El mal burgués


Qué debe sentir una mujer en la guerra, con su familia desaparecida.
Con su casa hecha ralladura.
Me lo imagino...con su piel por saco.
Y los ojos entre los dedos para negar
la realidad de los francotiradores.

Los perros muertos.
El pozo ahogado de cadáveres.
El vientre como una sábana retorcida
purgando la hora de la sangre.

Creo que siente que todo tiene un fin.
Que los pies se han convertido en cera.
Que el amor de tu vecino por un mendrugo ahora se ha transformado en una serpiente.

Una mujer que ha sido arrastrada por su propio pelo. Que huye por el bosque
en busca de la frontera. Y que hace nudos con sus miembros para que la hemorragia
de la memoria no vaya manchando
el camino y los saqueadores la encuentren.


Estoy escondida bajo un coche.
Mientras los gritos han perforado las ruedas.
No quiero salir de este falso cobijo.
Enmarañada a un motor
que emite el calor de una cerilla.

Tenemos las dos el cansancio acumulado
en las alas.
Y la determinación que quedarse inmóvil
no es buena receta en la supervivencia.

Ella correrá por las avenidas.
Será la sombra balcánica.
Yo seré una estadística que quiere romper su gráfico.
Una voz. Un pájaro.


Comentarios

Entradas populares