domingo, 1 de agosto de 2021

La desfigurada triste

Cómo se siente un corazón quijotesco...


En el desierto pululan lagartos

con trajes de marca.

A los reptiles el sol no les afecta en absoluto

porque son capaces de pintarse de roca y de arcilla iridiscente.

Tal vez mi piel moteada 

me haya auxiliado de muchas guerras

y haya soportado el embiste 

de la estampida.

El abandono, no deja de ser un armamento

de elefantes sin colmillos

que pisotean la pureza

de las flores nacidas de la virtud.

Por eso, brindo la luna manca

y dono el escudo

de librar batallas a quién resida ciego,

en la oscuridad 

de los ascensores

en un apagón urbano.

Achico el lateral 

a la ventisca de los informativos.

Barro todas aquellas consonantes

capaces de escribir la daga inadecuada

en un diario de abordaje.

No sé en qué momento

me convertí en un ser de sangre fría,

a merced de las constelaciones

con el único propósito

de prevenir el huracán

en las glorietas. Dando círculos el ojo,

con la tez teñida 

de fortalecimiento, parachoques

y lágrimas conversas

en hierro, para iluminar el camino.

Cuando te han sacado las tripas.

Y las tienes que recoger

con una pala de estaño.

Y proteger para recordar

qué era 

la inocencia de la infancia

y el amor de un brick de leche

en casa de pobre.

Cuando descubres que dar

te llena, aunque sólo vean

un lagarto verde en la pared.

Apagón urbano

Cuando apagan las luces

y la palabra se vuelve zaina.

Cuando la puerta ejerce su gravedad

y tapona el oxígeno.

La ansiedad sobrevuela,

siempre,

sobrevuela

observando lúgubre

la costra.

Cuando ya no hay nadie en el sofá

y la televisión ha dejado de emitir

los canjes en fotogramas absurdos.

Y duelen las guerras.

Y abominable la lacra 

cierne la portabilidad

del que urge una tarifa plana.

Cuando internet no existe.

Ni alumbran las bombillas.

Tú, estás siempre a la vera

como un ángel animal de carne.

Sí, y ciegas la mirada a la hecatombe

de los que hemos muerto

varias veces en una película.

Libros aparte.

Transfusión necesaria de un pleito

con patitas de pulga.

Encendiendo bengalas

porteado a esta poeta de cruces.

Tú.

Trébol y amnistía de la pena.

Ll.Ll.

Bahía

Tú que presencias el oleaje

y deseas con tus fuerzas

detener el ahogo.

Levantas los brazos 

con la intención de someter al tempo,

mas se convierte en una cobra 

dispuesta al ataque.

Soplas con los pulmones de Poniente

achicando su hambre

para proteger de los temores humanos.

Esos que son retorcidos de coral

quistes de orilla

racimos en tu boca y que naufragan

de un lado a otro.

Las piernas jirafas

para acariciar el lomo de espuma

de tan alta condena 

no sería una mueca más

del vaivén

logístico.

Qué voy hacer si uso mi cuerpo

para frenar tu caída.

Y contusión perfila

la entraña

del que recoge al gato suicida.

Mujer red de corazón Android.

Una merma delante del temporal.

En playa del norte.

Pero soy así desde niña,

siempre salvé el terror de su propia agonía

y lloraba en folios

la dejadez de la marea:

-Huuuuuushhhhh brummmm.

lunes, 19 de julio de 2021

Burdeos

Dicen que el viernes es el mejor día de la semana.

Los crisantemos florecen y los mosquitos

borrachos de rojo 

descansan bajo la farola.

Hay que inventarse una jornada propicia

para cerrar pactos y realizar escrutinios.

Arremangarse las vestimentas

y traficar con el cuerpo

el ansia oscura de la experiencia.

El amor con cara de viernes,

es la antesala de cualquier film francés

e invita a descorchar una botella de vino.

Observar la pupila

con el certero ojo del cazador 

mientras el sorbo a tientas 

seduce al reloj un festejo.

Luego los otros se trastean

y preguntan porque en viernes

se comenten todas las locuras.

Esas que nos hacen humanos

y nos desprenden de la zona de confort.

Amar, con el riesgo

de las ánades antes de emprender el viaje.

Por instinto

y sin esperar nada a cambio.

jueves, 15 de julio de 2021

Banalidad

Se echa de menos

el claqué de las máquinas de escribir.

El pringe de la arena.

Los coches de choque.

A Bolaño y un mundo sin visillos.


La noche se adentra

con la sonatina de un motor diésel

y la gente, que se pliega como un abanico 

hacia sus casas.

Tal vez huya de un sopor 

que ha hecho la existencia

semejante 

a un truco de magia.


Recuerdo mis primeros folios

atrapados en una fragante Olivetti,

emitiendo la música 

de una procesión de Pascua.

Los pies en la playa con un cuerpo

de niña orilla

observando como el sol jugaba 

en una inmensa bolera

Los libros que se perdieron

en apuestas de póker. 

La nostalgia de lo que se aprecia

cuando ya no ejerce su contenido.


Sigue la calle adornada de sonoridad,

de caravanas de metal

con el retorno a una tele de plasma.

La gente está cansada

aunque sonría al reflejo del microondas.

Se echa de menos

y sin embargo con un dedal

podemos achicar el agua

ahora que escribo sobre una lámpara

y quizás una niña orilla

nade sus pies peces

a un futuro más sostenible y menos cabrón.

sábado, 3 de julio de 2021

Paul y Liz

Este instante no es una película

ni representas el actor de mechas californianas

ni soy yo, la partenaire que esconde la tripa

cada vez que sonríe.

Vivimos una realidad acérrima

con colisiones sin extras.

El cuerpo entre los hierros de ese coche 

no es un maniquí coreano,

es un corazón con cabeza y piernas

que llora rojo el último informe de la deflagración

En el curso de la vida

(por lo del río al mar)

donde cada recuerdo

se asemeja a una rebanada de pan Bimbo,

caduco del desvanecimiento

del abrazo 

que creí real y que ya no existe.

Patas de gallo decorando la decepción visual

de un mundo que no forma parte de tu mundo.

Estamos en episodios distintos.

Con extras que golpean

para lograr el primer puesto.

Ojalá pudiera interpretar 

la herida. Pero lloro poemas

como una máquina tragaperras

que exige un céntimo.

Fui auténtica en cada desempeño.

El lirio enfrascado.

Ese pez que agoniza en el parador

no es truco, es mi voz.

Usar y tirar

Amar a quién no sabe demorarse

frente al abismo.

A quién no tiene el criterio 

de cuidarse frente al lobo progreso.

Acaso merece la detención del alma

para sanar las heridas 

que uno mismo se provoca.

Aguardar noches enteras

delante de un portal cosido

con la luz que cortocircuito electrocuta.

Asqueada de poner el cuerpo

en actitud de rampa 

para que la miseria del que te usa

vaya erosionando pequeñas vocales

de aullido.

Flores de papel

bajo el foco rotundo de un burguer.

Los móviles sin batería no funcionan.

Ni las linternas encienden

la ruta de un baño a una cama anodina.

Todo necesita un quiebro, una incandescencia.

La poesía que no se puede leer a oscuras.

Pero, se siente igual que niños

que salen de la piscina felices.

No, no corresponde tanto amor 

al egoísmo del que tapia 

la caricia, el beso y la verdad.

Soy esa estrella de rótulo de hiper.

Y tengo aún cinco vidas.