Adicciones

Le he visto en los ojos al muchacho
la luz de una cerilla
frente a un bidón en una expendedora.

Iba tan colocado
que de sus estantes ideas locas
caían con el sonido de la granizada.
Lo habían pillado antes de cometer el delito
en el momento que su madre
lo trajo al mundo.

"Serás el corcho de las cañas.
La carne envenenada del rebaño".

Con el tatuaje-cosecha
de su trance con la malicia de los transeúntes.
Parecería un zombie sin audiencia justa.
Un títere de este poema de consumo.
Yo, le hubiera agarrado del corazón
y de un soplo hubiese aireado
el hierro que tajo
le cuelga de la garganta.

"Oye amigo, ven y respira de mi boca"

Escuché sus latidos.
El miedo drogadicto del poema suicida.
Y mi abrazo agitó las alas
con el parpadeo del semáforo.

El amor que nos vuelve majaretas.
Asesinos ladrones.
Mercenarios de un algo
a cambio de la dosis.

"Entiendo tu ladrido de niñez,
quisiera salvarte
pero el fuego ha incendiado la gasolinera"

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