Entradas

Winston

El morador de esta casa fumaba como un descosido. Sí, él merodeaba deliberadamente  de que yo iba a seguir el rastro de tabacalera. Desayuno observando el sacrilegio de una quemadura sobre el caoba. Limpio la encimera con saña, con el infructuoso intento de raspar su huella marrón acero. Fue ávido en el lenguaje de los signos, la manera de marcar un territorio que no le pertenece. Un lobato de la nada de Laforet. De trifulca con el papel, con la combustión de unos pensamientos que lo imagino embelesado, con el ruido del motor de un automóvil,  erosionando mi hogar futuro igual que un oso arañando los árboles para señalarme un recorrido de  supernovas. He de decir que me cabrea sobremanera tener que untar cada herida con aceite reparador del Leroy Merlin. He contado hasta treinta y tres anarquías del tabaquismo en una revuelta del mismísimo Mister Proper. Una quemadura de cigarro en manos de un somnoliento puede implicar un siniestro total. Porque Don Equis fumaba en el ba...

Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

Imagen
Ayer fue un preludio de libros deseosos de ser amados por un pueblo: Alcora, que ayer inauguró una de las bibliotecas más vanguardistas y contemporáneas de Castellón. La recuperación de los edificios emblemáticos, testimonios de la historia; la unión de las letras y de las personas para incentivar la verdad: el amor incondicional de la cultura.  Todo ello en una tarde que Anna Puchol izó la atemporal vela a un barco que, sin ninguna duda representa el cimento de una población que ayer no tuvo que envidiar, en absoluto, a las mejores bibliotecas del mundo.  Reitero: donde hay libros y gente, hay amor; un amor humano e imprescindible en ambiente de guerras y almas tristes. Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

Cartas de amor

Imagen
Ante tanta vorágine de mensajes cibernéticos y mensajería exprés, qué belleza incalculable hay en abrir una carta escrita a puño y letra para leer un sentimiento, una rogativa o unas disculpas. Admiro el trabajo arduo de Lola Fontecha y Paco Velázquez en su convocatoria anual de cartas de amor. Para mí fue todo un aprendizaje participar en este concurso.  He de decir que cuando leí Madame Bovary quedé prendada por el hallazgo poético de la misiva entre los albaricoques.

Estación victoriana

He visto arder la estación de Glasgow  con el tintineo húmedo  de sus llamas en mis ojos. La trastienda de un mundo ardiente,  como el agua abocada a la tierra  que, saciada, rechaza  el combate de la lluvia. Yo no quiero creer en la anunciación  de una primavera de mercancías. Ni ser el paraguas  del embiste de aquello que, invisible,  nos medra. El rescate del amor en esta ola que me arrastra  hacia la absoluta profundidad  del poeta. Sí, lucir faldas de cuadros, crear collares con perlas de hueso. Una vida corriente  de bolsa de supermercado. Pero mi corazón retiene el bombardeo,  la grieta que rompe  la viga que sostiene el cosmos. El eco estelar, los guiños de los mandos  al lanzar los drones sedientos de mapas. Y escucho en la noche el grito. Y siento el dolor de la fractura. Y duermo con la nube tóxica  y el desconsuelo del útero vacío. Y yo quisiera, pero no puedo, en este abismo de soledad,  como un...

Desavenencias

El aguanieve tiene un comportamiento extraño en su mezcolanza de sólido y de fluida pretensión cuando se desmorona del cielo. Supongo que es un contrato temporal que, en esta desprovista vitalidad, nos condiciona de rata a león y después hacia un paréntesis de galaxia. Nos enseña el valor auténtico de lo que realmente nos hace felices: el amor en su dualidad, ese híbrido de intestino y cabeza regado por ríos de palabras que nunca aprende de los errores. Y, como diría Rosalía (no la de Castro, sino la otra), ser ternura para el café supone el mismísimo reto de un copo desvanecido en agua. Que la sal y el azúcar se asemejan. Que la distancia, comparada con la de dos lunas, es un suspiro. Y que aquí, en este poro madero, acurrucada con la pena marchita, flor de la tarde, abrazo sin manos todo aquello que anega al corazón. En un silencio, como un gorjeo de meteorología que, mixto, calla su tronada y conversa el sol.

Viaje a Irlanda: Melancolía

Esta fortaleza antracita que rodea mi cuello. Soga esmeralda  que, con cada paso,  lejos de aligerar la carga  se acrecenta como el cuello  de un cisne. Cruzo la maleza, la trinchera de árboles, que narra viejas leyendas  desde la ronquera amaderada  de la garganta galeica. Estanques fríos  que reverberan el ramal  de este motín de estrofas  agolpadas en mi esófago  para ser la sangre del poema. Ll.Ll.

Viaje a Irlanda: El despojo

I Yo quise, una vez, a un hombre lírico: sus reliquias eran graznidos  capaces de destrozar el muro berlinés. Luego avistó mi trébol  la dicha del control vestido de encaje. Demasiada fábula para uno. Y música de Wagner para el otro. II Aquí, en Dublín, cae una lluvia que quiebra  cada verso que escribí de amor  para ambos. El número tres siempre fue un mal número. Y ellos sé que adictos, que no adeptos, nunca lograron llegar a mi corazón,  porque lo perdí de niña  cuando las águilas fueron mis maestras. "Sláinte" por el ocaso y los perdedores.