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Helipuerto

En este dilema revolotean los aeroplanos  y un helicóptero vigila el oleaje. Cuánto amor fingido en esta discoteca que, con la luz del día, no es más que un antro de moqueta y bombillas azules. Estoy sentada mirando la amplitud del cielo y no puedo evitar el gran malestar que guarece mi piel de otoño. ¿Qué número del calendario fue el que cambió mi latido? ¿En qué madrugada, mientras migraban las ánades, amaneció un ángel drogadicto y ha ocupado mi pecho? ¿Cómo he caído en su estrategia? Y este dolor agudo de juncos-látigo sobre mi respuesta inmune, tan insoportable como clavar chinchetas a la luna. Debo ser fuerte y huir. Romper la cuerda que, con gracia británica, tricota en su mundología. Porque esta presión es insostenible en mis muñecas de coleccionista. Tú ya me tienes segura... Créeme que morderé las lianas hasta volver a ser libre, porque yo no quiero una vida a medias. Sol, mar e infinito.

Pellizcos de desazón en la lengua

No existe una nube que no lleve la inicial. Esta pinza que herbicida estrangula mi ánimo, cavilando la verborrea de un silencio. La contradicción de los hechos,  como si se tratara de un documental que narra enigmas de una palabra inexistente  en el diccionario. Supongo que, sin duda, es la definición de lo que sucede. Aunque no entienda nada de este nuevo idioma y no pueda dejar de pensar en ti. Con un mar. Con un show. Con un confín.

Búcaro

Cuando un amor termina estoy segura de que algún jarrón en Manhattan se rompe. Caen las flores alborotadas en un mestizaje de tonos y el agua derrama un pequeño entuerto sobre una repisa de mármol. De repente, la tristeza embarga un trozo de cristal poliédrico. Yo sé que nuestro amor, cariño, ha terminado y no puedo evitar cortar los hilos de la chaqueta que la nostalgia remueve por nosotros. El tapete se ha empapado. Un tapete con bordado de tulipanes. Yo luché mientras fuimos un atrezo de cómoda en un escaparate de lujo. Como un jabalí que cruza todas las carreteras para encontrar un bosque inanimado, envuelto en llamas. Un jarrón que, por un toque, ha tambaleado hasta el suicidio. Un animal salvaje: siniestro en el asfalto bajo las ruedas de un atropello. Yo sé cómo queda el escenario de un percance fortuito. El amor se termina. Y mi piel se derrama en pétalos entre la humedad y el cloro. Y alguien siempre huye despavorido cerca de una estación de servicio y observa el accidente de ...

Las cosas raras que suceden en el corazón

Tu forma de mirar el mundo dialoga conmigo. El ladrido del cofre que habita  entre mis senos, ha dado aviso  de lo innegable. Golpeo con fuerza  para cerrar su ventana, no quiero que un efluvio carcelero  sea el peor secreto escrito en mis ojos. Te imagino sentado  en una esquina observando el diálogo  que ofrece la noche. Seductor por naturaleza:  la tierra fértil de tu rastro  que emerge hacia el desvarío de la flores. Música de jazz y un ángulo de luz que osa a iluminar la radiografía  de los errantes. Y yo aquí, espectadora de mi particular nihilismo  abro el arca, que lancé al mar  hace siglos, para devorar las palabras  de la "tormentalidad". Pero el sueño claudica  mi voluntad de poeta  y repito tu nombre  con el sonido pájaro del alba. Estoy enamorada. Y no sé cómo ha ocurrido. Y golpeo con fuerza al can  que arde en el afán por ver  a ese hombre que escucha la catarata  del tiempo. Y yo av...

Reseña Madera de sueños de Amelia Serraller

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«Madera de sueños» (Ondina Ediciones), es un poemario de Amelia Serraller que convierte la memoria, el amor, la pérdida y la identidad en materia poética, pero que no permanece encerrado en la intimidad. El libro amplía progresivamente su mirada hasta abordar los conflictos bélicos, las migraciones, la violencia de género, la sociedad tecnológica y las contradicciones del presente. Organizado en seis secciones, con prólogo de Alberto Morate, el volumen traza un recorrido entre lo personal y lo colectivo. Las ciudades del mundo funcionan como territorios de la memoria y como piezas de una identidad que se reconoce múltiple, hecha de viajes, vínculos, antepasados y lugares. La autora escribe también desde la pérdida y el homenaje. Padres, familiares, amigos y compañeros de poesía aparecen convocados desde el afecto, mientras que la conciencia social introduce una voz inconformista que cuestiona la indiferencia ante la lucha, la violencia y una realidad dominada por la prisa, el consumo y...

Azafrán y coordenadas

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¿Después del incendio que queda  del polvo enamorado? La raíz, en los territorios, del latido, con un código de cardiología, que místico  norte acuña el swing  de encantos angelicales. He recorrido París  en un gesto de revolución  para quedar impregnada  de una magnificencia desconocida. La aristocracia que bulle en mis arterias  se rendía ante los que solicitan mi cabeza  bajo el lustre de la guillotina. El Sena, río de puentes, abría compuertas  de canales frente a los arrecifes de los prados. Napoleón tenía que ser de este distrito. Como Virginia Wolf  fue la petunia del Tamesis. La desfavorable. La inquieta. La trotamundos.

Sobresalto

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A las tres de la mañana han tocado a la puerta. Me he sobresaltado y, por unos instantes, he permanecido inmóvil, como si fuese a timar el tiempo en su odisea. Ya no he podido dormir. Llevo encerrada una vida: siete años en el Tíbet, y durante este confinamiento no he dejado de sobrescribir la historia de los adverbios. He cocinado para una familia de soldados. He plantado los esquejes que oculté en la maleta: plantas resilientes que arrancó, de cuajo, la poderosa mano de mi madre. He leído un manuscrito que me fue entregado como un vástago con los ojos de una corona. He perdonado la vida a las arañas. Libros, galletas de fresa y café. Hoy, Gloria Fuertes, en su aniversario, bendice la poesía de todos los que habitamos en el fondo de la arena. Somos lenguados de literatura: dementes, zombis, taras de fábrica. He recibido muchos mensajes. Demasiados para mi vanidad, que reside con vistas al muro. No poder abrir las ventanas te ahoga en una cámara de gas, mientras las flotas aéreas sobre...