Helipuerto
En este dilema revolotean los aeroplanos y un helicóptero vigila el oleaje. Cuánto amor fingido en esta discoteca que, con la luz del día, no es más que un antro de moqueta y bombillas azules. Estoy sentada mirando la amplitud del cielo y no puedo evitar el gran malestar que guarece mi piel de otoño. ¿Qué número del calendario fue el que cambió mi latido? ¿En qué madrugada, mientras migraban las ánades, amaneció un ángel drogadicto y ha ocupado mi pecho? ¿Cómo he caído en su estrategia? Y este dolor agudo de juncos-látigo sobre mi respuesta inmune, tan insoportable como clavar chinchetas a la luna. Debo ser fuerte y huir. Romper la cuerda que, con gracia británica, tricota en su mundología. Porque esta presión es insostenible en mis muñecas de coleccionista. Tú ya me tienes segura... Créeme que morderé las lianas hasta volver a ser libre, porque yo no quiero una vida a medias. Sol, mar e infinito.