

que un estómago vacío,

las manos abiertas esperando el rezo

la lluvia cierre

de la verja y que dormido el cuerpo

busque la caricia nube, el pasillo redondo,

los huesos en lumbre

por la pena de andar entre las farolas

del Paseo de los Tristes.


No hay mayor tristeza...

Diga:

-suerte, mosca o tranvía.


Que morir y que miren

por la ventana como te marchas

sin música, tristeza de pan duro,

a la soledad que fue 

de donde te sacó

la noche.



miércoles, 27 de julio de 2022

Transformación


Con el aire aún en los pulmones

de una ciudad Lusitana.

Me acordé de los momentos

en qué uno pleno rechaza la vida.

La vida simple 

del abrazo. En esta escalada de calles.

Aboque de temporalidad.

Con los adoquines testigos 

de una tristeza de viola.

Porque allí la guitarra española,

se denomina cómo si se tratara de otro elemento.

Descubrí, no por primera vez, el océano Atlántico

y mis ojos fueron lanchas motoras 

cruzando de un extremo a otro.

De una villa 

que trajo la soledad a la mano,

niño perdido en un zoo,

de dedos cortos y palabras cerezas.

Lisboa, es espectacular.

Me amó hasta la saciedad.

Igual que un famélico

entre guirnaldas de flores.

San Antonio y San Vicente

porteadores con la luz del mirador

que te hacen creer que eres una persona.

O un bacalao.

O un parásito del cosmos.

Hasta el próximo viaje.

Lisboa necesita una oración

para que su relato sea el definitivo

y se cierre para dar chispa a un nuevo capítulo.

Aquí en una maceta.

Hojas y brotes.