Caravanas
Una muda de casa,como un cambalache de piel en este laberíntico deambular por la vida.
Los enseres tienen sus propios galimatías,
artefactos de recuerdos
con la incapacidad de subsistir
en cartones y bolsas de comunidad.
La muñeca de trapo,
el pantalón de maternidad,
las primeras sandalias con que aprendió
mi hijo a andar por este planeta
que ama más lo bélico que la natura.
Trofeos que me acompañan,
titánicos en este pequeño punto
de equidistancia.
Los viejos amores
en un cuarzo rosa, en la mercancía
del vestido de novia extintor,
fotos amarillas
de ricos pólenes.
Y percibes que la vajilla ha emigrado
y la docena de vasos de Ikea
ha desaparecido en el infortunio
de un espectáculo de magia.
Pero tú sigues aquí,
luchadora de sumo,
anarquista frente a los cadalsos,
imbatible ante los bulos,
licenciada en huidas
que ahora se llaman búsquedas.
Pletórica de libros
con un corazón que late
como la polea de un ascensor
en una rebosante primavera
de amoroso arseniato
donde la purga de tu cuerpo:
tendido bacalao en salmuera,
billete de avión o lengua naranja
vibra porque ya no duele la espina.
Polvorín de melancolía
de las fiestas de Castellón. Uña de gato
y el devenir de tu fragancia
de imprenta y sarpullido.
El sortilegio de los nómadas ladinos
que levantan una nueva kumpanía.
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