Winston
El morador de esta casa fumaba como un descosido. Sí, él merodeaba deliberadamente de que yo iba a seguir el rastro de tabacalera. Desayuno observando el sacrilegio de una quemadura sobre el caoba. Limpio la encimera con saña, con el infructuoso intento de raspar su huella marrón acero. Fue ávido en el lenguaje de los signos, la manera de marcar un territorio que no le pertenece. Un lobato de la nada de Laforet. De trifulca con el papel, con la combustión de unos pensamientos que lo imagino embelesado, con el ruido del motor de un automóvil, erosionando mi hogar futuro igual que un oso arañando los árboles para señalarme un recorrido de supernovas. He de decir que me cabrea sobremanera tener que untar cada herida con aceite reparador del Leroy Merlin. He contado hasta treinta y tres anarquías del tabaquismo en una revuelta del mismísimo Mister Proper. Una quemadura de cigarro en manos de un somnoliento puede implicar un siniestro total. Porque Don Equis fumaba en el ba...