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Paralelamente

Te cruzas con la chica de las gafas azules en la salida de su turno de trabajo. En una filial de Dublín ella dobla camisetas en la madrugada. Por eso su piel mortecina duerme a recaudo del sol y de la sal. Su gafas azules lo gritan al salir de la celda virtual de los que de noche doblan toda clase de textiles. Poemas, lenguas, ropa, carnes y corbatas. Y el frío de la galería es tan extensivo que una chaqueta de punto abriga en pleno fulgor de verano su cuerpo de obrera hormiga. Dobladora de tela. Abanicos para la manufactura. Filas de ropa. Como un araña tejedora sin sangre.

Desde la marea a los ojos

Cuentas de reojo al tiempo y arqueas esa ceja discordante. Te empapas de mar sin tocarlo y aborreces las gaviotas que vuelan hacia el verdadero. Esa masa de latidos de paseo nocturno sin Chopin. Y el ángel que cada uno ha elegido que se posa, rasurado de alas, a través de la lectura: Wislawa Symborska. La invoco mirando al mar. Con el derecho rebelde de etiquetar a dios con el nombre más convincente a mis pecados. Con el libro que rebela sus páginas con el viento. Traga-olas de amianto. La paz salina. Y el credo poético que me expulsó. De la gente que mira al sol sin gafas.

Aislamiento

He estado unos días perdida. Mi corazón era un lobo devorado por los pensamientos. Frases e imágenes que pesaban mil sacos de minerales. He encontrado cobijo donde no pensé jamás hallar su salvavidas. He analizado el barco ido que viraba en una corriente que me hundía hacia el impacto. He ido floreciendo. Cómo lo hace la noche con los astros. El aprendizaje de la dureza de las piedras.

Quemadura

EscOnderse tras la camisa TRISTE. Cómo un galápago de cobro y asueto. RetorcerSe igual que una sierpe en busca del agujerO que la pena ha tramitado. Debajo de la HOJA. Sin querer sacar la lágrima para que no te llueva enCIMA. Tienes el pecho lleno de ella. Pero el dolor es un gusano de arcillas. Y lo buSco y lo encuentro. Viaja en mi aTmósfera. Y sacude. Y no me muevO. De su habitación.

El orden altera el significado.

Le importas a tu familia una mierda. La vida te importa una mierda. Y me disculpo ante los académicos por el uso de una palabra con olor. No deja de ser una conjunción de letras de cuyas iniciales florecen otras menos peyorativas. Mar, isla, esperanza, rosa, dádiva, amor El prejuicio es el problema. El problema de qué no te das cuenta que les importas una mierda y que la vida si es vida te incomoda. Y que una palabra tiene tanta fuerza pértiga que a veces el pensamiento incurre a traición.

Piel mojada

Tenía una hoguera en mi pecho un mirlo con máscara un hueco de lluvia y empezó a tiritar la flama igual que un apátrida metido en un mar que busca la tierra prometida. Ambos, sujetos a un plástico con los pies que se escondían en la noche del agua. La hipotermia con su manera descocada de recordar que no somos más que trozos de carne sumergida en la nada. Animales descarrilados cruzando la vía entre los cocodrilos. Y pensé en el sistema absurdo del hombre. Qué se cree la divinidad de repartir el pan, el viento, las fronteras. Y a la deriva tu sueño será un sueño. Una hoguera que se apaga. Un mirlo a cara descubierta. Una lluvia que te bebe.

Ocre cansancio

Entre el desmoronamiento. Y la fe. Le han subido la dosis este lunes. Con los párpados que parecen de tela de Damasco. Y en el sofá, la fatiga crónica se ha sentado para ver la televisión con nosotros. No sé que aligerar para traer la primavera a sus ojos. Invento viajes. Excursiones al monte. Verborrea para animar y llenar de azules su paisaje. Ojalá pudiera arrancarme el corazón y darle mi espíritu de la batalla en el intercambio. Ojalá. Y meter fondo el órgano. Para que la apatía no le venza. Y salir héroe de esta puta guerra. Pero su voz me dice: -No me encuentro muy bien. Y yo me arrancaría el corazón mil veces rompiendo el tórax con una cuchara de plata.