En esta oportunidad de tarde mientras oteo otro libro de poesía. Me quedo anhelada de sueños, pues aquí ni siquiera se atreven a morar las cucarachas. Bueno, confieso que alguna que otra polilla vuela con el destiempo del cambio de armario, pero poca cosa más. Tengo un par de nubes en el congelador aguardando algún jueves de lluvia; el brick de avena, emulsión de café, en un olvido de la retaguardia fuera del frigorífico... Si al menos vinieran los insectos con su legión poética a recordar que la nieve existe y que no es el todo, un conglomerado de chistes y epístolas para timbrar a cualquier barrio con el título de una novela famosa. Poema a caldo, bebería a sorbos de su brebaje, los líquenes de este alma que lee más que nada en acequias y gotas de rocío. Sí, ni los bichos tocan el portero automático. ¿Soy una hormiga en una colmena? ¿Puede volar una mariposa en manos de un taxidermista? Sopa de sobre y una página más leída...