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Reseña literaria de "Hombres que les faltaban los dedos, de Carmen Hurtado Pérez

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  En "Hombres que les faltaban los dedos", publicado por RIL Editores; Carmen Hurtado Pérez construye un esqueleto literario que se sitúa deliberadamente en la frontera entre el ensayo poético, la investigación interdisciplinar y la escritura experimental. El libro (rico en datos, atravesado por un prólogo de la propia autora y sostenido por una voz que rehúye la puntuación convencional), se despliega como una partitura verbal: rítmica, sin comas, con la cadencia de un piano que rehace el lenguaje como si lo golpeara con precisión científica y sensibilidad artística a la vez. La mano es aquí protagonista absoluta. No como motivo, sino como territorio. Hurtado Pérez la explora desde la antropología, la biología, la historia y lo social, hasta convertirla en un símbolo totalitaria: herramienta de conocimiento, extensión del pensamiento, archivo de la evolución humana. En su propuesta, la mano no solo hace el mundo; lo interpreta, lo hiere, lo domestica. Es caricia o castigo, pa...

La playa

En la esquina del abismo  de mi cama  el Minotauro se sienta, incapaz del derrumbe. Yo siento, con todas mis ramas  de matorral malherido,  esta eternidad de isla. La ola que mece la palabra "llaüt", el espejo sol en las mejillas  en una tarde de estío. Transitan en mi memoria  los galgos de la mañana  en un vírico carrusel. Yo te prometo, hubiera preferido  que mis ojos fuesen de perdiz amorosa  pero el cuchillo tiene complicada la misión  hacia la ternura. No deseo hacer daño. Por eso en mi agonía  me convierto en una palmera boreal  que sostiene los brazos  de la existencia. No deseo hacerte daño. Me gusta atropellar trenes. Ver los patos en los estanques, libres y lustrosos, antes que en un plato de loza. Como con las manos. Río hasta que la campanilla  toca ceremonias... Viajo a las profundidades  con la misma facilidad que un submarino. Pero yo musico mi latido, cronificación del trauma, a pesar de los fárm...

Reseña "Inmerecidas ruinas"

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La relación con Linares no es un simple dato biográfico en el caso de Anna Isabel Camacho: es también una forma de entender la raíz, la memoria y el lenguaje. Que autora y reseñadora compartan cierto vínculo con la ciudad jiennense añade una capa íntima a la lectura de “Inmerecidas ruinas”, publicado por RIL Editores, un libro que se erige como un verdadero alegato sobre el cuidado y la simbiosis. La introducción, sostenida sobre cuatro textos de Jesús Aguado, ya anticipa el territorio emocional y matérico que atraviesa la obra. Anna Isabel Camacho estructura aquí un lenguaje deconstruido, desprovisto de artificio superfluo, donde prevalece la emoción sobre la forma. El libro nos traslada a un tránsito de palabras, acciones verbales y espacios; un recorrido donde cada poema parece dialogar con aquello que ha sido desgastado, olvidado o erosionado por el tiempo. Tal vez “Inmerecidas ruinas” sea la imagen onírica de toda aquella materia que ha sido desprovista de esencia, superficie o to...

Reseña El Alma por la boca de José Iniesta

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"El alma por la boca" (Editorial Pre-textos), de José Iniesta, es un libro de depuración y de hondura. Construido a partir de formas breves cercanas a la soleá, el poemario apuesta por una palabra contenida, casi sentenciosa, donde cada pieza funciona como una revelación mínima, pero intensa. Desde sus primeros versos se percibe una escritura que nace de la necesidad: el poema como fuego interior, como tentativa de dar luz a lo que arde dentro. Esa tensión entre lo que se vive y lo que se nombra recorre todo el libro, convirtiendo la voz poética en un espacio de búsqueda más que de afirmación. La presencia de Antonio Machado se advierte no tanto en la inspiración como en la actitud: el camino, la conciencia del tiempo y la mirada sobre lo sencillo adquieren aquí un peso simbólico. La piedra, el tránsito, la luz de las mañanas o la experiencia del paso se convierten en signos de una reflexión constante sobre la fugacidad y el desgaste de la vida. El amor (encarnado en Teresa, ...

Presentación El alma por la boca de José Iniesta

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Siempre he creído en la felicidad de los instantes, en ese momento en el que el corazón es un jardín de geranios y las personas sincronizan sus latidos. Hoy, el poeta Jose Iniesta , amigo a quien admiro profundamente y por quien siento un gran cariño, ha logrado que la poesía sea capaz de encapsular el silencio. Además, quiero dar las gracias a todas las personas que me han acompañado y apoyado en este evento: Àngels, Isabel, Pepa, Rosalía, Josep, Soledad, Wenley, Swami, Daniela, Natalia, Jorge, al público asistente y a la Librería Argot.

Cuadrículas cuadriculadas

Cuando te conviertes en la pieza de un tablero,  la sensación es vertiginosa. Fue un inicio de partida  donde yo, como buena reina, tomé las mejores posiciones. No obstante descuidé los flancos  y mis peones fueron cayendo  en una maniobra estratégica  digna de un experto soviético. Yo aún seguía confiada  por el arrojo de mi guardia pretoriana: la distancia era inalcanzable  y mis torres eran altos obeliscos. Los ladrillos de sus cimientos  fueron birlados con destreza  y cayeron del modo más estrepitoso. Ya los caballos, inquietos,  presentían la tragedia ante la horquilla de un peón que realmente era un rey aventajado. Y, a pesar de mis esfuerzos,  la voracidad del contrincante  me dejó tan expuesta  como un rótulo en un casino. Los alfiles aconsejan el abandono inminente: un taxi Uber y no mirar atrás durante  el trayecto que dure salir de esta tómbola  que me mortifica y entretiene. Jaque mate, piensan los q...

Fadrí

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Anoche aparqué en mi antiguo barrio. La noche invitaba a un preludio veraniego, con el cielo oculto tras la polución. Observé la parsimonia de los edificios, las bocacalles y aquel ventanal que fue, durante una década, mi casa. Allí escribí cuatro libros; aprendí a contar habitaciones vacías y, desde el terrado, sostenía el pequeño mundo de una parabólica. Pensé que yo era un peatón más en la avenida, no el bicho que mira desde el rincón ambiguo, como los anteojos de un apicultor. Creí que mi casa era mi casa, pero no: fue solo el deseo interminable del paso con el desasosiego de los gatos que nunca aprendieron a maullar. Y abandoné la ciudad como quien deja en una cama al amante dormido, con el olor de tu piel en los labios, sabiendo que jamás volverás a besar.