Sentencia inapelable

Esta mañana la calima obnibuló el mar.

Parecía que se había puesto unas gafas empañadas.

Una nota (pósit) de recordatorio

frente a mis ojos miopes.

La cual, tenía escrito que huyera lo antes posible

de este hormiguero.

Me preguntaba mientras proseguía mi ruta

si existe algún tipo de placer

en la gente que hiere.

Son regalices diminutos

con patas negras.

Que van apropiándose de la paz orgánica.

Tan fácil, pisotearlos.

Y tan complicado cuando unidos

parecen un gigante con atrofia,

porque cualquier movimiento o susurro

lo invita a caer en su propio agujero.

Había un caracol solitario

pegado en un banco de madera. Mi futuro.

Debo seguir la orilla con esta luz que deslumbra.

Y dejar atrás toda esta podredumbre que perjudica.

Siempre hacia delante.

Igual que una flecha de Libra.

Me pregunto si el tiempo que he perdido.

Si el tiempo que perdí.

Hizo que las hormigas, atrofia negra de ogro,

creyeran por un instante en su fuerza.

Narciso.

Esquizofrenia.

Necesito volver a nacer.

Y os aseguro patraña de gotas insectos.

Qué no os necesito para nada.

(Dedicado a las palabras hirientes).

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