Un hilo hacia el otoño
Esta noche, sobre las dos de la mañana,
la lluvia ha roto el paisaje
en vellosidades de agua.
Me desperté sobresaltada
por un ruido meloso
de una tormenta cantarina.
Y, somnolienta, quise comprobar
que ese aroma de ceniza húmeda
y descanso callejero
no era un sueño en mitad de la vigilia.
Sí, era verdad: gotas diagonales
mojaban las aceras
y sentí una congoja
ante la manera que tiene la naturaleza
de borrar los pasos,
el olvido de los manteles, de las voces,
de las conversaciones escritas
al Olimpo de las pantallas.
E inhalé antes de decir adiós,
mientras un mundo que nunca aconteció
flotaba hasta desaparecer entre los enrejados
de la alcantarilla.
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