Entradas

Desavenencias

El aguanieve tiene un comportamiento extraño en su mezcolanza de sólido y de fluida pretensión cuando se desmorona del cielo. Supongo que es un contrato temporal que, en esta desprovista vitalidad, nos condiciona de rata a león y después hacia un paréntesis de galaxia. Nos enseña el valor auténtico de lo que realmente nos hace felices: el amor en su dualidad, ese híbrido de intestino y cabeza regado por ríos de palabras que nunca aprende de los errores. Y, como diría Rosalía (no la de Castro, sino la otra), ser ternura para el café supone el mismísimo reto de un copo desvanecido en agua. Que la sal y el azúcar se asemejan. Que la distancia, comparada con la de dos lunas, es un suspiro. Y que aquí, en este poro madero, acurrucada con la pena marchita, flor de la tarde, abrazo sin manos todo aquello que anega al corazón. En un silencio, como un gorjeo de meteorología que, mixto, calla su tronada y conversa el sol.

Viaje a Irlanda: Melancolía

Esta fortaleza antracita que rodea mi cuello. Soga esmeralda  que, con cada paso,  lejos de aligerar la carga  se acrecenta como el cuello  de un cisne. Cruzo la maleza, la trinchera de árboles, que narra viejas leyendas  desde la ronquera amaderada  de la garganta galeica. Estanques fríos  que reverberan el ramal  de este motín de estrofas  agolpadas en mi esófago  para ser la sangre del poema. Ll.Ll.

Viaje a Irlanda: El despojo

I Yo quise, una vez, a un hombre lírico: sus reliquias eran graznidos  capaces de destrozar el muro berlinés. Luego avistó mi trébol  la dicha del control vestido de encaje. Demasiada fábula para uno. Y música de Wagner para el otro. II Aquí, en Dublín, cae una lluvia que quiebra  cada verso que escribí de amor  para ambos. El número tres siempre fue un mal número. Y ellos sé que adictos, que no adeptos, nunca lograron llegar a mi corazón,  porque lo perdí de niña  cuando las águilas fueron mis maestras. "Sláinte" por el ocaso y los perdedores.

Viaje a Irlanda: Errantes

Nací en una caravana. Mi padre era lanzador de cuchillos  y mi madre: una fotografía  en el baño. Empecé a lanzar puñales  a muy temprana edad Sin duda, en el menester del ataque, el abecedario se hizo raudo  y empezé a limar palabras  contra todo aquello que adúltero  pretendía la gangrena de mi lengua. "Sóc una ferianta de poble  i duc paraules de cap a peus". Íbamos de casa en casa  vociferando nuestro espectáculo. La niña con dientes de acero  capaz de taladrar un tronco. Pero la inocencia con filo  posee un precio  y la hoja se oxida  como el hierro de una verja en una casa sin ventanas.

Viaje a Irlanda: Las mil y una puertas

Bienvenidos a este Edén, la ciudad de las mil puertas. La naranja simboliza Castellón, mi casa, la Albufera, que anega el ansia y huele a estambre. Luego descubrirás la puerta roja, el infierno más redentor, la procesionaria  que a tus alas de cera...No sé dónde se ubica, pero tiene más cancelas que un huerto en una penitenciaría. La amarilla, sin duda, es Mallorca, arenisca de cadmio, saliva de brea. Paseo de infancias mientras el sol se acuesta bajo un toldo de montañas. La turquesa, bendito Mediterráneo, que navego como una ola en un vaso. "Baleària" abre su corazón de metal a esta extranjera con permiso de versos. Delfines, peces voladores y demasiadas bolsas de plástico. La negra, mal agüero, es mi sepulcro. No la abráis aún. Que mis puertas son hermanas, y son arcilla, alquitrán, arroz de pescado. En esta casa dublinesa de puerta verde esmeralda.

Viaje a Irlanda: Jack y Nancy

Efluvio de amor irlandés. Flama petrolífera de Jack que sonríe a las gaviotas en una escenografía de Ulises. Jack tiene una barriga hídrica de cerveza, se contornea con el éxtasis de un alcohol magullado. Con sus mejillas de rosácea, el extremo nasal hurga entre los ojos de la gente en busca del beneplácito de un euro saltimbanqui. El vicio es el amor, la fiebre amarilla que siente por la enjuta armadura de Nancy. Nancy, de carne que ampara el hueso, en la cruzada pedigüeña. Encogida en el suelo húmedo, como un mal nudo de bordado, la droga la sujeta como un hilo a la rifa de un sótano. Él sujeta la botella, timón de motín, y araña la moneda para la sobredosis de su amante. Tal vez asir el dinero con la voracidad de un pan entre sus dientes de humo resulte el sexo más caliente del barrio. Tú quizás no lo entiendas. Pero la ternura de los suicidas está en los retratos de los museos, en la necesidad de lo cósmico, en su viaje de neón. Jack, el guardián de la puerta del Spar,  ama con...

Contertulios

Se te puso cara de Luna cuando dije que me iba... Mis pertenencias en una bolsa del Mercadona, hacia la puerta de la libertad, con tobogán a un país multicolor. Recuerdo el día que fuimos a ver a Luz Gabás, tu sonrisa era una pajarita de flores  y escuchabas complaciente  los contra estribos  de la velada. Yo era feliz como un pedazo de sushi  que da vueltas en una vitrina. La ilusa que creía el soliloquio  de tu boca, cuando compraste el libro  con una dedicatoria especial  para tu madre. Y yo, crédula,  la corona de salmón en mi cabeza de arroz avinagrado,  no dudé de tu mentira. Luego vino Rosa Montero  con su libro de teoremas  y allí, de nuevo en las mismas butacas, y tu pajarita de saldo,  dijiste que era la escritora favorita  de tu hermana. Yo, en esa época, era un goyza de pollo y tempura, caminaba con unas muletas tísicas  por una rotura de rodilla  y ya no era feliz. Ahora, mientras fumo, sentada en es...