Contertulios
Se te puso cara de Luna cuando dije que me iba...
Mis pertenencias en una bolsa del Mercadona, hacia la puerta de la libertad,
con tobogán a un país multicolor.
Recuerdo el día que fuimos a ver a Luz Gabás,
tu sonrisa era una pajarita de flores
y escuchabas complaciente
los contra estribos
de la velada.
Yo era feliz como un pedazo de sushi
que da vueltas en una vitrina.
La ilusa que creía el soliloquio
de tu boca, cuando compraste el libro
con una dedicatoria especial
para tu madre.
Y yo, crédula,
la corona de salmón
en mi cabeza de arroz avinagrado,
no dudé de tu mentira.
Luego vino Rosa Montero
con su libro de teoremas
y allí, de nuevo en las mismas butacas,
y tu pajarita de saldo,
dijiste que era la escritora favorita
de tu hermana.
Yo, en esa época, era un goyza
de pollo y tempura,
caminaba con unas muletas tísicas
por una rotura de rodilla
y ya no era feliz.
Ahora, mientras fumo,
sentada en este porche
observo el baile de los plásticos y los papeles
por este viento huracán
que evoca la evidencia oculta
del enamorado.
Me doy cuenta de la memez
de la abnegación.
De las palabras sin dudas,
como la comida a domicilio:
fría y aceitosa de falsedad.
Y sonrío, como un filete mignon,
expulsando el humo
hacia la noche
del engaño que fuiste.
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