Compadre
Se me caen las lágrimas. Se me empañan las mejillas. Iván, poeta y buen hombre, ha comunicado la partida de su mujer, Marga, y me he quedado de piedra, pensando en sus hijos aún pequeños. Este mundillo de locos, donde en una esfera agónica rendimos pleitesía a las instantáneas, opacos duermen aquellos que, en su enfermedad, dejan un rastro de plenilunio. Goteos en el hospital, como una lluvia contenida de la quimioterapia que alimenta la flor salvaje de una tundra repleta de serpientes. Querido amigo Iván, bético y de poesía de titanio, hoy nos has escrito el poema más difícil sobre un melancólico muro. ¿De qué sirve luchar entre los monos artificiales en esta semana que se supone que es la vida, de prioridades perversas, de dinero congelado para mítines, misiles y mediocridades? Lo siento tanto que me he negado a contemplar la belleza absurda del eclipse. En una fantasía que anestesia los ríos con residuos, la fruta transgénica, el aire perfumado de toxicidad desesperante. Te abrazo. ...