Hipocresía

En este caso omiso, 

la noche nos envuelve en una casulla 

translúcida.

Miro hacia el norte, que descifra en mis manos 

la quiromancia de los mendigos.

Cruzo mapas con este vértigo,

huésped de vocal,

taciturnidad de taberna,

y, en este cometido, mis pies 

se ahogan dentro de estos zapatos de marca.

La gente con sus abrazos de gomaespuma.

La boca de elástica conversación, 

gimnasta de sílabas acróbatas 

que expuestas son barcos de papel

en una fuente.

Yo pienso en aquel mundo no nacido,

sin la tala del árbol.

Un planeta donde tú hubieras trabajado 

en un cine como acomodador, 

con el faro de luz que tu pecho irradia.

Y yo hubiera sido la modista con flequillo 

que cose cintas a las prendas 

para que no olviden su nombre.

He llegado a este declive,

al alud que supone una tormenta de nieve.

Partículas, esporas, radiofrecuencias.

Y buscas una tijera enana 

para cortar los hilos 

que incomodan en la costura.

Pero yo soy una maldita poeta,

con el único jardín sin flores.

Y logro que el traje de mis palabras 

sea el abrigo suficiente 

para los que viven tras el río.

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