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Invasión de los que no se puede salir

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Me quedo frente a la costa observando el tira-buzó-n que el viento desempeña sobre el agua. Una caricia de filo de navaja que arremolina toda vida posible en su matriz. Esta paz de cronómetro, hay que aprovecharla como un saldo  en una campaña comercial. Respirar su absenta de sal y espejos y llenar de algas todas las heridas. Me gusta esta tierra, yuxtaposición de la mía, con la deslealtad del pirata que bebe en vasos de plástico y su garfio sostiene la cortina del que empeñó su galeón. Tengo las manos llenas de granos de palabras. El ojo ahínco contra esta ráfaga con aquellos barcos que impolutos fondean lumínicos en la bahía sin el permiso necesario de amar en firme.

El puente

Si esta lluvia, pudiera regresar aquello que fuimos. Tu cuerpo empapado  atravesando la línea enemiga. Y sentir que este recuerdo de mutila. La variación constante del módulo de tu boca en mi boca. Rebobinar la película de los que ven a través  y cuando. En terceras dimensiones y caspa y mota. Donde la premura se emitía con los destellos  de una filmación de esteroides. Ahora en USB cable cargador axioma. Busco tu latido entre las páginas. Un verso de Dickinson y un muchacho romo de tequila. En la lejanía que me trae el disfraz de la memoria. Tu cuerpo anegado entra en mi dique. Cuando en la. Sabes bien. Y entrega hasta la última moneda para comprar la noche. Y el amor ladrando a una farola. Lluvia obscena que intacta. Me trae lo que ningún play, boomerang y red acompaña. Lluvia sólita de añoranza.

Nido

Piensas que tus manos pueden salvar al pájaro caído de su nidal. Arrullo de pluma  con cada una de las marcas de la quiromancia. Te empeñas en recoger su accidente, cabestrillo de dedos, rosa abierta para el corazón que late. Una enmarañada con el propio ligamento para ahuecar, el codo que la cama  a medio hacer te acurruca. Es tan frágil la oportunidad. La palabra que atropella al transeúnte. El cambio de sexo de un libro. Qué yo me enrosco boa buscando el elixir  de una protección escondite. Tus brazos, el árbol que danza y expide al polluelo de su madre. Por eso trémula acaricio el gotelé y beso el vaso en que has bebido. Ovillo, cable de espera. Donde tu cuerpo rebota almíbar en la mediana de un campo de tiro. Para darme cuenta que están vacías de trenes. Y de gacetas. Y yo quiero que vuelvas a casa.

Querida Gloria Fuertes

Soy una poeta circense que emigra con sus libros malabares. Aprendiz que estira la cabriola maleta con atino y maña,  y que ubicada en la plaza del pueblo saluda a los viandantes con rimas de todo tipo, pues, no existe en mi bandolera, performance posible. Los guitarristas huyeron cobardes con la caravana flamenca. Y mi traje de trabajo es un jersey de rayas de cada tirita que la vida me ha dedicado. La cabra ya no quiere el embargo de una actuación  sino le compras pienso del gourmet. Y aguada grito para ver si alcanzo la luna: -Cómo me acuerdo de ti Gloria que estás en mi retina. La poesía de los clásicos que tanto odiaba en la graduación pero, que ahora beso, por su grandeza como a una peña de ángeles que protegen a esta ti ti ri te ra.

Poema parido en Madrid

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 Madrid te echó de menos . No estabas en el reflejo de los escaparates. El semáforo pájaro trina tu ausencia. Y el ángel derrocado del retiro es un aprendiz frente a la trama infantil, disfraz de calabazas. Sabes, he visitado el restaurante de estrellas donde nos entregaron la cuenta con un sable  y el verde de una lechuga. Cómo decirlo... se convirtió el paraíso en un poema de Iribarren de impermeables y paraguas boquiabiertos. Un gris mofeta corrompiendo los fotogramas de nuestras manos y anidando agua por doquier. Cuerpos con plástico. Y tu cara en los cuadros de "Madritte", envoltura de caramelo líquido sobre un corazón Grand Marnier. Qué sólido se volvió, meteorito humano. Tu sombra naciente de mi silueta. Y sobre todo el amor plural sin comas. De la gente  Qué desgarró el cielo y me trajo el mar. Con sus ojos titilantes. El abrazo como una patera en el naufragio. Te eché de menos. Con ahínco de porteador en paro. Fuentes húmedas  Y poesía, mi vicio.

Presentación en Madrid

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Cuando decidí escribir La complejidad de Electra, tenía claro que no iba a ser imparcial. Quería retratar la falsa moral y el legado del pecado traducido en una época que luego derivó a otra dónde no había reglas. El libro contiene pasajes decadentes que quieren ahondar aún más en una atmósfera donde la traición, la falta de escrúpulos, el maltrato y los traumas se sostienen en pilares que soportan una gran alegoría. Y aunque escribir en primera persona intensifica la sensación de poemas biográficos, hay pasajes totalmente surrealistas para intensificar la mortificación.  Rosa Silverio , fue mi referente, porque ella representa el espíritu de lucha, la supervivencia y un ejemplo poético.  Y era consciente de que iba a ser un libro duro e incómodo para el lector al leer versos sin filtros o simplemente, porque no iban a poder lanzar la primera piedra. Gracias a todas las personas que me apoyan. Pretendí hacer un libro herida o humano, no sé si lo logré... Una herida libro. Un p...

Presentación La complejidad de Electra en Madrid, día 29 de octubre.

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 Ya falta menos y es  hora de abrir las ventanas para que el aire fresco entre en la casa. Madrid, qué ilusión encontrar amistades y conocer nuevas personas, para compartir uno de los exponentes que más me ayudan a seguir luchando, la poesía. Muchísimas gracias María Torvisco Pulido .