Cruzar la meseta, con el runrún automovilístico: la cordura de las carreteras del pasado. Se me antoja el transhumanismo de una estatal americana. Ruta desértica, ambidiestra, de líneas discontinuas. Cremallera de asfalto que atraviesa la tierra: eólica, atolladero de metal, con pueblos crisantemos amamantados de masas industriales por guirnaldas de camiones y un eco de sol motor. Cash acompaña con su cante plañidero y el sofoco aorta al cuello con la sed caliente: mancha, hojaldre, vino y quesería. Cruzamos la Ruta del Mediterráneo, como almas en pena bajo el ocre del paisaje. Rótulo azul, despeñaderos, pantanos agónicos o asesinos, según el descaro de la lluvia. Así son mis arterias. Amarillo y melalcoholía.