Feliz cumpleaños hija mía
La neblina adormece la tarde
bajo la turbia serenidad
que oculta la realidad de lo imaginario.
Apenas fue ayer cuando un barco
engulló mi coche con mi cuerpo dentro
y abrió en canal
un mar azul de portada de libro.
Esos días de saldo
con tu espalda amortajada,
la espuma que cubre este paisaje
de vientre henchido.
Hija, mi hija luna,
la que a estas horas era Florencia
en primavera;
la fuente de Neptuno,
la bella escalinata de Roma.
Mi lucero en una noche
de contracciones, con la soledad
tomando mi mano:
esa dama que me sesgó,
igual que la fisura de un lienzo,
y arrebató lo que más imploro.
Mi hija Luisa
llegaría con la música de Extremoduro,
con los dedos de pinceles y acuarelas.
Legado de flores
de amorosa madre,
hecha de estambres y aguamarinas.
Queda tan poquito para tu cumpleaños,
las mismas horas que el alma
se convertía en esquejes
y el arroz con azafrán
recogía la simiente.
Y me abrazo, y el poema late.
Aquí sentada, como un hueso enjuto,
en esta cama a oscuras,
mirando en dirección al mar
donde reposa tu carne.
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