Reseña literaria de "Hombres que les faltaban los dedos, de Carmen Hurtado Pérez
En "Hombres que les faltaban los dedos", publicado por RIL Editores; Carmen Hurtado Pérez construye un esqueleto literario que se sitúa deliberadamente en la frontera entre el ensayo poético, la investigación interdisciplinar y la escritura experimental. El libro (rico en datos, atravesado por un prólogo de la propia autora y sostenido por una voz que rehúye la puntuación convencional), se despliega como una partitura verbal: rítmica, sin comas, con la cadencia de un piano que rehace el lenguaje como si lo golpeara con precisión científica y sensibilidad artística a la vez.
La mano es aquí protagonista absoluta. No como motivo, sino como territorio. Hurtado Pérez la explora desde la antropología, la biología, la historia y lo social, hasta convertirla en un símbolo totalitaria: herramienta de conocimiento, extensión del pensamiento, archivo de la evolución humana. En su propuesta, la mano no solo hace el mundo; lo interpreta, lo hiere, lo domestica. Es caricia o castigo, paz o guerra, gesto inaugural del origen humano y también su frontera más primitiva. En esta lectura, incluso agrego la información extra de que el desarrollo del córtex cerebral aparece ligado al uso manual en la infancia, subrayando la mano como primera arquitectura del aprendizaje humano.
La autora, de formación artística y mirada técnica, dota al texto de una densidad casi enciclopédica, pero evita el academicismo frío mediante una escritura que vibra, que se desordena a propósito para imitar la idea digital en movimiento. El resultado es una poética del conocimiento donde ciencia y poesía no se alternan, sino que se contaminan mutuamente.
El libro también se abre como un espacio de combate. En sus capas discursivas emerge una dimensión ética y política donde la figura femenina se erige como estandarte de sororidad, derechos, modernidad y resistencia simbólica. La mano, en este contexto, deja de ser solo objeto de estudio para convertirse en emblema de agencia: aquello que sostiene, crea, protesta y transforma.
Uno de los rasgos más significativos de la obra es su diálogo con referentes literarios y artísticos que atraviesan la escritura como una red subterránea. A ello se suma un dispositivo visual que amplía el campo del texto: collages, imágenes artísticas y un mapa de rutas de manos rupestres que funciona como archivo y detonante poético. La conexión con la poeta Rossana Acquaroni se inscribe en este tejido de influencias que refuerzan la dimensión híbrida del proyecto ya que Acquaroni también quedó impactada con una visión pictórica y ancestral desarrollada en su obra "18 ciervas".
En este sentido, la obra no solo escribe sobre la mano: la documenta, la imagina, la arquea. Desde las pinturas rupestres hasta la contemporaneidad, la mano aparece como una constante antropológica, un bastión simbólico que atraviesa religiones, culturas y sistemas de pensamiento. Su presencia es persistente, casi sagrada, como si en ella se conservara una memoria universal del gesto humano.
"Hombres que les faltaban los dedos" puede leerse, en última instancia, como una revelación: un libro que no se limita a describir su objeto, sino que lo reconfigura desde múltiples perspectivas simultáneas. Su autora, rigurosa en el conocimiento y agradecida con su entorno intelectual y creativo, entrega una obra que tensiona los límites entre disciplinas y lenguajes, proponiendo una escritura donde pensar y sentir son el mismo movimiento de la mano sobre el todo.


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