Oda a Odín

Si pudiera susurrarle al oído

el crepitar de adjetivos

que ronronean en mi garganta.


Lanzas al aceite un gajo

que estalla estridente

porque nunca lo has de mezclar con agua.


Te ha salpicado entera: los brazos,

los dedos, en motas que se asemejan

al sarpullido de la escarlatina,

entre una intensidad hedonista

y, a la vez, purgante.


Sabes que la temperatura

está a punto de provocar un incendio

donde no quedarán indemnes ni las piedras.


Pero tú callas en esta combustión

sin llamaradas que anuncien el peligro.

Sabes que los buitres se comerían tu hígado

y los niños echarían más leña al fuego

en un castigo inquisitivo.


Te lanzas cada noche desde la torre.

Bordas en un sudario esta fiebre:

delirio borracho

de mirar el cortafuegos en que me has acorralado,

bebida de mi propio veneno.

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