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Reseña "Inmerecidas ruinas"

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La relación con Linares no es un simple dato biográfico en el caso de Anna Isabel Camacho: es también una forma de entender la raíz, la memoria y el lenguaje. Que autora y reseñadora compartan cierto vínculo con la ciudad jiennense añade una capa íntima a la lectura de “Inmerecidas ruinas”, publicado por RIL Editores, un libro que se erige como un verdadero alegato sobre el cuidado y la simbiosis. La introducción, sostenida sobre cuatro textos de Jesús Aguado, ya anticipa el territorio emocional y matérico que atraviesa la obra. Anna Isabel Camacho estructura aquí un lenguaje deconstruido, desprovisto de artificio superfluo, donde prevalece la emoción sobre la forma. El libro nos traslada a un tránsito de palabras, acciones verbales y espacios; un recorrido donde cada poema parece dialogar con aquello que ha sido desgastado, olvidado o erosionado por el tiempo. Tal vez “Inmerecidas ruinas” sea la imagen onírica de toda aquella materia que ha sido desprovista de esencia, superficie o to...

Reseña El Alma por la boca de José Iniesta

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"El alma por la boca" (Editorial Pre-textos), de José Iniesta, es un libro de depuración y de hondura. Construido a partir de formas breves cercanas a la soleá, el poemario apuesta por una palabra contenida, casi sentenciosa, donde cada pieza funciona como una revelación mínima, pero intensa. Desde sus primeros versos se percibe una escritura que nace de la necesidad: el poema como fuego interior, como tentativa de dar luz a lo que arde dentro. Esa tensión entre lo que se vive y lo que se nombra recorre todo el libro, convirtiendo la voz poética en un espacio de búsqueda más que de afirmación. La presencia de Antonio Machado se advierte no tanto en la inspiración como en la actitud: el camino, la conciencia del tiempo y la mirada sobre lo sencillo adquieren aquí un peso simbólico. La piedra, el tránsito, la luz de las mañanas o la experiencia del paso se convierten en signos de una reflexión constante sobre la fugacidad y el desgaste de la vida. El amor (encarnado en Teresa, ...

Presentación El alma por la boca de José Iniesta

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Siempre he creído en la felicidad de los instantes, en ese momento en el que el corazón es un jardín de geranios y las personas sincronizan sus latidos. Hoy, el poeta Jose Iniesta , amigo a quien admiro profundamente y por quien siento un gran cariño, ha logrado que la poesía sea capaz de encapsular el silencio. Además, quiero dar las gracias a todas las personas que me han acompañado y apoyado en este evento: Àngels, Isabel, Pepa, Rosalía, Josep, Soledad, Wenley, Swami, Daniela, Natalia, Jorge, al público asistente y a la Librería Argot.

Cuadrículas cuadriculadas

Cuando te conviertes en la pieza de un tablero,  la sensación es vertiginosa. Fue un inicio de partida  donde yo, como buena reina, tomé las mejores posiciones. No obstante descuidé los flancos  y mis peones fueron cayendo  en una maniobra estratégica  digna de un experto soviético. Yo aún seguía confiada  por el arrojo de mi guardia pretoriana: la distancia era inalcanzable  y mis torres eran altos obeliscos. Los ladrillos de sus cimientos  fueron birlados con destreza  y cayeron del modo más estrepitoso. Ya los caballos, inquietos,  presentían la tragedia ante la horquilla de un peón que realmente era un rey aventajado. Y, a pesar de mis esfuerzos,  la voracidad del contrincante  me dejó tan expuesta  como un rótulo en un casino. Los alfiles aconsejan el abandono inminente: un taxi Uber y no mirar atrás durante  el trayecto que dure salir de esta tómbola  que me mortifica y entretiene. Jaque mate, piensan los q...

Fadrí

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Anoche aparqué en mi antiguo barrio. La noche invitaba a un preludio veraniego, con el cielo oculto tras la polución. Observé la parsimonia de los edificios, las bocacalles y aquel ventanal que fue, durante una década, mi casa. Allí escribí cuatro libros; aprendí a contar habitaciones vacías y, desde el terrado, sostenía el pequeño mundo de una parabólica. Pensé que yo era un peatón más en la avenida, no el bicho que mira desde el rincón ambiguo, como los anteojos de un apicultor. Creí que mi casa era mi casa, pero no: fue solo el deseo interminable del paso con el desasosiego de los gatos que nunca aprendieron a maullar. Y abandoné la ciudad como quien deja en una cama al amante dormido, con el olor de tu piel en los labios, sabiendo que jamás volverás a besar.

Muerte y olvido

Toco el timbre. Cuando estoy triste siempre te visito. Toco el timbre. Triste obelisco plantado frente a tu puerta: la intermitencia amigable. Toco el timbre. Y abres la puerta  porque me conoces de hace décadas  y recoges, con tu escoba de enea, cada fragmento de mi sonrisa. Toco el timbre. Carta de amor en mil pedazos  que tú barres con resignación. Multa lanzada a la canasta. Toco el timbre. He tenido ansiedad,  no soportaba el dolor de una chica de 25 años. El fracaso de un sistema. La rotura de una sociedad  que, a la deriva, mata al carnero  antes de ser vianda para el comensal. Toco el tiempo. Sí, he empezado a andar de un lugar a otro, frenética, porque las flores son arrancadas  del jardín  y huele a basura sin sacar de la cocina. Toco el timbre. ¿De qué sirve hablar de las razones? Los culpables flotan en colchonetas  en hoteles de anfetaminas. Toco el timbre. Toco el tiempo. Tiempo sonoro: guillotina, mazo, goteo. Muero. Toco el ti...

Inmunidades

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Existen casas sin ascensores. Fincas lánguidas  con sus cuerpos de piedra  y sus ojos: ventanas al mundo. En cambio, otras viviendas  poseen modernos habitáculos  de poleas con botones de colores  y el espejo de Alicia. Tengo un vecino, en mi comunidad,  que siempre sube andando, a pesar de vivir en la séptima planta. Yo vivo en el primer rellano, a mano izquierda, entre la ventana del tragaluz  y una columna. En ocasiones, se detiene detrás de mi portal. Hace el amago de tocar el timbre  mientras carraspea. Yo le escucho, porque soy una gata  que percibe hasta el sonido  de una araña colgada del techo. Parece que quiere decirme alguna palabra. Será que le molesta mi ruido, la manera de caminar con mis tacones  mientras el edificio retumba. Yo, a veces, le saludo,  y le hablo del tiempo: - Parece que va a llover. Pero existen ciudades en que está vetada  la metereología. El cemento grisáceo  oculto tras el gotelé, las...