La calle tristeza


En ocasiones, un gato se apoltrona en mi pecho:

una tristeza felina que ronronea 

de un modo desafiante.


Hago esfuerzos para calmar su ansia 

con libros y tisanas de cortezas,

pero él se arremolina entre mis costillas 

y mueve su cola con latigazos 

directos a los bronquios.


He recorrido Úbeda 

con él amarrado a mi tórax 

igual que un primate se aferra a un árbol.


Lo he increpado en varias ocasiones, 

pues no soportaba sus uñas calcáreas 

enrredadas al caos de mi corazón.


Le doy trozos de palabras 

y digiere los más bellos paisajes del planeta.


Pero ruge a su hora 

como una bestia maldita,

remueve esta paz 

en bolas de pelo negro

ajeno al tamaño 

que ocupa.

Comentarios

  1. Son felinos independientes, los gatos deciden cuando y a donde van. Paciencia hasta que este desaparezca.
    Un abrazo.

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