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Oda a Odín

Si pudiera susurrarle al oído el crepitar de adjetivos que ronronean en mi garganta. Lanzas al aceite un gajo que estalla estridente porque nunca lo has de mezclar con agua. Te ha salpicado entera: los brazos, los dedos, en motas que se asemejan al sarpullido de la escarlatina, entre una intensidad hedonista y, a la vez, purgante. Sabes que la temperatura está a punto de provocar un incendio donde no quedarán indemnes ni las piedras. Pero tú callas en esta combustión sin llamaradas que anuncien el peligro. Sabes que los buitres se comerían tu hígado y los niños echarían más leña al fuego en un castigo inquisitivo. Te lanzas cada noche desde la torre. Bordas en un sudario esta fiebre: delirio borracho de mirar el cortafuegos en que me has acorralado, bebida de mi propio veneno.

Transiberiana gata

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A veces esperamos que regrese el amor, pero se queda quieto como una fotografía antigua. Te empeñas en que las cortezas no raspen, en una curiosa impunidad de la natura. Brindas con desconocidos y recibes la noticia gris de una poeta hermosura. Esta transtextualidad de hologramas, de frutos que nunca fueron un árbol, de metros galopantes cruzando la alcantarilla de Madrid bajo un sol ardiente, en locales rojos de melancolía. Escuchas conversaciones ajenas y te regocijas con la disparidad mientras bebes lo prohibido. Tal vez el alcohol cure las heridas invisibles, aquellas que habitan en los cueros de nuestras venas, como vagones a 300 km/h, mientras la anatomía digital nos engulle. Rosenvinge se corona sobre las luciérnagas de un escenario y mezclo mi cuerpo con la soledad de la noche, que, caníbal, te lanza a la jauría. Las almas perdidas sobre butacones de terciopelo y el silencio de mi apellido con el resplandor litio de mi nombre. A grandes pecados: grandes capitales.

Reseña Maravilloso miedo de Javier Gallego Dueñas

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Maravilloso miedo , de Javier Gallego Dueñas Ediciones Liliputienses  Hay viajes que comienzan cuando dejamos atrás una ciudad y otros que empiezan mucho antes, en ese territorio movedizo de la memoria donde regresar significa también descubrirse. « Maravilloso miedo» , de Javier Gallego Dueñas, se construye precisamente desde ese desplazamiento: un viaje hacia una ciudad que acaba convirtiéndose en un viaje introspectivo. Poeta, reseñista, doctor en Sociología y docente, Gallego Dueñas articula un libro en el que la poesía está en permanente movimiento. Su voz avanza entre la oscuridad y la luz, entre la nostalgia y el presente, entre la experiencia íntima y la mirada crítica hacia una sociedad que, con frecuencia, parece haber convertido la vida en una sucesión de trámites. El poeta observa ese mundo y no se limita a describirlo: lo atraviesa. En sus páginas encontramos una prosa poética de ritmo dinámico, cargada de metáforas y salpicada de cierto surrealismo que permite que la ...

Reseña Los tulipanes son demasiado rojos, de Teresa Gómez

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  Hay libros que llegan a nosotros por una recomendación, otros por una casualidad. En mi caso, Los tulipanes son demasiado rojos , (Bartleby Editores), de la poeta granadina Teresa Gómez, llegó de la mano de Sylvia Plath. El título, tomado de un verso de la poeta, fue suficiente para despertar mi curiosidad lectora; después sería la propia voz de Teresa Gómez la que me atraparía. Una voz que no necesita levantar el tono para hacerse escuchar y que encuentra en la poesía una manera de mirar de frente. Licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía, Teresa Gómez articula el libro en cuatro partes: «Equipaje contra el frío», «El ruido de lo efímero», «Detonación» y el poema final que da título al conjunto. En «Equipaje contra el frío» me ha interesado especialmente el lenguaje como ente (onomasología), como materia viva que ha ido dando forma a los elementos y a cuanto la poeta observa. También la reivindicación de la obra y de la presencia femenina en el arte, junto a unos verso...

Reseña La complejidad de Electra por Javier Gallego

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«La complejidad de Electra es una revelación incómoda, una verdad que no se deja domesticar, una herida que no termina de cerrar porque su función no es sanar sino recordar». http://profundamensuperficial.blogspot.com/2026/09/resena-de-lluisa-llado-la-complejidad.html?fbclid=IwdGRjcAUfTvFjbGNrBR9O6nBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEewPGQfmqpjvrXbPQd3AT6DhD8trL4uuO3Z2bUvDoAEB-hFaQERwdO760mKuI_aem_EIdJl1V7XleHcFdWpFgfaQ&m=1

Casa Maru

Las casas contienen paradojas que desafían a la retórica y al pensamiento de una AI. Casa desnuda, vestida con el ropaje más suntuoso. Ruido cápsula que retransmite un reguero de portarretratos, como si la vida pudiera paralizarse en silencios. Y el plato despojado en el parador que, en un ayer, fue vergel de viandas. La puerta que contaba el tránsito de los pasajeros del hogar. Casa en pieles, con el tumulto, con el olor acre del polvo, de estancia cerrada, del grifo caudal y las arañas bailarinas en los recuadros de yeso. Yo he sido muy feliz en estas paredes de albañilería que fueron edén de piedra. Tal vez la rutina mata la mirada. Y los recuerdos de regalos de boda y patios nazaríes revienten contra el piso con el mínimo temblor de tierra. Pero una cosa es cierta: el amor es un limonero de frutas ácidas, con la delicadeza de una caricia.

Narcolepsia

Tal vez lleve a cuestas una encrucijada: la tarea de devolver al latido un bloque marmóreo. Llevo años tras la escultura cobijo de un cortinero inexistente. Golpe, zanja, surco en obra maestra de la incredulidad que cuartea sus manos antes de abrir una brecha sobre tu pecho. He pateado con fuerza el hieratismo, el muro de Berlín, el ocaso de nuestros cisnes tras el horizonte de una apuesta. Cuando saliste del hospital, tu amor se quedó en alguna sala muda. Tu rostro cambió sobre tu piel crisálida y mis fuerzas fueron alas de cemento. Yo te llamaba a gritos. Pero tú nunca regresaste. La medicina se apoderó de tu mente en un delirio de callejones sin salida. Te miro y no eres tú. Y en tu laberinto aúllas cerca de las paredes más altas. Fíjate cómo estoy: no tengo nudillos y el hueso me señala la puerta hacia la salida. Qué incrédula, creer en el milagro de que el amor puede con todo. Créeme que no, que la piedra que me hunde olvidó nadar en los charcos y mi cuerpo, choque malabar, está e...