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Cuadrículas cuadriculadas

Cuando te conviertes en la pieza de un tablero,  la sensación es vertiginosa. Fue un inicio de partida  donde yo, como buena reina, tomé las mejores posiciones. No obstante descuidé los flancos  y mis peones fueron cayendo  en una maniobra estratégica  digna de un experto soviético. Yo aún seguía confiada  por el arrojo de mi guardia pretoriana: la distancia era inalcanzable  y mis torres eran altos obeliscos. Los ladrillos de sus cimientos  fueron birlados con destreza  y cayeron del modo más estrepitoso. Ya los caballos, inquietos,  presentían la tragedia ante la horquilla de un peón que realmente era un rey aventajado. Y, a pesar de mis esfuerzos,  la voracidad del contrincante  me dejó tan expuesta  como un rótulo en un casino. Los alfiles aconsejan el abandono inminente: un taxi Uber y no mirar atrás durante  el trayecto que dure salir de esta tómbola  que me mortifica y entretiene. Jaque mate, piensan los q...

Fadrí

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Anoche aparqué en mi antiguo barrio. La noche invitaba a un preludio veraniego, con el cielo oculto tras la polución. Observé la parsimonia de los edificios, las bocacalles y aquel ventanal que fue, durante una década, mi casa. Allí escribí cuatro libros; aprendí a contar habitaciones vacías y, desde el terrado, sostenía el pequeño mundo de una parabólica. Pensé que yo era un peatón más en la avenida, no el bicho que mira desde el rincón ambiguo, como los anteojos de un apicultor. Creí que mi casa era mi casa, pero no: fue solo el deseo interminable del paso con el desasosiego de los gatos que nunca aprendieron a maullar. Y abandoné la ciudad como quien deja en una cama al amante dormido, con el olor de tu piel en los labios, sabiendo que jamás volverás a besar.

Muerte y olvido

Toco el timbre. Cuando estoy triste siempre te visito. Toco el timbre. Triste obelisco plantado frente a tu puerta: la intermitencia amigable. Toco el timbre. Y abres la puerta  porque me conoces de hace décadas  y recoges, con tu escoba de enea, cada fragmento de mi sonrisa. Toco el timbre. Carta de amor en mil pedazos  que tú barres con resignación. Multa lanzada a la canasta. Toco el timbre. He tenido ansiedad,  no soportaba el dolor de una chica de 25 años. El fracaso de un sistema. La rotura de una sociedad  que, a la deriva, mata al carnero  antes de ser vianda para el comensal. Toco el tiempo. Sí, he empezado a andar de un lugar a otro, frenética, porque las flores son arrancadas  del jardín  y huele a basura sin sacar de la cocina. Toco el timbre. ¿De qué sirve hablar de las razones? Los culpables flotan en colchonetas  en hoteles de anfetaminas. Toco el timbre. Toco el tiempo. Tiempo sonoro: guillotina, mazo, goteo. Muero. Toco el ti...

Inmunidades

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Existen casas sin ascensores. Fincas lánguidas  con sus cuerpos de piedra  y sus ojos: ventanas al mundo. En cambio, otras viviendas  poseen modernos habitáculos  de poleas con botones de colores  y el espejo de Alicia. Tengo un vecino, en mi comunidad,  que siempre sube andando, a pesar de vivir en la séptima planta. Yo vivo en el primer rellano, a mano izquierda, entre la ventana del tragaluz  y una columna. En ocasiones, se detiene detrás de mi portal. Hace el amago de tocar el timbre  mientras carraspea. Yo le escucho, porque soy una gata  que percibe hasta el sonido  de una araña colgada del techo. Parece que quiere decirme alguna palabra. Será que le molesta mi ruido, la manera de caminar con mis tacones  mientras el edificio retumba. Yo, a veces, le saludo,  y le hablo del tiempo: - Parece que va a llover. Pero existen ciudades en que está vetada  la metereología. El cemento grisáceo  oculto tras el gotelé, las...

Reseña literaria de No quiero ser olvido de Cristina Giménez

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En "No quiero ser olvido", Cristina Giménez López construye un universo poético atravesado por una preocupación central: la fugacidad de la vida y la necesidad de preservar aquello que, inevitablemente, se desvanece. Desde una voz íntima y depurada, la autora articula un recorrido emocional donde la memoria, la maternidad y el paso del tiempo se entrelazan con una mirada consciente, a veces convulsa, sobre la existencia. El poemario se erige como un ejercicio de evocación. La casa se transforma en escaparate de la nostalgia; los aromas, los espacios y los gestos cotidianos adquieren una dimensión simbólica que trasciende lo inmediato. La figura del padre aparece fijada en instantes de adolescencia, mientras que la madre se proyecta en la ternura de una nana o en lo cotidiano representado en la maniobra de un aparcamiento. A través de estos elementos, la autora establece un puente entre generaciones: su propia experiencia vital se desplaza hacia la descendencia, especialmente...

Descubrir Teruel

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  Muy ilusionada por participar en este día tan especial, el Día Mundial de la Poesía, en tierras de Teruel (la primera vez en mi vida que la visito). Empezar la primavera en estos lares, con buena gente y poesía, estoy segura de que serán símbolos inequívocos de buenos augurios. #teruelexiste #zahoraypoesia #jamonrimaconilusion #agradecida

Ventolera

El amor y sus estandartes. Contra viento y marea. Mistral dentro de una caja de ritmos, el viento que traquetea cada falange en la enajenación transitoria. El amor emérito, el que sale de las entrañas de la meteorología. Arranque de ramas desprovistas, celoso y exacerbado, que descoloca todo a su paso: contenedores, señales de tráfico, peluquines y faldas; con la ráfaga amatoria de la voladura de dinamita. Ventanal trémulo. Sesgo de flores. Desperdicios anarquistas. El desplome de Cupido en ese bar de copas y la desnudez de la cardiología. Esta bocanada que imposibilita el viaje del pájaro, que anima al fuego a la persecución inminente. Mar embravecido, anhelo de barco, el éxtasis de los árboles y de los postes, un eco de imágenes donde la festividad se desnuca. La rosa decaída,  la parálisis de caminar hacia el ayer, empuje  entre portales del tiempo y los cristales desdentados.  Esta intangibilidad que impide lo inevitable: el desencadenante de un siniestro,  un co...