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La elegancia de Brines

Cae la noche con un clavel  en una ojal la sonata del que se anuncia como una serie de prepago. Telefónica móvil y aranceles del latido que emite su conversación de luto. A dónde esparcirá la última palabra su simiente. En qué torre despeñará la blazer el invierno, atrofia de un mayo que sesga cálido a un nuevo mes. Tengo tanto amor en cada poema que quizás la muerte de los dioses sea una injusticia cuántica. Sin Instagram, triunfó Lope de Vega. Y a Alejandra Pizarnik nunca le gustaron las fotos. Cigarros que miran el despropósito del poeta que escribe a la bacanal de poder partir su libro como un pan deslenguado. Cuando ayer Brines fue ocaso. Lloré como una estúpida que pierde al mejor jugador de una liga. Luego leímos poemas separados por sillas. Y supimos que los poetas mueren dos veces. Porque en esta tierra de arroz se ama demasiado pronto. Y nunca se muere tarde. Y nunca se muere. Y nunca. Y.

La balsa de las medusas

 "La poesía que canta, sus males espanta". En la pena tengo un barco. Un barco de peces. Por la violencia que inusitada con su anzuelo se engarza en los ojos. De aquellos que de la revuelta hacen mesas de mar con ganancia. Si el pan no tuviera nacionalidad, ni la harina que lo forma  tuviese la suficiente textura para lanzar ancla, timón y naufragio. Y hubiera servido de algo estar en nuestros camarotes sin poder abrazar a la vida. Barco de penalidad. De peces abarco. La barra de hierro. La metralla en la carne. La opresión del tórax. El lunes de escarnio. De las noches  con la iluminación de cohetes. Si supieras que tanto orgullo nos petrifica. Que las anguilas en la proa agonizan ante la mácula. Y que ser mujer es un estado. Y en él no existen pasaportes.

Poetas en Mayo - Poetak Maiatzean

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Vitoria engalanada de poemas y de personas nos recibió con unas anfitrionas excepcionales: Arantza Guinea y Elisa Rueda, rebosantes de entusiasmo y de profesionalidad. Una de las más populares tradiciones de este festival, es adornar las lunas de los establecimientos de la ciudad. Mi escaparate para escribir un poema fue la cafetería "Repostería Creativa CARESSA" regentada por Carmen, una mujer atenta y emprendedora, su especialidad los batidos y las infusiones naturales. He escrito unos versos de "La complejidad de Electra" de Torremozas porque deseo que su matriz social sea compartida.    Así empecé mi recorrido en el Festival de Poetas en Mayo, que no sólo significó un intercambio de amistad, también brindó la posibilidad de un turismo intelectual que descubrió una urbe con una arquitectura y un poso histórico tremendo, lleno de arte y de librerías. El Festival que ya tiene en su haber una década fue un éxito de organización y de participación, pues, acudieron pe...

Reseña "Apuntes del natural" de María Dolores Almeyda

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María Dolores Almeyda, con su libro “Apuntes del   natural” (Lastura Ediciones, colección Alcalima) nos traslada a la visión renacentista y utópica de un mundo mejor a través de una guirnalda poética con pausas y diferentes cuerpos. La poeta, de un modo reiterativo e igual que un pintor de la antigua escuela, boceta y ensaya su obra para dar significado a una existencia que puede salvarse. Lola, busca la sinergia entre sus semejantes para su proyecto creador con un lenguaje accesible, rico en matices líricos, sobre el cual construye una población ideal como un gran corazón abierto a toda clase de sentimientos y enmiendas para la humanidad, sin discriminación alguna. El recorrido poético se inicia con un acto redentor donde uno antes de desear un espacio perfecto debe hacer balance con su entorno más próximo. ¿Cómo podemos edificar un marco feliz si el cambio ético-moral no empieza por uno mismo? En este viaje Lola nos invita a un mensaje de paz, haciendo referencia excepcio...

Visiones

Alicia mullida que observas  las manchas en el cielo que emulan  a una atracción de águilas. El color verde de un Seat 127 y el azul Windows. Los molinos anoréxicos, perturbación de una mente quijotesca. Los campos de criba con personas que parecen juguetes de Playmobil recogiendo el postre del mañana para una fábrica de yogurt. Y los toros, mansos e ilusos, que han jerarquizado el especiero: Canela, curry y pimienta negra. Ilusos y mansos en colinas. Lo que da un viaje en autobús...

Otros

Tres niños sentados en peldaños indistintos. Una niña vestida de primera comunión. Y dos más pequeños con trajes pictóricos de Goya. Miran con orín de miedo. Y su rostro ha calado en mi casa una desazón que mutila la alegría de los pétalos. Las termitas campan por los jardines, agujereadores de la madera con sus colmillos y abren heridas a los árboles. Cuánto serrín con sabor a hierro. Discípulos de una ciudad  desprovista de telares de orugas. Ellos no padecen las durezas en sus manos. Vieron a sus padres  con manteles de lino. Las termitas con su niebla  que enturbia a los infantes de su fiesta de caramelos a un drama diario de los que dejaron podrirse sus frutos porque eran otros los agricultores. Los que bebían de los desagües. Otros los cuerpos. Otros. Pero siguen masticando la madera  de su pilar de Bitcoin. Ellos no han visto a sus padres  en la cola del paro  del cacique.

La otra mirada.

No sé parlotear con los pájaros, desconozco su lenguaje de algodón y azufre. Me quedo siempre a un paso  de esa mirada de cadena perpetua, dónde los ríos riman  y las superficies lucen madreselvas y joyerías varias. Quisiera ver el mundo con los ojos poetas de antivirus, qué nada fuese cortopunzante ni corrupto. Qué emana a sol  y a lirios, y a jilgueros, y a princesas. Pero soy hija de la ventisca. Y llevo arena en mis legañas. Escucho, pero, no asiento.