Agotamiento
Cae la gota en una continuidad
trémula.
La indecisión del silencio acuífero
que intermitente
habla, musita, calla y desdice
en su reguero olímpico.
Cae la gota
agoguera, ahogada,
hacia el cuenco
desnudo
bajo la "aixeta".
Quizás la bondad,
grifo a destiempo,
grite, sílaba a sílaba,
este pequeño sismo
en que el tiempo se detiene, en la pausa,
con el parpadeo paisajista
de todo aquello que duele
hasta el desbordamiento.
Cae la gota,
membrana transparente,
y la paciencia termina,
y el mantel se mancha con la anarquía
de una gravedad absoluta.
Cae la gota
para que tú te vayas de mi vida.
Cuando la indecisión afecta el paso
y anegada decides que colmó
la insuficiencia de las cosas
que rítmicas
ceden a la inmensidad del segundo.
Cae, cae, cae.
Gota, gota, gota.
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