Un hilo hacia el otoño
Esta noche, sobre las dos de la mañana, la lluvia ha roto el paisaje en vellosidades de agua. Me desperté sobresaltada por un ruido meloso de una tormenta cantarina. Y, somnolienta, quise comprobar que ese aroma de ceniza húmeda y descanso callejero no era un sueño en mitad de la vigilia. Sí, era verdad: gotas diagonales mojaban las aceras y sentí una congoja ante la manera que tiene la naturaleza de borrar los pasos, el olvido de los manteles, de las voces, de las conversaciones escritas al Olimpo de las pantallas. E inhalé antes de decir adiós, mientras un mundo que nunca aconteció flotaba hasta desaparecer entre los enrejados de la alcantarilla.