Desesperación

Qué me cuidaras fue lo que hizo
que me enamorara de ti.

Siempre arrastrando mis lesiones
por el mundo, reportando la piel
para contrarrestar el helor.
Y ahora vienes
con una antorcha
a incendiar el nido.

Que puedo hacer sobre esta ceniza
que me ha dejado paralítica en el sofá.
Viendo una persona que no conozco
con el tedio de las termitas
saciadas de morder la misma madera.
Un monstruo infantil
que ha salido del libro de los muertos.
No te reconozco, yo que te he enseñado cada uno de mis cadáveres.
Qué has sanado el hueso para romperlo
con el abatimiento de las bestias.

Yo que confié en tu persona y
te mostré los caminos de hoyos.
La pena que recubría cada palabra.

Nunca pensé de tu abandono.
Que construyeras un castillo
conmigo en la parte exterior de la verdad.
Creí qué éramos viento, lluvia y peaje.
Qué nuestros pasados y rarezas
nos habían unido como una resina
suspirando entre la costra.

Llevo un par de días enferma como Ofelia
con las tripas devoradas por los lobos.
Un duelo escrito.
Un cristal metido en el estómago
Un cero burro.
Una mujer que pudo haber disparado
un rifle frente a tus ojos, directo a tu ego.
Y no lo hizo.
Que él en su gloria asesina espume.
No.
Si tenemos que perecer dos en este accidente, prefiero ser yo por mi condición
de combate.

Dicen que hay remedio.
Llevo luces y no lo visiono en tu carpa.

Me voy a ir y no vas a saber dónde.




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