Tomillo
Esta mañana me he levantado indispuesta,
la garganta inflamada,
con dos amígdalas
como dos bolas de fuego,
por una serie de sustantivos rebeldes.
Las frases inconexas,
apelotonadas en su redil.
Este agudo dolor esdrújulo
de una retahíla que yo hubiera
soltado en una loca traca "locamotora".
Porque es mejor la mudez inmediata,
agarrar fuerte a la bestia
que convive con tu silencio.
¡París no es más que un anuncio de perfumes!
Tu temeridad lúdica
te condiciona a un riesgo innecesario,
pero duele y aprisiona el cuello:
necesitas cantar a los gorriones,
deglutir la primavera
con todo lo que siempre has odiado:
la vulnerabilidad de la flores,
el latido que aumenta este ahogo.
A un chasquido de marzo, la tos
ha regresado y me riñe alcántara
con medicamentos que anestesian
lo inevitable.
Y no sé si este virus volcán
me va a quemar por dentro
o saldré corriendo, en un alarido,
hacia la playa, igual que cuando eras una niña,
y te lanzabas al mar.
Comentarios
Publicar un comentario