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Reseña «Birding» de Lourdes Vicente Bertolín

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Birding , de Lourdes Vicente Bertolín Prólogo de Antonio Méndez Rubio.  Huerga & Fierro Editores Con Birding , Lourdes Vicente Bertolín consolida una de las líneas de fuerza que atraviesan su trayectoria poética: la exploración de la identidad a través de los vínculos afectivos y la naturaleza concebida como espacio de revelación. Si en su anterior poemario La intemperie : la imagen de los hilos articulaba una poética de la conexión — hilos que podían leerse como raíces, vínculo y permanencia—, en esta nueva entrega el ave ocupa el centro simbólico de una obra que despliega un vasto repertorio de resonancias espirituales, sociales y genealógicas. La genealogía, en particular la femenina, reaparece como una constante en la escritura de Bertolín. La figura materna emerge entre los pliegues del texto como presencia fundacional, origen de una memoria que se transmite entre generaciones y que encuentra en la palabra poética una forma de permanencia frente a la desaparición física d...

Combustión

Tal vez, lejos de las hogueras  de las vanidades,  mi refugio sea el campaniforme sonido, el lomo verde de esta horizontalidad. Exigimos tanta efervescencia  a la luz solar de la noche  que aquí, en esta piedra, bien pudiera ser  una lar para el sacrificio. Los tronos pétreos en el océano  ahogan a cualquiera que vaya de estrella. Los calamares se revuelven. Las medusas no disponen  de la cronología del oleaje. Qué poco tiempo para el fuego, que con su crepitar consume  la lealtad entre leños y astillas. Tal vez, lejos del mar, una encuentre los barcos  que oculten las intenciones, por muchas puestas en escena: el fuego es el fuego  y se necesitan muchos grados  para fundir el hierro y la verdad.

Corredurías

En este árbol de olivas  haya más huesos que pulpa, el sortilegio de lo luminoso  que traspasa el mutismo de los encajes. Recuerdo a mi abuela frente a su ventana, observando el mundo, el ruido de las azoteas bajo los pilares de sus pies inanimados. Ella no podía caminar. La deformidad se había instalado  en protuberancias de poemas  y observaba, desde su trono de invalidez, la hecatombe de la vida. Yo era su sombra, y aprendí con ella,  la primera lección técnica  de escribir poesía: el silencio. Estar con los ojos vertidos  al exterior para ver cómo corretean los aceitunos detrás de un visillo viejo,  que guardo como una joya,  con la distancia de sus piernas  en mi memoria.  Mullidas y hermosas,  como amamos a los seres que nos importan. Ll.Ll.

Reseña "Plancton" de Sonia Bueno

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  "Plancton", publicado por RIL Editores, es un libro cuyo propio título contiene ya una declaración poética. El plancton, conjunto de organismos diminutos que habitan suspendidos en las aguas y cuya existencia resulta casi imperceptible a simple vista, constituye una metáfora perfecta de la propuesta de Sonia Bueno: una multitud de instantes, voces y tiempos que, aparentemente dispersos, terminan formando un organismo poético único y original. Desde sus primeras páginas, el poemario despliega una arquitectura basada en la fragmentación. Los espacios en blanco adquieren una función expresiva esencial; son silencios que dialogan con los versos y participan activamente en la construcción del significado. Como ocurre con la riqueza invisible de los ecosistemas marinos, cada elemento parece autónomo, pero la suma de todos ellos genera una entidad propia. Los vacíos no dejan indemne al lector: jerarquizan el texto, regulan el ritmo y convierten la lectura en una experiencia de esc...

El descenso a los infiernos

Odio tomar este medicamento: la nulidad de la vida del año que nunca existe. A veces el desánimo  se apodera de mi entidad  y me convierto en una masa  sobre una plataforma. El arrastre del mal  transporta el alga hacia las aperturas  del puerto. Odio esta supeditación enferma  y el apoderamiento de mi ser  frente a la abstinencia. Odio este maldecido temblor,  las neuras que la dolencia provoca. Esta cabeza cascabel. Estas manos de tintineos. Odio. No. Me odio a mi misma  por no haber sido lo suficientemente fuerte  y ceder ante el agravio, el bochorno,  el desprecio reiterado de lo que se supone  debía protegerme. A tal extremo de hastío  que me incapacitaron y me robaron lo que más amaba. El odio no sirve de nada, poesía, solo acusa los efectos secundarios,  empeora los síntomas, el odio es un valor corrupto. Debo aceptar mi proclive. En esta soledad. De neurología enferma  donde la omnipresencia de mi cuerpo...

Agotamiento

Cae la gota en una continuidad  trémula. La indecisión del silencio acuífero  que intermitente  habla, musita, calla y desdice  en su reguero olímpico. Cae la gota  agoguera, ahogada, hacia el cuenco  desnudo  bajo la "aixeta". Quizás la bondad,  grifo a destiempo, grite, sílaba a sílaba, este pequeño sismo  en que el tiempo se detiene, en la pausa,  con el parpadeo paisajista  de todo aquello que duele  hasta el desbordamiento. Cae la gota, membrana transparente,  y la paciencia termina,  y el mantel se mancha con la anarquía  de una gravedad absoluta. Cae la gota para que tú te vayas de mi vida. Cuando la indecisión afecta el paso y anegada decides que colmó  la insuficiencia de las cosas  que rítmicas ceden a la inmensidad del segundo. Cae, cae, cae. Gota, gota, gota.

La calle tristeza

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En ocasiones, un gato se apoltrona en mi pecho: una tristeza felina que ronronea  de un modo desafiante. Hago esfuerzos para calmar su ansia  con libros y tisanas de cortezas, pero él se arremolina entre mis costillas  y mueve su cola con latigazos  directos a los bronquios. He recorrido Úbeda  con él amarrado a mi tórax  igual que un primate se aferra a un árbol. Lo he increpado en varias ocasiones,  pues no soportaba sus uñas calcáreas  enrredadas al caos de mi corazón. Le doy trozos de palabras  y digiere los más bellos paisajes del planeta. Pero ruge a su hora  como una bestia maldita, remueve esta paz  en bolas de pelo negro ajeno al tamaño  que ocupa.

Trofeo

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Te levantaste un día con un martillo en la mano  y golpeaste cualquier atisbo de felicidad. ¡Cataclán! Has roto el colmillo, el espejo que te devuelve a tu hermana. Has hecho trizas el poema,  la sábana sagrada que envuelve  la cardiología de tu cuerpo. ¡Pum! No tienes piedad con tu sombra:  proyección melancólica en la acera. Tu sentido tiene un vado. Tu dirección, una señal prohibitiva. ¡Suelta el maldito martillo! Me reclaman. El puño se abre como una flor en una cochera. Respiro ante el deceso de mi herramienta-arma. Acaricio las paredes con mi brazo,  una liana verde que hurga el muro,  que sorbe las aguas entre las cañerías. Pido vuestra tregua. Y por un instante nado entre la atmósfera  del desprendimiento de un trauma. Sobra la herida fácil  de un pétalo en un charco, un amor sin escudo  ni el mazo cruel de la purga con las manos vacías.

Reseña literaria de "Hombres que les faltaban los dedos, de Carmen Hurtado Pérez

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  En "Hombres que les faltaban los dedos", publicado por RIL Editores; Carmen Hurtado Pérez construye un esqueleto literario que se sitúa deliberadamente en la frontera entre el ensayo poético, la investigación interdisciplinar y la escritura experimental. El libro (rico en datos, atravesado por un prólogo de la propia autora y sostenido por una voz que rehúye la puntuación convencional), se despliega como una partitura verbal: rítmica, sin comas, con la cadencia de un piano que rehace el lenguaje como si lo golpeara con precisión científica y sensibilidad artística a la vez. La mano es aquí protagonista absoluta. No como motivo, sino como territorio. Hurtado Pérez la explora desde la antropología, la biología, la historia y lo social, hasta convertirla en un símbolo totalitaria: herramienta de conocimiento, extensión del pensamiento, archivo de la evolución humana. En su propuesta, la mano no solo hace el mundo; lo interpreta, lo hiere, lo domestica. Es caricia o castigo, pa...

La playa

En la esquina del abismo  de mi cama  el Minotauro se sienta, incapaz del derrumbe. Yo siento, con todas mis ramas  de matorral malherido,  esta eternidad de isla. La ola que mece la palabra "llaüt", el espejo sol en las mejillas  en una tarde de estío. Transitan en mi memoria  los galgos de la mañana  en un vírico carrusel. Yo te prometo, hubiera preferido  que mis ojos fuesen de perdiz amorosa  pero el cuchillo tiene complicada la misión  hacia la ternura. No deseo hacer daño. Por eso en mi agonía  me convierto en una palmera boreal  que sostiene los brazos  de la existencia. No deseo hacerte daño. Me gusta atropellar trenes. Ver los patos en los estanques, libres y lustrosos, antes que en un plato de loza. Como con las manos. Río hasta que la campanilla  toca ceremonias... Viajo a las profundidades  con la misma facilidad que un submarino. Pero yo musico mi latido, cronificación del trauma, a pesar de los fárm...

Reseña "Inmerecidas ruinas"

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La relación con Linares no es un simple dato biográfico en el caso de Anna Isabel Camacho: es también una forma de entender la raíz, la memoria y el lenguaje. Que autora y reseñadora compartan cierto vínculo con la ciudad jiennense añade una capa íntima a la lectura de “Inmerecidas ruinas”, publicado por RIL Editores, un libro que se erige como un verdadero alegato sobre el cuidado y la simbiosis. La introducción, sostenida sobre cuatro textos de Jesús Aguado, ya anticipa el territorio emocional y matérico que atraviesa la obra. Anna Isabel Camacho estructura aquí un lenguaje deconstruido, desprovisto de artificio superfluo, donde prevalece la emoción sobre la forma. El libro nos traslada a un tránsito de palabras, acciones verbales y espacios; un recorrido donde cada poema parece dialogar con aquello que ha sido desgastado, olvidado o erosionado por el tiempo. Tal vez “Inmerecidas ruinas” sea la imagen onírica de toda aquella materia que ha sido desprovista de esencia, superficie o to...

Reseña El Alma por la boca de José Iniesta

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"El alma por la boca" (Editorial Pre-textos), de José Iniesta, es un libro de depuración y de hondura. Construido a partir de formas breves cercanas a la soleá, el poemario apuesta por una palabra contenida, casi sentenciosa, donde cada pieza funciona como una revelación mínima, pero intensa. Desde sus primeros versos se percibe una escritura que nace de la necesidad: el poema como fuego interior, como tentativa de dar luz a lo que arde dentro. Esa tensión entre lo que se vive y lo que se nombra recorre todo el libro, convirtiendo la voz poética en un espacio de búsqueda más que de afirmación. La presencia de Antonio Machado se advierte no tanto en la inspiración como en la actitud: el camino, la conciencia del tiempo y la mirada sobre lo sencillo adquieren aquí un peso simbólico. La piedra, el tránsito, la luz de las mañanas o la experiencia del paso se convierten en signos de una reflexión constante sobre la fugacidad y el desgaste de la vida. El amor (encarnado en Teresa, ...

Presentación El alma por la boca de José Iniesta

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Siempre he creído en la felicidad de los instantes, en ese momento en el que el corazón es un jardín de geranios y las personas sincronizan sus latidos. Hoy, el poeta Jose Iniesta , amigo a quien admiro profundamente y por quien siento un gran cariño, ha logrado que la poesía sea capaz de encapsular el silencio. Además, quiero dar las gracias a todas las personas que me han acompañado y apoyado en este evento: Àngels, Isabel, Pepa, Rosalía, Josep, Soledad, Wenley, Swami, Daniela, Natalia, Jorge, al público asistente y a la Librería Argot.

Cuadrículas cuadriculadas

Cuando te conviertes en la pieza de un tablero,  la sensación es vertiginosa. Fue un inicio de partida  donde yo, como buena reina, tomé las mejores posiciones. No obstante descuidé los flancos  y mis peones fueron cayendo  en una maniobra estratégica  digna de un experto soviético. Yo aún seguía confiada  por el arrojo de mi guardia pretoriana: la distancia era inalcanzable  y mis torres eran altos obeliscos. Los ladrillos de sus cimientos  fueron birlados con destreza  y cayeron del modo más estrepitoso. Ya los caballos, inquietos,  presentían la tragedia ante la horquilla de un peón que realmente era un rey aventajado. Y, a pesar de mis esfuerzos,  la voracidad del contrincante  me dejó tan expuesta  como un rótulo en un casino. Los alfiles aconsejan el abandono inminente: un taxi Uber y no mirar atrás durante  el trayecto que dure salir de esta tómbola  que me mortifica y entretiene. Jaque mate, piensan los q...

Fadrí

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Anoche aparqué en mi antiguo barrio. La noche invitaba a un preludio veraniego, con el cielo oculto tras la polución. Observé la parsimonia de los edificios, las bocacalles y aquel ventanal que fue, durante una década, mi casa. Allí escribí cuatro libros; aprendí a contar habitaciones vacías y, desde el terrado, sostenía el pequeño mundo de una parabólica. Pensé que yo era un peatón más en la avenida, no el bicho que mira desde el rincón ambiguo, como los anteojos de un apicultor. Creí que mi casa era mi casa, pero no: fue solo el deseo interminable del paso con el desasosiego de los gatos que nunca aprendieron a maullar. Y abandoné la ciudad como quien deja en una cama al amante dormido, con el olor de tu piel en los labios, sabiendo que jamás volverás a besar.

Muerte y olvido

Toco el timbre. Cuando estoy triste siempre te visito. Toco el timbre. Triste obelisco plantado frente a tu puerta: la intermitencia amigable. Toco el timbre. Y abres la puerta  porque me conoces de hace décadas  y recoges, con tu escoba de enea, cada fragmento de mi sonrisa. Toco el timbre. Carta de amor en mil pedazos  que tú barres con resignación. Multa lanzada a la canasta. Toco el timbre. He tenido ansiedad,  no soportaba el dolor de una chica de 25 años. El fracaso de un sistema. La rotura de una sociedad  que, a la deriva, mata al carnero  antes de ser vianda para el comensal. Toco el tiempo. Sí, he empezado a andar de un lugar a otro, frenética, porque las flores son arrancadas  del jardín  y huele a basura sin sacar de la cocina. Toco el timbre. ¿De qué sirve hablar de las razones? Los culpables flotan en colchonetas  en hoteles de anfetaminas. Toco el timbre. Toco el tiempo. Tiempo sonoro: guillotina, mazo, goteo. Muero. Toco el ti...

Inmunidades

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Existen casas sin ascensores. Fincas lánguidas  con sus cuerpos de piedra  y sus ojos: ventanas al mundo. En cambio, otras viviendas  poseen modernos habitáculos  de poleas con botones de colores  y el espejo de Alicia. Tengo un vecino, en mi comunidad,  que siempre sube andando, a pesar de vivir en la séptima planta. Yo vivo en el primer rellano, a mano izquierda, entre la ventana del tragaluz  y una columna. En ocasiones, se detiene detrás de mi portal. Hace el amago de tocar el timbre  mientras carraspea. Yo le escucho, porque soy una gata  que percibe hasta el sonido  de una araña colgada del techo. Parece que quiere decirme alguna palabra. Será que le molesta mi ruido, la manera de caminar con mis tacones  mientras el edificio retumba. Yo, a veces, le saludo,  y le hablo del tiempo: - Parece que va a llover. Pero existen ciudades en que está vetada  la metereología. El cemento grisáceo  oculto tras el gotelé, las...

Reseña literaria de No quiero ser olvido de Cristina Giménez

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En "No quiero ser olvido", Cristina Giménez López construye un universo poético atravesado por una preocupación central: la fugacidad de la vida y la necesidad de preservar aquello que, inevitablemente, se desvanece. Desde una voz íntima y depurada, la autora articula un recorrido emocional donde la memoria, la maternidad y el paso del tiempo se entrelazan con una mirada consciente, a veces convulsa, sobre la existencia. El poemario se erige como un ejercicio de evocación. La casa se transforma en escaparate de la nostalgia; los aromas, los espacios y los gestos cotidianos adquieren una dimensión simbólica que trasciende lo inmediato. La figura del padre aparece fijada en instantes de adolescencia, mientras que la madre se proyecta en la ternura de una nana o en lo cotidiano representado en la maniobra de un aparcamiento. A través de estos elementos, la autora establece un puente entre generaciones: su propia experiencia vital se desplaza hacia la descendencia, especialmente...

Descubrir Teruel

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  Muy ilusionada por participar en este día tan especial, el Día Mundial de la Poesía, en tierras de Teruel (la primera vez en mi vida que la visito). Empezar la primavera en estos lares, con buena gente y poesía, estoy segura de que serán símbolos inequívocos de buenos augurios. #teruelexiste #zahoraypoesia #jamonrimaconilusion #agradecida

Ventolera

El amor y sus estandartes. Contra viento y marea. Mistral dentro de una caja de ritmos, el viento que traquetea cada falange en la enajenación transitoria. El amor emérito, el que sale de las entrañas de la meteorología. Arranque de ramas desprovistas, celoso y exacerbado, que descoloca todo a su paso: contenedores, señales de tráfico, peluquines y faldas; con la ráfaga amatoria de la voladura de dinamita. Ventanal trémulo. Sesgo de flores. Desperdicios anarquistas. El desplome de Cupido en ese bar de copas y la desnudez de la cardiología. Esta bocanada que imposibilita el viaje del pájaro, que anima al fuego a la persecución inminente. Mar embravecido, anhelo de barco, el éxtasis de los árboles y de los postes, un eco de imágenes donde la festividad se desnuca. La rosa decaída,  la parálisis de caminar hacia el ayer, empuje  entre portales del tiempo y los cristales desdentados.  Esta intangibilidad que impide lo inevitable: el desencadenante de un siniestro,  un co...

Pedruscos

Las calles que suben al castillo tienen nombre de poetas y de ciudades del sur. Parece que soy el diálogo:  la serpentina entre las páginas de un libreto, en este mes febril, como un animal entre las matas  después de su abandono. Me cuesta mantener el ritmo  y en la mayoría de las casas  son bocas cerradas a la osadía  de una pretensión nómada: la de obligar a mi corazón a una rutina de ejercicios, la manera en que el tiempo flexiona la belleza,  el mar, un marco en este paisaje  de muros de fábulas  con la necesidad imperiosa  de sentir que estoy renaciendo peregrina, gorrión ausente, náufraga de tierra. Aquí el viento se hace querer  pues yo sé que viene de la costa; es húmedo como los labios adolescentes  que hurtan besos en rincones  de esta articulada caminata. Me gusta la paz. El pino, la piedra, los saludos de los lugareños  en el trabajo arduo del cruce dominical. Me siento tan diminuta. Un guijarro celeste. Y llo...

Polen y poleas

En este caso omiso, la noche nos envuelve en una casulla translúcida. Miro hacia el norte, que descifra en mis manos  la quiromancia de los mendigos. Cruzo mapas con este vértigo, huésped de vocal, taciturnidad de taberna, y, en este cometido, mis pies  se ahogan dentro de estos zapatos de marca. La gente con sus abrazos de gomaespuma. La boca de elástica conversación,  gimnasta de sílabas acróbatas  que expuestas son barcos de papel en una fuente. Yo pienso en aquel mundo no nacido, sin la tala del árbol. Un planeta donde tú hubieras trabajado  en un cine como acomodador,  con el faro de luz que tu pecho irradia. Y yo hubiera sido la modista con flequillo  que cose cintas a las prendas  para que no olviden su nombre. He llegado a este declive, al alud que supone una tormenta de nieve. Partículas, esporas, radiofrecuencias. Y buscas una tijera enana  para cortar los hilos  que incomodan en la costura. Pero yo soy una maldita poeta, con e...

Caja de ritmos

Ha llegado la calma, una mudez absoluta después del temporal. Platos vacíos,  fregaderos convulsos  en un bodegón  de cucharas y sartenes. La vocal no dicha. En el amanecer que emerge  con la resaca de los tambores, cuando la vorágine  celebra el ascenso volátil, descansa el árbol,  duerme la basura  en las acequias. Ningún pétalo se inquieta. La fuente bebe su propia gota  para evitar el quebranto  de esta imagen inmóvil. Los papeles dormitan, los plásticos desinflados  arremolinan sus huecos  como cuerpos dormidos  después de la fiesta. Miro mis manos  de hojas cansadas. Observo el sol  que ilumina la urbanidad  que decae ante el hermetismo  de los objetos inanimados. Y yo me pregunto dónde habrá  este viento cabrón  depositado la semilla, la que vuelva a traer la música  a esta casa. Volanderas de ruidos astronómicos  en la inmediación de un ulular ambiguo: la nubosidad rosácea que aug...

Tomillo

Esta mañana me he levantado indispuesta, la garganta inflamada,  con dos amígdalas como dos bolas de fuego, por una serie de sustantivos rebeldes. Las frases inconexas,  apelotonadas en su redil. Este agudo dolor esdrújulo  de una retahíla que yo hubiera  soltado en una loca traca "locamotora". Porque es mejor la mudez inmediata, agarrar fuerte a la bestia  que convive con tu silencio. ¡París no es más que un anuncio de perfumes! Tu temeridad lúdica  te condiciona a un riesgo innecesario, pero duele y aprisiona el cuello: necesitas cantar a los gorriones, deglutir la primavera  con todo lo que siempre has odiado: la vulnerabilidad de la flores, el latido que aumenta este ahogo. A un chasquido de marzo, la tos  ha regresado y me riñe alcántara  con medicamentos que anestesian lo inevitable. Y no sé si este virus volcán  me va a quemar por dentro  o saldré corriendo, en un alarido, hacia la playa, igual que cuando eras una niña, y te ...

Caravanas

Una muda de casa, como un cambalache de piel en este laberíntico deambular por la vida. Los enseres tienen sus propios galimatías, artefactos de recuerdos  con la incapacidad de subsistir  en cartones y bolsas de comunidad. La muñeca de trapo, el pantalón de maternidad, las primeras sandalias con que aprendió  mi hijo a andar por este planeta que ama más lo bélico que la natura. Trofeos que me acompañan, titánicos en este pequeño punto  de equidistancia. Los viejos amores  en un cuarzo rosa, en la mercancía  del vestido de novia extintor, fotos amarillas  de ricos pólenes. Y percibes que la vajilla ha emigrado  y la docena de vasos de Ikea  ha desaparecido en el infortunio  de un espectáculo de magia. Pero tú sigues aquí, luchadora de sumo,  anarquista frente a los cadalsos, imbatible ante los bulos,  licenciada en huidas  que ahora se llaman búsquedas. Pletórica de libros  con un corazón que late  como la polea ...

Colomar

Una ristra de palomos voltea por el muro del castillo. Pintados de gala, festejan más sus dueños que los pájaros  el ciclo de las estaciones. La montaña se cobija tras veladuras de pólenes y nubes. Y estoy aquí, sobre estas piedras, buscando las respuestas  a esta lejanía de pólvora y encierros. Los perros ladran poemas de guijarros. Los gallos, con sus cántaros, espantan la mala fortuna.   Hoy es un viernes de Cuaresma  y mi abuela siempre cocinaba pescado. Le enseñaría  la distancia que me separa de su osario, en este trozo de historia: el sitio de mi recreo, la necesidad de subir la cuesta  para formar parte de cada espora, rama de inquietud; en definitiva, el castigo de una soledad  perenne como el cortejo frenético  de una danza colombófila. Onda me ha dejado espacio: la aceptación de un retorno inacabado. De este pino en balance  y la palabra de corteza de naranjas,  tan dulces, como un poderoso venero.

Winston

El morador de esta casa fumaba como un descosido. Sí, él merodeaba deliberadamente  de que yo iba a seguir el rastro de tabacalera. Desayuno observando el sacrilegio de una quemadura sobre el caoba. Limpio la encimera con saña, con el infructuoso intento de raspar su huella marrón acero. Fue ávido en el lenguaje de los signos, la manera de marcar un territorio que no le pertenece. Un lobato de la nada de Laforet. De trifulca con el papel, con la combustión de unos pensamientos que lo imagino embelesado, con el ruido del motor de un automóvil,  erosionando mi hogar futuro igual que un oso arañando los árboles para señalarme un recorrido de  supernovas. He de decir que me cabrea sobremanera tener que untar cada herida con aceite reparador del Leroy Merlin. He contado hasta treinta y tres anarquías del tabaquismo en una revuelta del mismísimo Mister Proper. Una quemadura de cigarro en manos de un somnoliento puede implicar un siniestro total. Porque Don Equis fumaba en el ba...

Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

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Ayer fue un preludio de libros deseosos de ser amados por un pueblo: Alcora, que ayer inauguró una de las bibliotecas más vanguardistas y contemporáneas de Castellón. La recuperación de los edificios emblemáticos, testimonios de la historia; la unión de las letras y de las personas para incentivar la verdad: el amor incondicional de la cultura.  Todo ello en una tarde que Anna Puchol izó la atemporal vela a un barco que, sin ninguna duda representa el cimento de una población que ayer no tuvo que envidiar, en absoluto, a las mejores bibliotecas del mundo.  Reitero: donde hay libros y gente, hay amor; un amor humano e imprescindible en ambiente de guerras y almas tristes. Biblioteca Pública Municipal L'ALCORA

Cartas de amor

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Ante tanta vorágine de mensajes cibernéticos y mensajería exprés, qué belleza incalculable hay en abrir una carta escrita a puño y letra para leer un sentimiento, una rogativa o unas disculpas. Admiro el trabajo arduo de Lola Fontecha y Paco Velázquez en su convocatoria anual de cartas de amor. Para mí fue todo un aprendizaje participar en este concurso.  He de decir que cuando leí Madame Bovary quedé prendada por el hallazgo poético de la misiva entre los albaricoques.

Estación victoriana

He visto arder la estación de Glasgow  con el tintineo húmedo  de sus llamas en mis ojos. La trastienda de un mundo ardiente,  como el agua abocada a la tierra  que, saciada, rechaza  el combate de la lluvia. Yo no quiero creer en la anunciación  de una primavera de mercancías. Ni ser el paraguas  del embiste de aquello que, invisible,  nos medra. El rescate del amor en esta ola que me arrastra  hacia la absoluta profundidad  del poeta. Sí, lucir faldas de cuadros, crear collares con perlas de hueso. Una vida corriente  de bolsa de supermercado. Pero mi corazón retiene el bombardeo,  la grieta que rompe  la viga que sostiene el cosmos. El eco estelar, los guiños de los mandos  al lanzar los drones sedientos de mapas. Y escucho en la noche el grito. Y siento el dolor de la fractura. Y duermo con la nube tóxica  y el desconsuelo del útero vacío. Y yo quisiera, pero no puedo, en este abismo de soledad,  como un...

Desavenencias

El aguanieve tiene un comportamiento extraño en su mezcolanza de sólido y de fluida pretensión cuando se desmorona del cielo. Supongo que es un contrato temporal que, en esta desprovista vitalidad, nos condiciona de rata a león y después hacia un paréntesis de galaxia. Nos enseña el valor auténtico de lo que realmente nos hace felices: el amor en su dualidad, ese híbrido de intestino y cabeza regado por ríos de palabras que nunca aprende de los errores. Y, como diría Rosalía (no la de Castro, sino la otra), ser ternura para el café supone el mismísimo reto de un copo desvanecido en agua. Que la sal y el azúcar se asemejan. Que la distancia, comparada con la de dos lunas, es un suspiro. Y que aquí, en este poro madero, acurrucada con la pena marchita, flor de la tarde, abrazo sin manos todo aquello que anega al corazón. En un silencio, como un gorjeo de meteorología que, mixto, calla su tronada y conversa el sol.

Viaje a Irlanda: Melancolía

Esta fortaleza antracita que rodea mi cuello. Soga esmeralda  que, con cada paso,  lejos de aligerar la carga  se acrecenta como el cuello  de un cisne. Cruzo la maleza, la trinchera de árboles, que narra viejas leyendas  desde la ronquera amaderada  de la garganta galeica. Estanques fríos  que reverberan el ramal  de este motín de estrofas  agolpadas en mi esófago  para ser la sangre del poema. Ll.Ll.

Viaje a Irlanda: El despojo

I Yo quise, una vez, a un hombre lírico: sus reliquias eran graznidos  capaces de destrozar el muro berlinés. Luego avistó mi trébol  la dicha del control vestido de encaje. Demasiada fábula para uno. Y música de Wagner para el otro. II Aquí, en Dublín, cae una lluvia que quiebra  cada verso que escribí de amor  para ambos. El número tres siempre fue un mal número. Y ellos sé que adictos, que no adeptos, nunca lograron llegar a mi corazón,  porque lo perdí de niña  cuando las águilas fueron mis maestras. "Sláinte" por el ocaso y los perdedores.

Viaje a Irlanda: Errantes

Nací en una caravana. Mi padre era lanzador de cuchillos  y mi madre: una fotografía  en el baño. Empecé a lanzar puñales  a muy temprana edad Sin duda, en el menester del ataque, el abecedario se hizo raudo  y empezé a limar palabras  contra todo aquello que adúltero  pretendía la gangrena de mi lengua. "Sóc una ferianta de poble  i duc paraules de cap a peus". Íbamos de casa en casa  vociferando nuestro espectáculo. La niña con dientes de acero  capaz de taladrar un tronco. Pero la inocencia con filo  posee un precio  y la hoja se oxida  como el hierro de una verja en una casa sin ventanas.

Viaje a Irlanda: Las mil y una puertas

Bienvenidos a este Edén, la ciudad de las mil puertas. La naranja simboliza Castellón, mi casa, la Albufera, que anega el ansia y huele a estambre. Luego descubrirás la puerta roja, el infierno más redentor, la procesionaria  que a tus alas de cera...No sé dónde se ubica, pero tiene más cancelas que un huerto en una penitenciaría. La amarilla, sin duda, es Mallorca, arenisca de cadmio, saliva de brea. Paseo de infancias mientras el sol se acuesta bajo un toldo de montañas. La turquesa, bendito Mediterráneo, que navego como una ola en un vaso. "Baleària" abre su corazón de metal a esta extranjera con permiso de versos. Delfines, peces voladores y demasiadas bolsas de plástico. La negra, mal agüero, es mi sepulcro. No la abráis aún. Que mis puertas son hermanas, y son arcilla, alquitrán, arroz de pescado. En esta casa dublinesa de puerta verde esmeralda.

Viaje a Irlanda: Jack y Nancy

Efluvio de amor irlandés. Flama petrolífera de Jack que sonríe a las gaviotas en una escenografía de Ulises. Jack tiene una barriga hídrica de cerveza, se contornea con el éxtasis de un alcohol magullado. Con sus mejillas de rosácea, el extremo nasal hurga entre los ojos de la gente en busca del beneplácito de un euro saltimbanqui. El vicio es el amor, la fiebre amarilla que siente por la enjuta armadura de Nancy. Nancy, de carne que ampara el hueso, en la cruzada pedigüeña. Encogida en el suelo húmedo, como un mal nudo de bordado, la droga la sujeta como un hilo a la rifa de un sótano. Él sujeta la botella, timón de motín, y araña la moneda para la sobredosis de su amante. Tal vez asir el dinero con la voracidad de un pan entre sus dientes de humo resulte el sexo más caliente del barrio. Tú quizás no lo entiendas. Pero la ternura de los suicidas está en los retratos de los museos, en la necesidad de lo cósmico, en su viaje de neón. Jack, el guardián de la puerta del Spar,  ama con...