Pompeya

Existen familias que son clanes

y, sin sangre, verdaderos parientes.


Lazos que ahogan desde la niñez

con la apariencia tranquila

de que el amor incondicional

no es gratuito.


La crianza en este territorio

se transforma en una penitenciaría.


El problema surge cuando la nota

rompe el eje.

Contradices el canon.

Chillas la incoherencia frente a la alineación

porque eres la oveja negra

en una manada de lobos.


La expulsión del edén,

el ostracismo recalcitrante.

Con los años aprendes a mirar

desde la distancia los rosales

que crecen entre las grietas.


Subes al muro,

has aprendido, a pesar del alambre,

a trepar entre los adoquines.


Observas, durante el tiempo

que concede tu fuerza, la vida

delineada en otras vidas.


Llevas años de escalada

y el reloj gira sus agujas

con la atadura a un suero de incertidumbre.


Quizás tu voluntad no se rinda,

pero tu cuerpo acusa la desesperanza

y te ha cortado los pies.


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