Casa Maru
Las casas contienen paradojas
que desafían a la retórica
y al pensamiento de una AI.
Casa desnuda, vestida con el ropaje
más suntuoso.
Ruido cápsula que retransmite
un reguero de portarretratos,
como si la vida pudiera
paralizarse en silencios.
Y el plato despojado
en el parador
que, en un ayer, fue vergel de viandas.
La puerta que contaba
el tránsito de los pasajeros del hogar.
Casa en pieles,
con el tumulto,
con el olor acre del polvo,
de estancia cerrada,
del grifo caudal
y las arañas bailarinas
en los recuadros de yeso.
Yo he sido muy feliz
en estas paredes de albañilería
que fueron edén de piedra.
Tal vez la rutina mata la mirada.
Y los recuerdos de regalos de boda
y patios nazaríes
revienten contra el piso
con el mínimo temblor de tierra.
Pero una cosa es cierta:
el amor
es un limonero de frutas ácidas,
con la delicadeza de una caricia.
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