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Mostrando entradas de 2026

Reseña Maravilloso miedo de Javier Gallego Dueñas

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Maravilloso miedo , de Javier Gallego Dueñas Ediciones Liliputienses  Hay viajes que comienzan cuando dejamos atrás una ciudad y otros que empiezan mucho antes, en ese territorio movedizo de la memoria donde regresar significa también descubrirse. « Maravilloso miedo» , de Javier Gallego Dueñas, se construye precisamente desde ese desplazamiento: un viaje hacia una ciudad que acaba convirtiéndose en un viaje introspectivo. Poeta, reseñista, doctor en Sociología y docente, Gallego Dueñas articula un libro en el que la poesía está en permanente movimiento. Su voz avanza entre la oscuridad y la luz, entre la nostalgia y el presente, entre la experiencia íntima y la mirada crítica hacia una sociedad que, con frecuencia, parece haber convertido la vida en una sucesión de trámites. El poeta observa ese mundo y no se limita a describirlo: lo atraviesa. En sus páginas encontramos una prosa poética de ritmo dinámico, cargada de metáforas y salpicada de cierto surrealismo que permite que la ...

Reseña Los tulipanes son demasiado rojos, de Teresa Gómez

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  Hay libros que llegan a nosotros por una recomendación, otros por una casualidad. En mi caso, Los tulipanes son demasiado rojos , (Bartleby Editores), de la poeta granadina Teresa Gómez, llegó de la mano de Sylvia Plath. El título, tomado de un verso de la poeta, fue suficiente para despertar mi curiosidad lectora; después sería la propia voz de Teresa Gómez la que me atraparía. Una voz que no necesita levantar el tono para hacerse escuchar y que encuentra en la poesía una manera de mirar de frente. Licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía, Teresa Gómez articula el libro en cuatro partes: «Equipaje contra el frío», «El ruido de lo efímero», «Detonación» y el poema final que da título al conjunto. En «Equipaje contra el frío» me ha interesado especialmente el lenguaje como ente (onomasología), como materia viva que ha ido dando forma a los elementos y a cuanto la poeta observa. También la reivindicación de la obra y de la presencia femenina en el arte, junto a unos verso...

Reseña La complejidad de Electra por Javier Gallego

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«La complejidad de Electra es una revelación incómoda, una verdad que no se deja domesticar, una herida que no termina de cerrar porque su función no es sanar sino recordar». http://profundamensuperficial.blogspot.com/2026/09/resena-de-lluisa-llado-la-complejidad.html?fbclid=IwdGRjcAUfTvFjbGNrBR9O6nBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEewPGQfmqpjvrXbPQd3AT6DhD8trL4uuO3Z2bUvDoAEB-hFaQERwdO760mKuI_aem_EIdJl1V7XleHcFdWpFgfaQ&m=1

Casa Maru

Las casas contienen paradojas que desafían a la retórica y al pensamiento de una AI. Casa desnuda, vestida con el ropaje más suntuoso. Ruido cápsula que retransmite un reguero de portarretratos, como si la vida pudiera paralizarse en silencios. Y el plato despojado en el parador que, en un ayer, fue vergel de viandas. La puerta que contaba el tránsito de los pasajeros del hogar. Casa en pieles, con el tumulto, con el olor acre del polvo, de estancia cerrada, del grifo caudal y las arañas bailarinas en los recuadros de yeso. Yo he sido muy feliz en estas paredes de albañilería que fueron edén de piedra. Tal vez la rutina mata la mirada. Y los recuerdos de regalos de boda y patios nazaríes revienten contra el piso con el mínimo temblor de tierra. Pero una cosa es cierta: el amor es un limonero de frutas ácidas, con la delicadeza de una caricia.

Narcolepsia

Tal vez lleve a cuestas una encrucijada: la tarea de devolver al latido un bloque marmóreo. Llevo años tras la escultura cobijo de un cortinero inexistente. Golpe, zanja, surco en obra maestra de la incredulidad que cuartea sus manos antes de abrir una brecha sobre tu pecho. He pateado con fuerza el hieratismo, el muro de Berlín, el ocaso de nuestros cisnes tras el horizonte de una apuesta. Cuando saliste del hospital, tu amor se quedó en alguna sala muda. Tu rostro cambió sobre tu piel crisálida y mis fuerzas fueron alas de cemento. Yo te llamaba a gritos. Pero tú nunca regresaste. La medicina se apoderó de tu mente en un delirio de callejones sin salida. Te miro y no eres tú. Y en tu laberinto aúllas cerca de las paredes más altas. Fíjate cómo estoy: no tengo nudillos y el hueso me señala la puerta hacia la salida. Qué incrédula, creer en el milagro de que el amor puede con todo. Créeme que no, que la piedra que me hunde olvidó nadar en los charcos y mi cuerpo, choque malabar, está e...

Maldita manchega melancolía

Cruzar la meseta, con el runrún automovilístico: la cordura de las carreteras del pasado. Se me antoja el transhumanismo de una estatal americana. Ruta desértica, ambidiestra, de líneas discontinuas. Cremallera de asfalto que atraviesa la tierra: eólica, atolladero de metal, con pueblos crisantemos amamantados de masas industriales por guirnaldas de camiones y un eco de sol motor. Cash acompaña con su cante plañidero y el sofoco aorta al cuello con la sed caliente: mancha, hojaldre, vino y quesería. Cruzamos la Ruta del Mediterráneo, como almas en pena bajo el ocre del paisaje. Rótulo azul, despeñaderos, pantanos agónicos o asesinos, según el descaro de la lluvia. Así son mis arterias. Amarillo y melalcoholía.

Pompeya

Existen familias que son clanes y, sin sangre, verdaderos parientes. Lazos que ahogan desde la niñez con la apariencia tranquila de que el amor incondicional no es gratuito. La crianza en este territorio se transforma en una penitenciaría. El problema surge cuando la nota rompe el eje. Contradices el canon. Chillas la incoherencia frente a la alineación porque eres la oveja negra en una manada de lobos. La expulsión del edén, el ostracismo recalcitrante. Con los años aprendes a mirar desde la distancia los rosales que crecen entre las grietas. Subes al muro, has aprendido, a pesar del alambre, a trepar entre los adoquines. Observas, durante el tiempo que concede tu fuerza, la vida delineada en otras vidas. Llevas años de escalada y el reloj gira sus agujas con la atadura a un suero de incertidumbre. Quizás tu voluntad no se rinda, pero tu cuerpo acusa la desesperanza y te ha cortado los pies.

Un hilo hacia el otoño

Esta noche, sobre las dos de la mañana, la lluvia ha roto el paisaje en vellosidades de agua. Me desperté sobresaltada por un ruido meloso de una tormenta cantarina. Y, somnolienta, quise comprobar que ese aroma de ceniza húmeda y descanso callejero no era un sueño en mitad de la vigilia. Sí, era verdad: gotas diagonales mojaban las aceras y sentí una congoja ante la manera que tiene la naturaleza de borrar los pasos, el olvido de los manteles, de las voces, de las conversaciones escritas al Olimpo de las pantallas. E inhalé antes de decir adiós, mientras un mundo que nunca aconteció flotaba hasta desaparecer entre los enrejados de la alcantarilla.

Picaduras

  I El otro día, una araña me picó en el empeine. Fue una punzada. Se puso negra toda la zona afectada y el picor fue irritante  durante el tiempo que el veneno besaba mi sangre. Ahora, un moretón y unas costras forman islotes de piel malherida. II Yo sé que el amor, en ocasiones, te ataca como un insecto que, ante el desconocimiento, inyecta su ponzoña. III Déjame libre, por favor. No sigas alimentando la sarna con tu delicadeza más absoluta. Déjame en mi fondo. Cerca de la altitud de la palabra. IV Yo siento aún la irritación cutánea, ya que una picadura de arácnido implica una necrosis de roales inciertos. V No sé cuándo sucedió. Fue cuando me quité los zapatos y, descalza, estiré mis pies como un pico de gorrión ante una semilla. De repente, noté una quemazón en mi pierna derecha y una serie de ampollas emergieron tras el escozor más insoportable de la tarde. VI No sé cuándo sucedió. Tus ojos atravesaron los cristales bajo la lluvia, y tus pupilas se enzarzaron con mi reti...

Compadre

Se me caen las lágrimas. Se me empañan las mejillas. Iván, poeta y buen hombre, ha comunicado la partida de su mujer, Marga, y me he quedado de piedra, pensando en sus hijos aún pequeños. Este mundillo de locos, donde en una esfera agónica rendimos pleitesía a las instantáneas, opacos duermen aquellos que, en su enfermedad, dejan un rastro de plenilunio. Goteos en el hospital, como una lluvia contenida de la quimioterapia que alimenta la flor salvaje de una tundra repleta de serpientes. Querido amigo Iván, bético y de poesía de titanio, hoy nos has escrito el poema más difícil sobre un melancólico muro. ¿De qué sirve luchar entre los monos artificiales en esta semana que se supone que es la vida, de prioridades perversas, de dinero congelado para mítines, misiles y mediocridades? Lo siento tanto que me he negado a contemplar la belleza absurda del eclipse. En una fantasía que anestesia los ríos con residuos, la fruta transgénica, el aire perfumado de toxicidad desesperante. Te abrazo. ...

Helipuerto

En este dilema revolotean los aeroplanos  y un helicóptero vigila el oleaje. Cuánto amor fingido en esta discoteca que, con la luz del día, no es más que un antro de moqueta y bombillas azules. Estoy sentada mirando la amplitud del cielo y no puedo evitar el gran malestar que guarece mi piel de otoño. ¿Qué número del calendario fue el que cambió mi latido? ¿En qué madrugada, mientras migraban las ánades, amaneció un ángel drogadicto y ha ocupado mi pecho? ¿Cómo he caído en su estrategia? Y este dolor agudo de juncos-látigo sobre mi respuesta inmune, tan insoportable como clavar chinchetas a la luna. Debo ser fuerte y huir. Romper la cuerda que, con gracia británica, tricota en su mundología. Porque esta presión es insostenible en mis muñecas de coleccionista. Tú ya me tienes segura... Créeme que morderé las lianas hasta volver a ser libre, porque yo no quiero una vida a medias. Sol, mar e infinito.

Pellizcos de desazón en la lengua

No existe una nube que no lleve la inicial. Esta pinza que herbicida estrangula mi ánimo, cavilando la verborrea de un silencio. La contradicción de los hechos,  como si se tratara de un documental que narra enigmas de una palabra inexistente  en el diccionario. Supongo que, sin duda, es la definición de lo que sucede. Aunque no entienda nada de este nuevo idioma y no pueda dejar de pensar en ti. Con un mar. Con un show. Con un confín.

Búcaro

Cuando un amor termina estoy segura de que algún jarrón en Manhattan se rompe. Caen las flores alborotadas en un mestizaje de tonos y el agua derrama un pequeño entuerto sobre una repisa de mármol. De repente, la tristeza embarga un trozo de cristal poliédrico. Yo sé que nuestro amor, cariño, ha terminado y no puedo evitar cortar los hilos de la chaqueta que la nostalgia remueve por nosotros. El tapete se ha empapado. Un tapete con bordado de tulipanes. Yo luché mientras fuimos un atrezo de cómoda en un escaparate de lujo. Como un jabalí que cruza todas las carreteras para encontrar un bosque inanimado, envuelto en llamas. Un jarrón que, por un toque, ha tambaleado hasta el suicidio. Un animal salvaje: siniestro en el asfalto bajo las ruedas de un atropello. Yo sé cómo queda el escenario de un percance fortuito. El amor se termina. Y mi piel se derrama en pétalos entre la humedad y el cloro. Y alguien siempre huye despavorido cerca de una estación de servicio y observa el accidente de ...

Las cosas raras que suceden en el corazón

Tu forma de mirar el mundo dialoga conmigo. El ladrido del cofre que habita  entre mis senos, ha dado aviso  de lo innegable. Golpeo con fuerza  para cerrar su ventana, no quiero que un efluvio carcelero  sea el peor secreto escrito en mis ojos. Te imagino sentado  en una esquina observando el diálogo  que ofrece la noche. Seductor por naturaleza:  la tierra fértil de tu rastro  que emerge hacia el desvarío de la flores. Música de jazz y un ángulo de luz que osa a iluminar la radiografía  de los errantes. Y yo aquí, espectadora de mi particular nihilismo  abro el arca, que lancé al mar  hace siglos, para devorar las palabras  de la "tormentalidad". Pero el sueño claudica  mi voluntad de poeta  y repito tu nombre  con el sonido pájaro del alba. Estoy enamorada. Y no sé cómo ha ocurrido. Y golpeo con fuerza al can  que arde en el afán por ver  a ese hombre que escucha la catarata  del tiempo. Y yo av...

Reseña Madera de sueños de Amelia Serraller

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«Madera de sueños» (Ondina Ediciones), es un poemario de Amelia Serraller que convierte la memoria, el amor, la pérdida y la identidad en materia poética, pero que no permanece encerrado en la intimidad. El libro amplía progresivamente su mirada hasta abordar los conflictos bélicos, las migraciones, la violencia de género, la sociedad tecnológica y las contradicciones del presente. Organizado en seis secciones, con prólogo de Alberto Morate, el volumen traza un recorrido entre lo personal y lo colectivo. Las ciudades del mundo funcionan como territorios de la memoria y como piezas de una identidad que se reconoce múltiple, hecha de viajes, vínculos, antepasados y lugares. La autora escribe también desde la pérdida y el homenaje. Padres, familiares, amigos y compañeros de poesía aparecen convocados desde el afecto, mientras que la conciencia social introduce una voz inconformista que cuestiona la indiferencia ante la lucha, la violencia y una realidad dominada por la prisa, el consumo y...

Azafrán y coordenadas

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¿Después del incendio que queda  del polvo enamorado? La raíz, en los territorios, del latido, con un código de cardiología, que místico  norte acuña el swing  de encantos angelicales. He recorrido París  en un gesto de revolución  para quedar impregnada  de una magnificencia desconocida. La aristocracia que bulle en mis arterias  se rendía ante los que solicitan mi cabeza  bajo el lustre de la guillotina. El Sena, río de puentes, abría compuertas  de canales frente a los arrecifes de los prados. Napoleón tenía que ser de este distrito. Como Virginia Wolf  fue la petunia del Tamesis. La desfavorable. La inquieta. La trotamundos.

Sobresalto

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A las tres de la mañana han tocado a la puerta. Me he sobresaltado y, por unos instantes, he permanecido inmóvil, como si fuese a timar el tiempo en su odisea. Ya no he podido dormir. Llevo encerrada una vida: siete años en el Tíbet, y durante este confinamiento no he dejado de sobrescribir la historia de los adverbios. He cocinado para una familia de soldados. He plantado los esquejes que oculté en la maleta: plantas resilientes que arrancó, de cuajo, la poderosa mano de mi madre. He leído un manuscrito que me fue entregado como un vástago con los ojos de una corona. He perdonado la vida a las arañas. Libros, galletas de fresa y café. Hoy, Gloria Fuertes, en su aniversario, bendice la poesía de todos los que habitamos en el fondo de la arena. Somos lenguados de literatura: dementes, zombis, taras de fábrica. He recibido muchos mensajes. Demasiados para mi vanidad, que reside con vistas al muro. No poder abrir las ventanas te ahoga en una cámara de gas, mientras las flotas aéreas sobre...

Dante life

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La noche podía abrirse con un delicado bisturí; era una nebulosa compacta. La resurrección del olor de la chimenea, que, atascada, había llenado la estancia de un humo corrupto, volvió a viajar en el tiempo. Los nidos de los pájaros obstruyen la salida y nos hemos olvidado de mantener en condiciones aquello que, en lugar de dar lumbre, te asfixia. Mis ojos contemplaban aquella maldita neblina de King que iba apoderándose de las ranuras; obscena, como un preludio de muerte, se filtraba, gaseosa, por doquier. Entonces sentiste en el pecho la patada cruel de quien ha sobrevivido a una guerra bajo las manos de un carcelero. Los aviones son avispas con vientres acuíferos en una contienda que lo ha quemado todo: los recuerdos, el oxígeno, hasta las ganas de vivir. En tu mente descubriste que aquella casa ya no era la mía y que habías aprendido a amar el cuerpo de otra patria. El ahogo. La antorcha visceral de la impotencia. Un mundo sobre una pira y solo un puñado de arena para apagar el inf...

La sonrisa de un millón de dólares

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Impertérrita en tu pose, cuesta bastante adivinar tus pensamientos. Aunque intuyo que el hartazgo se refleja en tu mirada, muda vas lanzando un reguero de maldiciones. ¿Por qué no te dejan descansar en paz? Ocultan, con un paño de seda, el desnudo mundano que significa estar expuesta como una vitrina en el barrio rojo. La gente, presa del delirio, se agolpa inútilmente, como quien desea besar el relicario de un torero. Una soledad pictórica entre bastidores irradia una serenidad trastocada: su amargura suicida, colgada de un clavo. La tristeza, erosión de gatos; los trémulos móviles cacarean el absurdo de encontrarnos ante un postín sin esperanza.

La sala de los espejos

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 ¿Te ha ocurrido alguna vez que es el espacio el que te observa y te evalúa? Cada tabique y cada rincón te analizan hasta provocarte un levítico escalofrío, mientras tus ojos son dos gotas de lluvia.

Nocturnidad estelar

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De repente, te quedas sin batería en el móvil.  Y emprendes un ejercicio titánico para retener cada lienzo, cada trazo y cada textura en tu mirada hereje. «La noche estrellada» de Van Gogh fue regresar a un momento de mi vida: un recuerdo amarrado a una bahía mediterránea con un millón de estelas.

Cuello de cisne

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París es una ciudad mayúscula, con avenidas tan anchas que, más que barrios, parecen poblaciones. Observar de cerca la Torre Eiffel, con su cuello palmípedo regentando el cielo, te enseña lo pequeño que es el ser humano. Es un ejercicio de humildad que me devuelve a un verso de Emily Dickinson:  «Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie».

En canal

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Bajo esta cúpula nunca llueve. Los jardines más selectos moran en frascos de distintos colores. El maquillaje de los rostros representa un frenesí desaforado. ¿Qué labios ostentarán el regio tono burdeos? ¿Qué manos sostendrán el bolso más codiciado de las revistas de moda? Nada vale, ni un mísero euro, sin la esperanza parisina del amor.

Salomón

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Uno de los cuadros que más me ha impresionado es «El juicio de Salomón». No habla únicamente de la maternidad, sino de la dificultad de tener que decidir cuando cualquier resolución parece abrir una herida. Hay instantes en los que la verdad solo se revela cuando alguien está dispuesto a renunciar a lo que más ama. Qué poco cuesta el sacrificio desde la grada de quienes acusan a hurtadillas y señalan con sus dedos artríticos.

Llorar como una magdalena

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La espiritualidad que nos pertenece, aquella que se agolpa en una transferencia de energía. El templo: el bastión de un cuerpo que acompaña a su sombra fiel en la tropelía mundana de la llama errante. Camino entre la oscuridad cada jueves para florecer con el acto de la luz que osa romper el misterio. Los sustantivos siempre viajan con cierta adjetivación. El verbo es el alma que, en su remota fe, extrae la sangre de la palabra. París ha sido una comunión. Una puerta a un mundo que lleva demasiado tiempo sin mirilla. Estoy aquí, seducida por el brioche, la piedra y este olor a jazmín que me persigue. Entro en Madeleine y observo lo mundano, la muestra de aquello que habitamos. Un chico, de rodillas, se santigua y yo recojo las piedras que me han ido lanzando para entregarlas como ofrenda. Mi corazón late. Nota de página: Yo tenía una hermana por parte de padre. Ella se llamaba Magdalena. Murió hace muy poquitos años. Dejó huérfanos de madre a dos gemelos. Un cáncer fulminante le segó l...

Gladiolos

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Las flores y el pan son los símbolos de mi familia. Cuando me quedo bobalicona observando el escaparate de una floristería, me permito el lujo de volver a ser niña. Los cubos de agua repletos de ramilletes. Las manos de nuestras madres, manchadas de polen, como las manos de mi padre cubiertas de harina. El oficio de la tierra. Por eso me conmueven los ramos de trigo y rosas rojas: la combinación perfecta entre la redención, la vida y la muerte. La semilla siempre dará un fruto; en cambio, de los pétalos solo nacen poemas. Ensuciarse las manos nos hace libres.

Púas

La felicidad en tu rostro  llega sin previo aviso. Cuando la alegría se asoma libélula, la sorpresa acude con sus mejores galas y evoca como un vapor rosáceo  aquella vida en que tú y yo fuimos agua y fuego. Los geranios se ríen a carcajadas, y los patios lucen sus losas   con el ardor del sol. No pesa el olvido  y abrazo al hombre que fuiste  y que, de vez en cuando, decide regresar. Ese instante de cascabeles  que ronronean en su metal  canciones de festejos. Tú, en tu corporal, en tu azalea, en el zumbido de los insectos sobre las flores de los cactus. Pero yo no me engaño  porque regresará el torrente  de barrizal y caña. Tu rostro  será el hombre que me dejó en mitad  de una acera. Y cobijaré a la tristeza de lo que  florece para marchitarse con la noche. Volverá tu piel distinta. El gesto árido de los que extravían  la ensoñación.  Y sé que mañana te habrás marchado. Y tu cuerpo me negará tres veces.

Relámpagos

En verano, acontecen las tormentas eléctricas, un relámpago que, de repente, en su vértice  concede la pausa  antes de la radiación. Estío de pulmones secos, de pieles conteniendo cauces  en la danza recóndita  de la lluvia de la nostalgia. Todo resta mudo. Nada suma al hedor del cemento. De la ropa en guirnalda  con su ausencia total de brazos, de rodillas, de barrigas y espadas. La atmósfera  que establece el azar de los pararrayos. Con su quietud a merced de Poniente  aguardando el impacto  de un trueno amoroso. Yo te contaría un secreto. Pero estoy segura de que para bien o para mal, como el astro que se eclipsará en agosto, los cirros predicen las inclemencias  y tú, de mi lluvia,  ya sabes sus derrotas y victorias: un campanario sin cigüeñas.

Pez plateado

La canícula alardea su hervor  entre los pliegues. Exhaustiva licencia, la del estío, que cubre de fatiga  el ritmo de los transeúntes. Las hojas inmóviles,  en su pose hierática,  se convierten en estatua de una fotografía. Y aquí, poeta sudorípara, letargo la lucha diaria  del desierto que copa mis pasillos. Escribo un poema maltrecho  en un libro. Sorbo acacia del vaso,  el agua con limón  como una absenta que me protege de la sed. Pero no logra colmar este abismo  de asfalto crujiente  capaz de desintegrar, a las tres de la tarde, cualquier pensamiento  de escarcha. En este sopor de ascuas,  entre un vacío tan gigante  que el infierno ha abierto su candado para encandilar, desde su incandescencia, las almas de la sequía. Cae un rayo y fulmina la flor. Cierro la boca para no pronunciar el nombre, mientras miro a los pájaros  que vuelan hacia otras latitudes, donde los lagos exponen su salinidad  y las zancudas...

Consumición

Las montañas arden mientras los artefactos sobrevuelan  esta cerilla. Llamas, llamas y llamas. ¿Qué cobijo guarece la furia? Mientras circulo con mi coche cada rotonda,  el nudo de corbata de mi lengua  reduce a cenizas la palabra. Sí, porque una simple palabra  es capaz de desencadenar una catástrofe. Encender las cortinas  y, en una hoguera, devorar el oxígeno  de la garganta.  Fuego entre la anatomía del abecedario,  una combustión para que la antorcha,  que se apropie de los espacios de un texto, sea una ráfaga sagrada al dios Vulcano. Verbos capaces de arder como Roma. De consumir la paz  de los muros de madera. La oda de los pirómanos:  árboles naranjas  alzando sus tentáculos  hacia las nubes. Y quemarse por dentro  como un sol malherido. Ll.Ll.

Reseña «Birding» de Lourdes Vicente Bertolín

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Birding , de Lourdes Vicente Bertolín Prólogo de Antonio Méndez Rubio.  Huerga & Fierro Editores Con Birding , Lourdes Vicente Bertolín consolida una de las líneas de fuerza que atraviesan su trayectoria poética: la exploración de la identidad a través de los vínculos afectivos y la naturaleza concebida como espacio de revelación. Si en su anterior poemario La intemperie : la imagen de los hilos articulaba una poética de la conexión — hilos que podían leerse como raíces, vínculo y permanencia—, en esta nueva entrega el ave ocupa el centro simbólico de una obra que despliega un vasto repertorio de resonancias espirituales, sociales y genealógicas. La genealogía, en particular la femenina, reaparece como una constante en la escritura de Bertolín. La figura materna emerge entre los pliegues del texto como presencia fundacional, origen de una memoria que se transmite entre generaciones y que encuentra en la palabra poética una forma de permanencia frente a la desaparición física d...

Combustión

Tal vez, lejos de las hogueras  de las vanidades,  mi refugio sea el campaniforme sonido, el lomo verde de esta horizontalidad. Exigimos tanta efervescencia  a la luz solar de la noche  que aquí, en esta piedra, bien pudiera ser  una lar para el sacrificio. Los tronos pétreos en el océano  ahogan a cualquiera que vaya de estrella. Los calamares se revuelven. Las medusas no disponen  de la cronología del oleaje. Qué poco tiempo para el fuego, que con su crepitar consume  la lealtad entre leños y astillas. Tal vez, lejos del mar, una encuentre los barcos  que oculten las intenciones, por muchas puestas en escena: el fuego es el fuego  y se necesitan muchos grados  para fundir el hierro y la verdad.

Corredurías

En este árbol de olivas  haya más huesos que pulpa, el sortilegio de lo luminoso  que traspasa el mutismo de los encajes. Recuerdo a mi abuela frente a su ventana, observando el mundo, el ruido de las azoteas bajo los pilares de sus pies inanimados. Ella no podía caminar. La deformidad se había instalado  en protuberancias de poemas  y observaba, desde su trono de invalidez, la hecatombe de la vida. Yo era su sombra, y aprendí con ella,  la primera lección técnica  de escribir poesía: el silencio. Estar con los ojos vertidos  al exterior para ver cómo corretean los aceitunos detrás de un visillo viejo,  que guardo como una joya,  con la distancia de sus piernas  en mi memoria.  Mullidas y hermosas,  como amamos a los seres que nos importan. Ll.Ll.

Reseña "Plancton" de Sonia Bueno

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  "Plancton", publicado por RIL Editores, es un libro cuyo propio título contiene ya una declaración poética. El plancton, conjunto de organismos diminutos que habitan suspendidos en las aguas y cuya existencia resulta casi imperceptible a simple vista, constituye una metáfora perfecta de la propuesta de Sonia Bueno: una multitud de instantes, voces y tiempos que, aparentemente dispersos, terminan formando un organismo poético único y original. Desde sus primeras páginas, el poemario despliega una arquitectura basada en la fragmentación. Los espacios en blanco adquieren una función expresiva esencial; son silencios que dialogan con los versos y participan activamente en la construcción del significado. Como ocurre con la riqueza invisible de los ecosistemas marinos, cada elemento parece autónomo, pero la suma de todos ellos genera una entidad propia. Los vacíos no dejan indemne al lector: jerarquizan el texto, regulan el ritmo y convierten la lectura en una experiencia de esc...

El descenso a los infiernos

Odio tomar este medicamento: la nulidad de la vida del año que nunca existe. A veces el desánimo  se apodera de mi entidad  y me convierto en una masa  sobre una plataforma. El arrastre del mal  transporta el alga hacia las aperturas  del puerto. Odio esta supeditación enferma  y el apoderamiento de mi ser  frente a la abstinencia. Odio este maldecido temblor,  las neuras que la dolencia provoca. Esta cabeza cascabel. Estas manos de tintineos. Odio. No. Me odio a mi misma  por no haber sido lo suficientemente fuerte  y ceder ante el agravio, el bochorno,  el desprecio reiterado de lo que se supone  debía protegerme. A tal extremo de hastío  que me incapacitaron y me robaron lo que más amaba. El odio no sirve de nada, poesía, solo acusa los efectos secundarios,  empeora los síntomas, el odio es un valor corrupto. Debo aceptar mi proclive. En esta soledad. De neurología enferma  donde la omnipresencia de mi cuerpo...

Agotamiento

Cae la gota en una continuidad  trémula. La indecisión del silencio acuífero  que intermitente  habla, musita, calla y desdice  en su reguero olímpico. Cae la gota  agoguera, ahogada, hacia el cuenco  desnudo  bajo la "aixeta". Quizás la bondad,  grifo a destiempo, grite, sílaba a sílaba, este pequeño sismo  en que el tiempo se detiene, en la pausa,  con el parpadeo paisajista  de todo aquello que duele  hasta el desbordamiento. Cae la gota, membrana transparente,  y la paciencia termina,  y el mantel se mancha con la anarquía  de una gravedad absoluta. Cae la gota para que tú te vayas de mi vida. Cuando la indecisión afecta el paso y anegada decides que colmó  la insuficiencia de las cosas  que rítmicas ceden a la inmensidad del segundo. Cae, cae, cae. Gota, gota, gota.

La calle tristeza

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En ocasiones, un gato se apoltrona en mi pecho: una tristeza felina que ronronea  de un modo desafiante. Hago esfuerzos para calmar su ansia  con libros y tisanas de cortezas, pero él se arremolina entre mis costillas  y mueve su cola con latigazos  directos a los bronquios. He recorrido Úbeda  con él amarrado a mi tórax  igual que un primate se aferra a un árbol. Lo he increpado en varias ocasiones,  pues no soportaba sus uñas calcáreas  enrredadas al caos de mi corazón. Le doy trozos de palabras  y digiere los más bellos paisajes del planeta. Pero ruge a su hora  como una bestia maldita, remueve esta paz  en bolas de pelo negro ajeno al tamaño  que ocupa.

Trofeo

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Te levantaste un día con un martillo en la mano  y golpeaste cualquier atisbo de felicidad. ¡Cataclán! Has roto el colmillo, el espejo que te devuelve a tu hermana. Has hecho trizas el poema,  la sábana sagrada que envuelve  la cardiología de tu cuerpo. ¡Pum! No tienes piedad con tu sombra:  proyección melancólica en la acera. Tu sentido tiene un vado. Tu dirección, una señal prohibitiva. ¡Suelta el maldito martillo! Me reclaman. El puño se abre como una flor en una cochera. Respiro ante el deceso de mi herramienta-arma. Acaricio las paredes con mi brazo,  una liana verde que hurga el muro,  que sorbe las aguas entre las cañerías. Pido vuestra tregua. Y por un instante nado entre la atmósfera  del desprendimiento de un trauma. Sobra la herida fácil  de un pétalo en un charco, un amor sin escudo  ni el mazo cruel de la purga con las manos vacías.

Reseña literaria de "Hombres que les faltaban los dedos, de Carmen Hurtado Pérez

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  En "Hombres que les faltaban los dedos", publicado por RIL Editores; Carmen Hurtado Pérez construye un esqueleto literario que se sitúa deliberadamente en la frontera entre el ensayo poético, la investigación interdisciplinar y la escritura experimental. El libro (rico en datos, atravesado por un prólogo de la propia autora y sostenido por una voz que rehúye la puntuación convencional), se despliega como una partitura verbal: rítmica, sin comas, con la cadencia de un piano que rehace el lenguaje como si lo golpeara con precisión científica y sensibilidad artística a la vez. La mano es aquí protagonista absoluta. No como motivo, sino como territorio. Hurtado Pérez la explora desde la antropología, la biología, la historia y lo social, hasta convertirla en un símbolo totalitaria: herramienta de conocimiento, extensión del pensamiento, archivo de la evolución humana. En su propuesta, la mano no solo hace el mundo; lo interpreta, lo hiere, lo domestica. Es caricia o castigo, pa...

La playa

En la esquina del abismo  de mi cama  el Minotauro se sienta, incapaz del derrumbe. Yo siento, con todas mis ramas  de matorral malherido,  esta eternidad de isla. La ola que mece la palabra "llaüt", el espejo sol en las mejillas  en una tarde de estío. Transitan en mi memoria  los galgos de la mañana  en un vírico carrusel. Yo te prometo, hubiera preferido  que mis ojos fuesen de perdiz amorosa  pero el cuchillo tiene complicada la misión  hacia la ternura. No deseo hacer daño. Por eso en mi agonía  me convierto en una palmera boreal  que sostiene los brazos  de la existencia. No deseo hacerte daño. Me gusta atropellar trenes. Ver los patos en los estanques, libres y lustrosos, antes que en un plato de loza. Como con las manos. Río hasta que la campanilla  toca ceremonias... Viajo a las profundidades  con la misma facilidad que un submarino. Pero yo musico mi latido, cronificación del trauma, a pesar de los fárm...

Reseña "Inmerecidas ruinas"

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La relación con Linares no es un simple dato biográfico en el caso de Anna Isabel Camacho: es también una forma de entender la raíz, la memoria y el lenguaje. Que autora y reseñadora compartan cierto vínculo con la ciudad jiennense añade una capa íntima a la lectura de “Inmerecidas ruinas”, publicado por RIL Editores, un libro que se erige como un verdadero alegato sobre el cuidado y la simbiosis. La introducción, sostenida sobre cuatro textos de Jesús Aguado, ya anticipa el territorio emocional y matérico que atraviesa la obra. Anna Isabel Camacho estructura aquí un lenguaje deconstruido, desprovisto de artificio superfluo, donde prevalece la emoción sobre la forma. El libro nos traslada a un tránsito de palabras, acciones verbales y espacios; un recorrido donde cada poema parece dialogar con aquello que ha sido desgastado, olvidado o erosionado por el tiempo. Tal vez “Inmerecidas ruinas” sea la imagen onírica de toda aquella materia que ha sido desprovista de esencia, superficie o to...

Reseña El Alma por la boca de José Iniesta

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"El alma por la boca" (Editorial Pre-textos), de José Iniesta, es un libro de depuración y de hondura. Construido a partir de formas breves cercanas a la soleá, el poemario apuesta por una palabra contenida, casi sentenciosa, donde cada pieza funciona como una revelación mínima, pero intensa. Desde sus primeros versos se percibe una escritura que nace de la necesidad: el poema como fuego interior, como tentativa de dar luz a lo que arde dentro. Esa tensión entre lo que se vive y lo que se nombra recorre todo el libro, convirtiendo la voz poética en un espacio de búsqueda más que de afirmación. La presencia de Antonio Machado se advierte no tanto en la inspiración como en la actitud: el camino, la conciencia del tiempo y la mirada sobre lo sencillo adquieren aquí un peso simbólico. La piedra, el tránsito, la luz de las mañanas o la experiencia del paso se convierten en signos de una reflexión constante sobre la fugacidad y el desgaste de la vida. El amor (encarnado en Teresa, ...