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La señora de la limpieza.

Sentados en una repisa, en un desfiladero de butacas. Una que sube en el ascensor, otra que pliega, hasta el hombre que quiere matriz en su vientre. Pasan las farolas a las tres de la mañana y sólo un habitante con una bolsa en la línea, número 38. Todos en coral hermética, de mudez de boca, de boca sin lengua, lengua aborigen, manos con sabor a lejía y calcetines de rombos. En este trayecto en que, había prometido que no iba a escribir un poema. Pero, un grito de paritorio nos devolvió a la vida.

Sin título.

Él me llamaba niña y sus besos hojas enverdecen mientras las lágrimas van diluyendo el labio. Y pienso en él y miro la rosa de los vientos que me regaló el día que nos conocimos. Ahora llorando sin pretender me acuerdo de la dulzura de su coraza y los anhelos de que subiera a su nave. Lloro, porque tú sabes que nuestro músculo estaba engarzado al hueso y nostálgica cuento con la mirada el desembarco de mi decisión. Me llamabas niña y fuiste paciente conmigo la ternura de un hombre hecho de mundos que compartía y abrazaba como nunca, en esta embarcación que me aleja más de ti. Qué sepas que me gustabas y mi sacrificio ha sido correcto. Tenías razón, no merezco la pena. Antipoema.

Bitácora de Málaga. La verdad duele pero.

Estuve esperando  indicios  igual que el ala de este avión el remonte. El pegaso tatuado de un equilibrista. De motor que no dejaba escuchar el latido que cantaba: -Ésto no es amor, ni se le parece. Y me convertí,  en la costumbre de un amuleto cosido a tu espalda, naciendo caracola, con cada hilo que iba hilvanando costuras de arrecife. De tu casa a la mía. La descompresión en mi oídos, vemos el aeropuerto.

Bitácora de Málaga: La verdad duele.

¿Cuántas veces ha repetido que lo sabe? Mientras el metro articula sus vagones  igual que la culebra directa al palpito. Y padezco. Pero, observando, a esta mujer asida a su hijo, y a la vez él a su pecho, clamando el milagro. Creo, en el inexperto que el amor no se parecía a los unicornios, ni a la comida prefabricada metida en un cartón féretro a domicilio. Lo sabes... ¿Y qué?

Bitácora de Málaga : La verdad.

La verdad. El queroseno desflorado por las hélices. Hay viajes, que cuestan decisiones igual que el queroseno  desflorado por las hélices. Porque la separación  no podrá incidir en la turbulencia de sílabas separadas como satélites en órbita. Formando la palabra en regimiento, a veces bélica, a veces panificadora. Las hélices siguen dando vueltas.

Susana, he estado a punto de llamarte.

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Han sido las tres semanas peores de mi vida, estrangulando todos los roedores a mi paso, como hacen los yunques emocionales pisando las flores y con la hiperactividad llenando de tiza las paredes en un intento de llamar la atención y administrarse un comprimido. En la cima de una montaña´ reencontré el monstruo de mora en mi estructura de arbusto, y e hice mi mejor papel de loba, como decía mi suegra, a la que aún nombro y estimo, Luisa me recuerda a Davis Bette. Ha habido ocasiones en que el abismo me aguardaba como un amante lustroso en aceite de mercurio. No quiero una relación de pareja, ni siquiera aunque nadie se lo crea tuve relaciones sexuales con mi última víctima; (que narraba como ahorcaban a los caracoles y yo vomitaba por dentro, qué horror) tengo estructuras demasiado dañadas y eso es lo más habitual después de conmociones y traumas, con la sintomatología física de un torniquete en mi cuello. Eso sí, no he pensado ni un soneto en que la vida ...

Patas de gallo.

En corro me llevan hacia el tribunal todas las madres nuevas y viejas; acomodadas, y levantando con la energía de la madera el mazo. El benedicto ha sido: ¡Culpable! ¿Culpable? Culpable de qué, de no querer que un hombre me abra la puerta, de decidir mi propio destino fuera de un toldo. De enaltecer mi decisión inapelable a no ser una burguesa de excremento de rata con un vestido floreado en la cola del cine, en un viaje a Pim Pam Fuego en una avión de tercera. No necesito un  macho que cante: Buenos días: mi estrella, mi mazapán, mi azul, mi, mi, mi como una nota musical a tanto posesivo, prefiero recoger plásticos del Mediterráneo, alimentar a los gatos, ser voluntaria a un cohete volador destino planeta de los simios, cuerpo donante, sangre trasfusión, cornea impoluta, manos sosteniendo pancartas "No soy la princesa de nadie" Culpable... ¿De qué? De querer emigrar, de valorar más mi intelectualidad a llevar un pene con patas a todas l...