Helipuerto

En este dilema revolotean los aeroplanos 

y un helicóptero vigila el oleaje.

Cuánto amor fingido
en esta discoteca
que, con la luz del día,
no es más que un antro
de moqueta y bombillas azules.

Estoy sentada mirando la amplitud del cielo
y no puedo evitar el gran malestar
que guarece mi piel de otoño.

¿Qué número del calendario
fue el que cambió mi latido?
¿En qué madrugada,
mientras migraban las ánades,
amaneció un ángel drogadicto
y ha ocupado mi pecho?

¿Cómo he caído en su estrategia?

Y este dolor agudo
de juncos-látigo
sobre mi respuesta inmune,
tan insoportable como clavar chinchetas
a la luna.

Debo ser fuerte y huir.
Romper la cuerda que, con gracia británica,
tricota en su mundología.

Porque esta presión es insostenible
en mis muñecas de coleccionista.

Tú ya me tienes segura...
Créeme que morderé las lianas
hasta volver a ser libre,
porque yo no quiero una vida a medias.

Sol, mar e infinito.

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