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Mostrando las entradas etiquetadas como Poemas a medida.

Los animales de almas en celo.

Los animales de almas en celo. Usted ha tomado las manos y en la lección de los amantes ha enseñado antes que la gula de la carne la caricia, antes que la caricia la mirada, antes de la mirada aprender, aprender el beso que procede del rocío y de los trozos que aún permanecen de nosotros mismos, en sus estadios, con esta plenitud de campo de girasoles. Pechos de membrillo al abasto de su lengua de agosto, haciendo bucle con la barbilla para el reposo de la nuca, en el hueco vocal naciente sol de entre su brazo y su torso, allí, como en un varadero, va mi cabeza exhausta formando ala con su hombría. Me conversa de novelas, y varias músicas, en su dogma la sabiduría también pertenece al sexo. Me ruega que le cuente poemas de desnudos y faustos, mientras desgaja la ropa, y consigue en aula desarmar el dolor que óxido permanece en la pupila. Capa a capa, escéptico no cree en la espiritualidad, yo, en cambio idolatro la sanación d...

Cartucho certificado.

Las tres de la  madrugada y en algún lugar del mundo, llueve. 2954 palabras y 19548 caracteres en musculatura,  unas con otras  como migas de harina con agua en la línea cuestionando su pasaje. Si todas fuesen en conjunto, unas tras otras, capaces de desbordar el contenido. Una lanza, un catalejo, un medidor con el espacio suficiente para llegar a la estratosfera y taponar el ozono. Pensando en ellas y en su repercusión una en vez  como miembras de una secta acopiando que en este silencio de monitor van adquiriendo, ojos, cara, forma e hidalgan más allá de lo tangible. Letra boreal, Látigo cervical del sustantivo. Largura de trenza. Sois un mundo dentro de otro mundo igual que esta hora impar con el presentimiento de que llueve en Brighton y las plazas se llenan de caracoles incapaces de escribir poesía pero que hacen de un solo paso  una estación de primavera. Quisiera que este compendio de motes lacrimógenos no...

Señora Curie.

Sentada frente a un ejército de adoquines de barro, puerta lacada con retículas de vidrio, y entre el verso que apuntalo se acerca un visitador médico. ¿Eres compañera del gremio? Paciente, soy paciente que abre las alas de escarabajo, boreal que se apaga igual que el sol mandarina asumiendo el juicio que la tierra con cada infortunio la gangrena. No, no me gusta estar aquí, sola entre el caos con licántropos en lista, sentada, en una esquina de árbol. ¿Y por qué va ser malo tener miedo? Pero, me apetece salir corriendo, cobarde, antes de morir en la hoguera a parcelas. Tal vez, no sea doloroso el helio que compite contigo, sentada, doy por hecho que lo que jode es que nadie te sostenga la mano cuando te consumes como una muñequita de cirio. Sentada, salgo a la calle y pienso que mañana será otro día, y que las guerras viven en la olla caliente de los fogones. Tal vez no sea doloroso el helio, sino el desprecio de lo que amamos y nos quema sin de...

La frase degollada.

Tengo la fuerza exacta de la presión de un ácaro y la caminata esquivando señoras, que llegaron tarde a la peluquería con el tinte  a medio hacer en un horno. Ellas, acicaladas esconden las entradas bajo sombreros de paja entre radiadores  que pronto emigrarán a los sótanos. Como decir, que preciso el barbecho y aventurar escaleras en un suicidio íntimo de naipes que llueven en el hueco de los ascensores. He envejecido cien años y una soledad de plástico cuando al izar el flequillo observo la ola blanca, espumosa y deslumbrante, del cano color de mis antepasadas. Con él, se han secado las amapolas. Los pechos menguan en una pera de tienda mirando al sol sin clientes. Esperma en paredes, y manos culebras engendrando el deseo, en esta casa de grietas con un corazón que gotea a cada instante el gato agujero de ir pedigüeña como una palabra que no tiene sexo y se queda muda delante de la puerta de los retretes orinando a cada instante caricias al a...

Fusión nuclear de la amapola.

Sé en esta hora acordada de luz y sombra en que he jerarquizado tu soledad en esquirla. Y te he mirado a los ojos para que naufragaras dentro de la arista papel. Me recogiste del abandono hablándome en silencio: - Me vuelves, loco, loco, loco loco faro, faro azul, firmamento, brillante de la luz de la esperanza, la hoguera, mi visión, la geisha favorita, la noche más estrellada de faros de coche. II Me levanté con los brazos en alto, para revolucionar tu dormitorio y exclamé: -Pintaré de tréboles tu colcha porque eres una flor que quiere que sus hojas paran, y lancemos los libros al suelo, y no temas cuando rompa tu cama estirando las sábanas,  abriendo las puertas del armario. II Corriendo fue a la cocina, y abrió la nevera para coger un brick de leche descremada. -Cierra los ojos, por favor, abre la boca como si fueras a robar el color al aire. Y tú que siempre haces lo que yo te ordeno, te desligaste de todas tus navajas, y empecé a chor...

Et lux in tenebris Lucet.

En un mundo que se va a la mierda en un mundo que acontece, con la mayor desdicha de la baquelita formando círculo de iris. Cómo puede abrazar un árbol a otro árbol en jornadas trasladadas a una preposición, cohetes artificiales volando sobre la coronilla y basura espacial decorando los sueños de los niños. En un mundo que se va que se va y no volverá jamás de su viaje. En prensado metal de vidas que no son vidas, que en absoluta demencia la ruleta de la probabilidad absorta en polluelos de picos más grandes que sus cabezas reclamando el derecho de la manifestación. Grillos fritos, mariquitas con topos de alfileres, cada hueso en punta, y el carcinoma de mi piel devorando poema a base del hielo más ardiente del averno. En un mundo  que se va la mierda, donde un metro en cualquier instante embalsama cuerpos sarcófagos en un mundo que se va a la mierda aquí descoordinada  en matemática con la consciencia sin narcotizar de padecer el requiebro, ...

Central-teo.

Las raíces padecen en el previo instante de su oscuridad, con la coraza de vidrio atendiendo la tizna, con el cráneo de transparencias en cúpula de sentimientos, expuestas a la doble intencionalidad de iluminar las ideas. Luego en su rosca de abrazo distanciándose de la lámpara recoges la elíptica de todas las habitaciones que has alumbrado durante tu vida. En palabras incandescentes, en motas, en insectos de alas de papel cebolla. El cuerpo araña, el objeto público de insertar hasta el último momento de vatio. Tú y yo éramos eléctrica. Éramos filamento, y ahora alejados el fundido visceral ya no sirve. No sirve, para encender. Para observar. Se queda en un acto de postura semi terráquea este relámpago de Edison que hormiguea hasta el cerebro en recambio, foco o foca. Sabes, ya nada será como antes ni las bombillas que se alimentaron de nuestras desnudeces.

El guiso.

El hastío ha cocinado el amor en un puchero de anguilas. Poco importa ya, que su epifanía sea en norte o sur de Europa, con la ventaja de poseer una cama con medidas de océano. En la noche púa, en quinqué pausado, en marquesina de se da al antojo de la testosterona cruel de un cascanueces que se siente acariciado en ese improperio que limitaba el exilio del confort para dormir bajo la sombra de los cuellos, en verjas altas igual que montes en fotos y saltar la valla, y huir con ellos, los sin papeles, los muertos de hambre, los asesinados por un amor feudo con las piernas llenas de heridas. En busca de la libertad, lejos de ti.

La lista de la compra.

Acaso peinaba este pelo chico para otras manos, maestro inconfeso en dalias dormidas bajo tejados de murciélagos. Un menester de libro memorizando entre las palmas la pelvis en vocales abiertas, de corriente de carritos prensados en fila, y el verde hierba con el color otoño por las fumigaciones. Me embalsamo en botella, y ninfa de gata  he sido  por la continuidad de la glorieta que igual que un llavero fue virando hasta perder el ojo de la cerradura. Desembarco por los acontecimientos de civiles guerras de un trato que llegó al carril. Y en vagón, lleno de carbono, de papeles, de dientes de ajos. Por fin, noto libre me de usted por los días que no vendrán. Ni en viernes. Ni nunca.

Los dos izquierdos.

El silencio en mesa, en la puerta cerrada  tras la costura de la cazadora. Y qué ocurrirá cuándo ya no sea usted mi muso, tal vez recuerde el falso juramento y las serpientes dibujarán en la arena el paso de los interrogantes. Las gaviotas en los patios de los colegios asustando a los niños. Las palomas con alas de jota en una embutido colesterol aguardando la miga tras la miga, en una pan de trozos que no termina de satisfacer el buche. Cuando no sea mi muso. Reiremos juntos. Tú con una. Y yo con otro.

Después del arco bilis sale el sol.

Y después de la ira. ¿Qué nos queda? De la lluvia ácida sobre la lengua. Después, el vacío, la sensación ridícula  de la contenida llama debajo del metal. De la peor, en que no nacen golondrinas de alones cuadrados, ni partituras de bohemia. Me queda un cadáver entre el esófago y el alma parida en páncreas. Me queda  el cráter de la viruela en la última caricia, los garbanzos secos en latas con óxido recordando su sombra. De la ira, no nace nada bueno porque no es tormenta  sino un cirro sis-temático dentro de un cuento para adultos. Ya es hora de la pirata, de reconocer que ha ganado,  que paralítico el viento no cabe en un tubo de escape. ¿Sentirá algo la piedra, los electrodos, músicos ambulantes para el barbecho de mi vértigo? Después de la ira, tal vez, exista algún médium para conversar con el niño vivo dentro de un hombre muerto. II Le deseo una buena estancia entre carnes que no olerán a naranjo, y que cada palabra sea fé...

El roblema.

En un comedor puede nacer un roble, el problema será con sus ramas, el problema, las raíces perforarán el terrazo y el plafón siendo un amorfo ser con tentáculos. ¿Qué hacer en tal caso? ¿Cómo poder calibrar el volumen de las obviadas? Imagina un sofá de tres plazas en un baño, pues, con un árbol podemos enfrentarnos a un tremendo problema. Crecerá con la hojarasca y su tronco competirá con el pilar que sostiene al tercer piso. ¿Se atrevería a talar a semejante obra de la naturaleza? Prefiero demoler la paredes para que beba del mar, que abra la copa hacia la galaxia hasta desbordar el eco de un problema, matemático algunos aumentan de volumen verde igual que un sentimiento de odio, de amor. El roble es un sueño, y los sueños no existen se construyen. Llénate de pájaros, escucha la sinfonía de los insectos, que purgan túneles en tu herramienta. Un roble no puede vivir en una cárcel. El problema, soy yo.

El perro del hortelano.

Un perro lechal que persigue moscas que mueve el rabo, indisciplinado, que mancha con sus patas el sofá adquirido por catálogo de Internet. Pobre perro fiel, tiene un dueño  demasiado estricto. Le molesta que ladre a la luna, y crea que es posible virar su cara oculta. Como una perra siempre esperando la caricia, y si hay rebelión, el hipócrita aplica el correctivo, lo amarra con una cuerda chica, y le tapa los ojos con una pantalón de pijama para que no vea la realidad. Mientras las moscas observan desde los cristales.

Instrucciones de lavado.

Instrucciones de lavado. Las premisas son las siguientes: Lava con cuidado las prendas íntimas, porque a tu pesar esta mi carne adherida a ella. Con el agua ultramar tibia competirá  la uña de  la avaricia-carcoma y tal vez le aconsejo el remojo clorhídrico para exterminar el óleo menstrual con que marqué tu atril de mono. Purga tu boca, aplica insecticida a  cada una de las mantas que se arropan en los huesos, en exposición conjunta de talleres de coches,  de guitarra sin cuerda. Un pelo de mi cráneo aún anudado a tu alfombra. Y la última palabra  acordeón será en esa estancia nave sólo hasta el mes de marzo. Qué más da ser mujer adúltera o amante fidedigna si la esponja empuja sobre el muro todos los cobaltos posibles en esta sed de Edipo. En aseo de las sábanas fotógrafas junto con la toalla café que seque los senos que han tocado los míos. Echa sal a este conjuro. Porque sé que por mucho corazón en cubeta de casquería t...

Ni un vaso de agua.

Existen países que nunca brilla el sol, son raros rediles donde la gente pinta círculos con la quimera que nazca una línea. Lo he visto en lienzos, en neveras portátiles de domingo. Salgo expulsada de mi sueño, y observo caminantes con sobras en papel de plata para los gatos que nunca volvieron. Una pareja vestida de rojo empuja los carros atiborrados de publicidad, ellos, descansan sin cigarros en la boca. Les pesa la tarea disciplinaria de cebar a los buzones de precios. Tampoco, entiendo amar a un cuerpo con el corazón de piedra, no entiendo esa necesidad antropológica de comer a una persona su valía, rellenar de sexo su interior de río asentimental. ¿Cómo puede haber un fuego que no proceda de la madera? Llenar de hojas un árbol y talar al antojo de las expectativas. Ya te dije que mi mayor riqueza eran, doce huesos de aceituna y un abecedario capaz de derrocar imperios. Vive en tu fantasía. Y yo, rama de olivo, almendra lechal de tus ojos, se acab...

La ecuación de mamá.

Madres gramófonos ahondan en este hueco y eres la mejor recompensa porque en esta viga sé y te aseguro que un día escribiré poesía sajona, aunque ahora parezca un refrán de culo de libro. Y sentir que sales disparada sin poder dar expansión al abrazo, viendo a una mujer con poncho  con ganas de tirar de sus dedos para que nazcas mamá de entre los árboles molares de la avenida. ¿Hasta cuándo dura esta autopista? ¿Por qué queda lejana la avellana  Atenas? Hay días que de mis ruinas hago acuarios de trazos verdes y busco los jacintos entre los nidos. Hay noches que azulones se navegan las preguntas y mueren desvanecidas en un bol con cereales. Resiste, dice la cuna de mi nacimiento. Madre estoy cansada de esta soledad de discípula de un sacerdotiso. De verdad cree que llegaré al bosque turquesa; tal vez en esta guerra de votos cruzados la tecnología sea un arroz con el volumen de un guisante. Tu voz me da esta fuerza heredada a través de la henna...

Con la astilla sacada de mi corazón, quiero escribir un cuento.

Y yacerán en frecuencia modulada cada uno de los electrodos y enchufes mirando hacia el techo sobre sus armaduras esmaltadas con ojos por teclas por pestañas con manuales para entender las distancias, allí rodeada por el émbolo crecer de ello se trata torcida vid entre los arrecifes de un sofá meteoro, así, en letargo nupcial entre grandes mastodontes me hice pequeña y al verme pulga, polilla, piojo sentí que este corazón de lavadora, de mueble acondicionado roja pelusa, hilo de hilo, amianto de puerta de nevera, sentí que en la pequeñez estaban los lagos más gigantes, que en la sombra de la montaña los arboles florecen motores, cables líquenes, generadores de pilas cardiólogas, páginas, páginas, páginas. Que el mirar atrás se traduce en esconderme entre el horno averno y la vitrocéramica purgatorio. Y yo quiero volar, ser libre, un avión dentro de un cuento para niños de tres años. Mi pequeño sueño bajo el microscopio.

El afluente que quiso ser río.

Esta noche, ésta u otra. Qué más da... La luna resplandece  con forma semicerrada de ojo felino. Bajo de nuevo, por esta calle o la otra,  o por la acera que tiene la panadería; porque la pendiente, siempre, es perpendicular a una línea de desobediencia. Y noto que las huellas que proceden de tu casa a mi casa, de la casa de las cucarachas dormidas, de los estómagos llenos de huerta asemillada hacia la que un sofá rojo pernocta. De un portal a una entrada, de un pie acompañando a la hermosura del zapato, de un tobillo marcando ritmo al empeine. Con el mismo billar que contempla la aceleración  del palpito marcado en sigilo, al paso cofrade que ha arado un surco, un canal, un hueco, un brazo, para cuando agua llueva desde tu ventana sea riachuelo de caudal sin juncos y la colina abajo, del puente sin arco, regrese húmeda como una mujer sin marido con aún el perfume del amante que la convierte en trasparencia urbana. En una calle descendente po...

Ayer no es hoy.

En mis humildes bodegones la fruta jamás fue fresca; trasnochaba demasiado y el tiempo en ella pasaba factura. La manzana en el cuadro  se consumía ensimismada. Y el moho, dando luz verde a los limones, procedía del buche-corazón-putrefacto con las bocanadas del vodka. Ahora, en penumbra, vestida o desnuda, según maja goyesca, observo al óleo  y recuerdo la mano que lo creaba, pero, en una mujer desconocida. Tal vez, tal vez, vez tal, hubieses tenido que ser azucarada o en macedonia para la niñez tardía. Me resultaba otoño en todos los lienzos. Era la resaca  y la falta de sueños

El cuervo que amanece conmigo. (Sensación desde Alemania)

Los cisnes blancos en el horizonte de pétalos sin mancha, fruta niquelada por las ratas químicas y el cuervo con ojos de cuentas de pulsera de Stradivarius, plumaje azulina, inmensa cresta de mujer a heraldo. ¿Que miras amacelestilínea ?