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Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

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Ayer fue un preludio de libros deseosos de ser amados por un pueblo: Alcora, que ayer inauguró una de las bibliotecas más vanguardistas y contemporáneas de Castellón. La recuperación de los edificios emblemáticos, testimonios de la historia; la unión de las letras y de las personas para incentivar la verdad: el amor incondicional de la cultura.  Todo ello en una tarde que Anna Puchol izó la atemporal vela a un barco que, sin ninguna duda representa el cimento de una población que ayer no tuvo que envidiar, en absoluto, a las mejores bibliotecas del mundo.  Reitero: donde hay libros y gente, hay amor; un amor humano e imprescindible en ambiente de guerras y almas tristes. Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

Cartas de amor

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Ante tanta vorágine de mensajes cibernéticos y mensajería exprés, qué belleza incalculable hay en abrir una carta escrita a puño y letra para leer un sentimiento, una rogativa o unas disculpas. Admiro el trabajo arduo de Lola Fontecha y Paco Velázquez en su convocatoria anual de cartas de amor. Para mí fue todo un aprendizaje participar en este concurso.  He de decir que cuando leí Madame Bovary quedé prendada por el hallazgo poético de la misiva entre los albaricoques.

Estación victoriana

He visto arder la estación de Glasgow  con el tintineo húmedo  de sus llamas en mis ojos. La trastienda de un mundo ardiente,  como el agua abocada a la tierra  que, saciada, rechaza  el combate de la lluvia. Yo no quiero creer en la anunciación  de una primavera de mercancías. Ni ser el paraguas  del embiste de aquello que, invisible,  nos medra. El rescate del amor en esta ola que me arrastra  hacia la absoluta profundidad  del poeta. Sí, lucir faldas de cuadros, crear collares con perlas de hueso. Una vida corriente  de bolsa de supermercado. Pero mi corazón retiene el bombardeo,  la grieta que rompe  la viga que sostiene el cosmos. El eco estelar, los guiños de los mandos  al lanzar los drones sedientos de mapas. Y escucho en la noche el grito. Y siento el dolor de la fractura. Y duermo con la nube tóxica  y el desconsuelo del útero vacío. Y yo quisiera, pero no puedo, en este abismo de soledad,  como un...

Desavenencias

El aguanieve tiene un comportamiento extraño en su mezcolanza de sólido y de fluida pretensión cuando se desmorona del cielo. Supongo que es un contrato temporal que, en esta desprovista vitalidad, nos condiciona de rata a león y después hacia un paréntesis de galaxia. Nos enseña el valor auténtico de lo que realmente nos hace felices: el amor en su dualidad, ese híbrido de intestino y cabeza regado por ríos de palabras que nunca aprende de los errores. Y, como diría Rosalía (no la de Castro, sino la otra), ser ternura para el café supone el mismísimo reto de un copo desvanecido en agua. Que la sal y el azúcar se asemejan. Que la distancia, comparada con la de dos lunas, es un suspiro. Y que aquí, en este poro madero, acurrucada con la pena marchita, flor de la tarde, abrazo sin manos todo aquello que anega al corazón. En un silencio, como un gorjeo de meteorología que, mixto, calla su tronada y conversa el sol.

Viaje a Irlanda: Melancolía

Esta fortaleza antracita que rodea mi cuello. Soga esmeralda  que, con cada paso,  lejos de aligerar la carga  se acrecenta como el cuello  de un cisne. Cruzo la maleza, la trinchera de árboles, que narra viejas leyendas  desde la ronquera amaderada  de la garganta galeica. Estanques fríos  que reverberan el ramal  de este motín de estrofas  agolpadas en mi esófago  para ser la sangre del poema. Ll.Ll.

Viaje a Irlanda: El despojo

I Yo quise, una vez, a un hombre lírico: sus reliquias eran graznidos  capaces de destrozar el muro berlinés. Luego avistó mi trébol  la dicha del control vestido de encaje. Demasiada fábula para uno. Y música de Wagner para el otro. II Aquí, en Dublín, cae una lluvia que quiebra  cada verso que escribí de amor  para ambos. El número tres siempre fue un mal número. Y ellos sé que adictos, que no adeptos, nunca lograron llegar a mi corazón,  porque lo perdí de niña  cuando las águilas fueron mis maestras. "Sláinte" por el ocaso y los perdedores.

Viaje a Irlanda: Errantes

Nací en una caravana. Mi padre era lanzador de cuchillos  y mi madre: una fotografía  en el baño. Empecé a lanzar puñales  a muy temprana edad Sin duda, en el menester del ataque, el abecedario se hizo raudo  y empezé a limar palabras  contra todo aquello que adúltero  pretendía la gangrena de mi lengua. "Sóc una ferianta de poble  i duc paraules de cap a peus". Íbamos de casa en casa  vociferando nuestro espectáculo. La niña con dientes de acero  capaz de taladrar un tronco. Pero la inocencia con filo  posee un precio  y la hoja se oxida  como el hierro de una verja en una casa sin ventanas.