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Ventolera

El amor y sus estandartes. Contra viento y marea. Mistral dentro de una caja de ritmos, el viento que traquetea cada falange en la enajenación transitoria. El amor emérito, el que sale de las entrañas de la meteorología. Arranque de ramas desprovistas, celoso y exacerbado, que descoloca todo a su paso: contenedores, señales de tráfico, peluquines y faldas; con la ráfaga amatoria de la voladura de dinamita. Ventanal trémulo. Sesgo de flores. Desperdicios anarquistas. El desplome de Cupido en ese bar de copas y la desnudez de la cardiología. Esta bocanada que imposibilita el viaje del pájaro, que anima al fuego a la persecución inminente. Mar embravecido, anhelo de barco, el éxtasis de los árboles y de los postes, un eco de imágenes donde la festividad se desnuca. La rosa decaída,  la parálisis de caminar hacia el ayer, empuje  entre portales del tiempo y los cristales desdentados.  Esta intangibilidad que impide lo inevitable: el desencadenante de un siniestro,  un co...

Pedruscos

  Las calles que suben al castillo  tienen nombre de poetas  y de ciudades del sur. Parece que soy el diálogo:  la serpentina entre las páginas de un libreto, en este mes febril, como un animal entre las matas  después de su abandono. Me cuesta mantener el ritmo  y en la mayoría de las casas  son bocas cerradas a la osadía  de una pretensión nómada: la de obligar a mi corazón a una rutina de ejercicios, la manera en que el tiempo flexiona la belleza,  el mar, un marco en este paisaje  de muros de fábulas  con la necesidad imperiosa  de sentir que estoy renaciendo peregrina, gorrión ausente, náufraga de tierra. Aquí el viento se hace querer  pues yo sé que viene de la costa; es húmedo como los labios adolescentes  que hurtan besos en rincones  de esta articulada caminata. Me gusta la paz. El pino, la piedra, los saludos de los lugareños  en el trabajo arduo del cruce dominical. Me siento tan diminuta. Un guij...

Polen y poleas

  En este caso omiso,  la noche nos envuelve en una casulla  translúcida. Miro hacia el norte, que descifra en mis manos  la quiromancia de los mendigos. Cruzo mapas con este vértigo, huésped de vocal, taciturnidad de taberna, y, en este cometido, mis pies  se ahogan dentro de estos zapatos de marca. La gente con sus abrazos de gomaespuma. La boca de elástica conversación,  gimnasta de sílabas acróbatas  que expuestas son barcos de papel en una fuente. Yo pienso en aquel mundo no nacido, sin la tala del árbol. Un planeta donde tú hubieras trabajado  en un cine como acomodador,  con el faro de luz que tu pecho irradia. Y yo hubiera sido la modista con flequillo  que cose cintas a las prendas  para que no olviden su nombre. He llegado a este declive, al alud que supone una tormenta de nieve. Partículas, esporas, radiofrecuencias. Y buscas una tijera enana  para cortar los hilos  que incomodan en la costura. Pero yo soy una m...

Reventón

  El amor y sus estandartes. Contra viento y marea. Mistral dentro de una caja de ritmos, el viento que traquetea cada falange en la enajenación transitoria. El amor emérito, el que sale de las entrañas de la meteorología. Arranque de ramas desprovistas, celoso y exacerbado, que descoloca todo a su paso: contenedores, señales de tráfico, peluquines y faldas; con la ráfaga amatoria de la voladura de dinamita. Ventanal trémulo. Sesgo de flores. Desperdicios anarquistas. El desplome de Cupido en ese bar de copas y la desnudez de la cardiología. Esta bocanada que imposibilita el viaje del pájaro, que anima al fuego a la persecución inminente. Mar embravecido, anhelo de barco, el éxtasis de los árboles y de los postes, un eco de imágenes donde la festividad se desnuca. La rosa decaída,  la parálisis de caminar hacia el ayer, empuje  entre portales del tiempo y los cristales desdentados.  Esta intangibilidad que impide lo inevitable: el desencadenante de un siniestro,...

Caja de ritmos

  Ha llegado la calma, una mudez absoluta  después del temporal. Platos vacíos,  fregaderos convulsos  en un bodegón  de cucharas y sartenes. La vocal no dicha. En el amanecer que emerge  con la resaca de los tambores, cuando la vorágine  celebra el ascenso volátil, descansa el árbol,  duerme la basura  en las acequias. Ningún pétalo se inquieta. La fuente bebe su propia gota  para evitar el quebranto  de esta imagen inmóvil. Los papeles dormitan, los plásticos desinflados  arremolinan sus huecos  como cuerpos dormidos  después de la fiesta. Miro mis manos  de hojas cansadas. Observo el sol  que ilumina la urbanidad  que decae ante el hermetismo  de los objetos inanimados. Y yo me pregunto dónde habrá  este viento cabrón  depositado la semilla, la que vuelva a traer la música  a esta casa. Volanderas de ruidos astronómicos  en la inmediación de un ulular ambiguo: la nubosidad ro...

Tomillo

Esta mañana me he levantado indispuesta, la garganta inflamada,  con dos amígdalas como dos bolas de fuego, por una serie de sustantivos rebeldes. Las frases inconexas,  apelotonadas en su redil. Este agudo dolor esdrújulo  de una retahíla que yo hubiera  soltado en una loca traca "locamotora". Porque es mejor la mudez inmediata, agarrar fuerte a la bestia  que convive con tu silencio. ¡París no es más que un anuncio de perfumes! Tu temeridad lúdica  te condiciona a un riesgo innecesario, pero duele y aprisiona el cuello: necesitas cantar a los gorriones, deglutir la primavera  con todo lo que siempre has odiado: la vulnerabilidad de la flores, el latido que aumenta este ahogo. A un chasquido de marzo, la tos  ha regresado y me riñe alcántara  con medicamentos que anestesian lo inevitable. Y no sé si este virus volcán  me va a quemar por dentro  o saldré corriendo, en un alarido, hacia la playa, igual que cuando eras una niña, y te ...

Caravanas

Una muda de casa,como un cambalache de piel en este laberíntico deambular por la vida. Los enseres tienen sus propios galimatías, artefactos de recuerdos  con la incapacidad de subsistir  en cartones y bolsas de comunidad. La muñeca de trapo, el pantalón de maternidad, las primeras sandalias con que aprendió  mi hijo a andar por este planeta que ama más lo bélico que la natura. Trofeos que me acompañan, titánicos en este pequeño punto  de equidistancia. Los viejos amores  en un cuarzo rosa, en la mercancía  del vestido de novia extintor, fotos amarillas  de ricos pólenes. Y percibes que la vajilla ha emigrado  y la docena de vasos de Ikea  ha desaparecido en el infortunio  de un espectáculo de magia. Pero tú sigues aquí, luchadora de sumo,  anarquista frente a los cadalsos, imbatible ante los bulos,  licenciada en huidas  que ahora se llaman búsquedas. Pletórica de libros  con un corazón que late  como la polea d...