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Canto de amor al hijo.

Hijo te quiero kilómetros te quiero oso de peluche te quiero a cada poema a cada mancha te quiero en el trazo te quiero caminando te quiero cuando acaricio la sombra te quiero foto te quiero tecnología te quiero en avión con alas te quiero ojo de gato te quiero en sueños te quiero al hervor de la pasta te quiero globo de cielo te quiero en gorro y en bufanda te quiero en mona te quiero en mono te quiero de pié luchando te quiero sin lágrimas te quiero guerrero igual que los ancestros te quiero limpio te quiero hoja te quiero todo el tiempo te quiero televisión te quiero pijama te quiero molécula porque mamá está en todas partes, te quiero. Te amo. Y un día caracola te lancé del mar El poema sale del faro. Y emite la luz de quiero te.

Vez y trueca.

Odio al castor con mangas y forro de mercromina, que los animales sean abandonados en forma de chicle pirueta, que en los hospitales módem de enfermedad anal lógica los descuartice el cáncer. No quiero bragas de antifaz ni vómitos de borracho en mi alcoba, en qué momento la piel se desprendió en caspa y nació de la serpiente un dragón chino tatuado en mi espalda, tabla de planchar a tanto renacuajo. No quiero que la carne venga a este tercer piso por mucha hambre calígrafo, prefiero una gota de moho que follar sin alma. Mis alas se quedaron dentro de los analgésicos ando más que ejerzo en postura de diente al silencio más silencioso de todos, pintar con la lengua y dejar la baba como un caracol disecado. No, odio el racismo. No a más palizas a cuerpos de mujer castrada. Sí refugio de guerra. Sí a la mancha de hollín de la lágrima por esperanza. Soy ejército. Hospicio de recuerdos que pirómanos queman el mal. Por eso él me persigue. Con su sexo igual...

Trifulcas entre gato y perro.

A ti buen amigo que escupí en tu mueca aguantando mis caprichos rapaces con la última voluntad paterna que solicitó sílice que cuidara de ti. Pato querido, que me enseñaste el valor de un euro robando panecillos de los hoteles dentro de un bolso de prado. Cuando voy al súper analizo en una caricatura al tiempo que estuvimos juntos el peso, el gramo, la afrenta. De luchar hace algún sol tinto y una aspirina sin tu apoyo por las vías de los trenes. Me gusta este pacto de distancias y no hay día que ruegue que venga una chica de vestido azul y te enamore eterna ciruela. Tú, Pato, que conoces bien mis lloros de anaconda de noches sin sexo abrazados pluma a pluma. Pato, apreciado. Las ventanas abiertas dejan que la lluvia entre y en este fin de bastidor, gafas, moneda, zapato, cinturón, quiero que sepas que eres mi hermano tal cual vértice de corcho sobre bandadas de pájaros. Y ahora, es tarde...acaba un año. Es esta maldita vaina que me corroe,...

sin título

En el tren el sol cabalga tras el monte, mientras su velocidad esquizofrénica revuelve en oleaje al estómago. No entiendo la falta de donosura, primate madera de ser conmigo que siempre espera a dejarme sabiendo que camino de regreso. Confianza de que un día la tierra abra sus fauces y las palabras engendren el abismo no del todo oportuno que me use como un manual de vuelo en esos ratos de ratas y taras rotas. Yo quisiera olvidar con halterofilia su pinza de cangrejo, pero, si hoy hasta en Benín han leído la tragedia de Melibea cuarentona y Calixto de legrado cuarentón. Demos circo al mundo, sexo poético con olor a página, lancemos los puñales al viento en adivinanza de que moriré antes que una bombilla. Esos homenajes dados al dominó y sin embargo con sus pensamientos que vive bajo sepelios hembra incapaz de desenterrar un te quiero.

Instrucciones de lavado.

Instrucciones de lavado. Las premisas son las siguientes: Lava con cuidado las prendas íntimas, porque a tu pesar esta mi carne adherida a ella. Con el agua ultramar tibia competirá  la uña de  la avaricia-carcoma y tal vez le aconsejo el remojo clorhídrico para exterminar el óleo menstrual con que marqué tu atril de mono. Purga tu boca, aplica insecticida a  cada una de las mantas que se arropan en los huesos, en exposición conjunta de talleres de coches,  de guitarra sin cuerda. Un pelo de mi cráneo aún anudado a tu alfombra. Y la última palabra  acordeón será en esa estancia nave sólo hasta el mes de marzo. Qué más da ser mujer adúltera o amante fidedigna si la esponja empuja sobre el muro todos los cobaltos posibles en esta sed de Edipo. En aseo de las sábanas fotógrafas junto con la toalla café que seque los senos que han tocado los míos. Echa sal a este conjuro. Porque sé que por mucho corazón en cubeta de casquería t...

Oigo la música y añoro el baile.

Igual que una gimnasta estirando los músculos sobre el potro, haciendo piruetas en interminable eco, infinita progresión. en este tapiz verde de billar golpeando mi cabeza contra las boas y el número ocho esquivo como una mosca impertinente. De puntillas bailarina sopeso el precio de este sacrificio, a lo lejos los músicos  tocan canciones de esponso y deseo salir corriendo  bajo los fuegos artificiales. Aunque llueva petróleo, aunque los dedos sean ganzúas de tanta penitencia ilustrada. Ensayo. Leo acróbata. Gata estiro mi espalda con pinceles por garras y repito el ejercicio con los ojos en lija de tanto por ciento. Me gustaría pescar flores, pero, es la hora que el talco  salpique el folio. De saber que en la renuncia en el salto mortal el cisne negro, un día volverá a ser ese modesto pato de charca.

28 extremos.

I Desde mi cama he visto desposarse a Sarturno y lanzar los anillos por el desagüe del water. Contemplar la mueca felina tras el cristal por no poder atrapar al gorrión en un lamento sonoro de verja. Mi pelo óxido, graffiti de bisabuela, en la raíz triangular del icono que fueron todas las paridoras de este extremo que no muere conmigo. La vida y sus entresijos. II Podría hablar del amor o cómo hacer de tuerta cada vez que me mete el dedo en el ojo, porque en esto de los amoríos una se vuelve ciega de anfetaminas y vomita por los portales aullidos de casulla versicular entre sábanas de franela. No quiero ser más la gallina, metida en un caldo de fascículo, amontonada perdiz desnucada esperando en el mercado la salsa con dátiles. III Tal vez fue un treta, eso de lamer los pezones y enseñar a la cadera el camino más lodoso para quedar ahorcada a su anzuelo. Saturno, sin anillos, no es más que otro mortal destronado. Inocente, inocente dejar la ...