Consumición

Las montañas arden

mientras los artefactos sobrevuelan 

esta cerilla.


Llamas, llamas y llamas.


¿Qué cobijo guarece la furia?


Mientras circulo con mi coche cada rotonda, 

el nudo de corbata de mi lengua 

reduce a cenizas la palabra.


Sí, porque una simple palabra 

es capaz de desencadenar una catástrofe.

Encender las cortinas 

y, en una hoguera,

devorar el oxígeno 

de la garganta. 


Fuego entre la anatomía del abecedario, 

una combustión para que la antorcha, 

que se apropie de los espacios de un texto,

sea una ráfaga sagrada al dios Vulcano.


Verbos capaces de arder como Roma.

De consumir la paz 

de los muros de madera.


La oda de los pirómanos: 

árboles naranjas 

alzando sus tentáculos 

hacia las nubes.


Y quemarse por dentro 

como un sol malherido.


Ll.Ll.

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