jueves, 24 de marzo de 2016

Fusión nuclear de la amapola.

Sé en esta hora acordada
de luz y sombra en que he jerarquizado tu soledad en esquirla.

Y te he mirado a los ojos
para que naufragaras dentro de la arista papel.

Me recogiste del abandono
hablándome en silencio:

- Me vuelves, loco, loco, loco
loco faro,
faro azul,
firmamento,
brillante de la luz de la esperanza,
la hoguera,
mi visión, la geisha
favorita,
la noche más estrellada de faros de coche.

II

Me levanté con los brazos en alto,
para revolucionar tu dormitorio
y exclamé:

-Pintaré de tréboles tu colcha
porque eres una flor
que quiere que sus hojas paran,
y lancemos los libros al suelo,
y no temas cuando rompa tu cama
estirando las sábanas,  abriendo las puertas del armario.

II

Corriendo fue a la cocina,
y abrió la nevera para coger un brick de leche descremada.

-Cierra los ojos, por favor, abre la boca como si fueras a robar
el color al aire.

Y tú que siempre haces lo que yo te ordeno,
te desligaste de todas tus navajas,
y empecé a chorro vestir de blancura
tu mandíbula, tus labios de Eternauta,
de comodín y anillos encorsetados.

Y chillé entre rimas,
para confirmar la fuerza
del poema:

-Eres una montaña cubierta de nieve.

Y me agarraste con fuerzas las muñecas.

Para recitar desde tu hígado,
me vuelves loco, loco, loco.


2 comentarios:

  1. Vale aquí lo del Libro de las Caras, pero ese "fue", ¿Quién fue?, el que siempre hace lo que le ordenas. En ese caso fuiste, no tú, quizá iba el implicado, sí, ese que abrió la nevera.
    Feliz y poco santa semana.

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  2. Gracias Julio. Los tiempos verbales están corruptos a propósito. He deseado desde mi humildad que el lector en un acto de orgía participe y que no sé supiera realmente quién actúa. Es un poema a tres.

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