Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2026

Desavenencias

El aguanieve tiene un comportamiento extraño en su mezcolanza de sólido y de fluida pretensión cuando se desmorona del cielo. Supongo que es un contrato temporal que, en esta desprovista vitalidad, nos condiciona de rata a león y después hacia un paréntesis de galaxia. Nos enseña el valor auténtico de lo que realmente nos hace felices: el amor en su dualidad, ese híbrido de intestino y cabeza regado por ríos de palabras que nunca aprende de los errores. Y, como diría Rosalía (no la de Castro, sino la otra), ser ternura para el café supone el mismísimo reto de un copo desvanecido en agua. Que la sal y el azúcar se asemejan. Que la distancia, comparada con la de dos lunas, es un suspiro. Y que aquí, en este poro madero, acurrucada con la pena marchita, flor de la tarde, abrazo sin manos todo aquello que anega al corazón. En un silencio, como un gorjeo de meteorología que, mixto, calla su tronada y conversa el sol.

Viaje a Irlanda: Melancolía

Esta fortaleza antracita que rodea mi cuello. Soga esmeralda  que, con cada paso,  lejos de aligerar la carga  se acrecenta como el cuello  de un cisne. Cruzo la maleza, la trinchera de árboles, que narra viejas leyendas  desde la ronquera amaderada  de la garganta galeica. Estanques fríos  que reverberan el ramal  de este motín de estrofas  agolpadas en mi esófago  para ser la sangre del poema. Ll.Ll.

Viaje a Irlanda: El despojo

I Yo quise, una vez, a un hombre lírico: sus reliquias eran graznidos  capaces de destrozar el muro berlinés. Luego avistó mi trébol  la dicha del control vestido de encaje. Demasiada fábula para uno. Y música de Wagner para el otro. II Aquí, en Dublín, cae una lluvia que quiebra  cada verso que escribí de amor  para ambos. El número tres siempre fue un mal número. Y ellos sé que adictos, que no adeptos, nunca lograron llegar a mi corazón,  porque lo perdí de niña  cuando las águilas fueron mis maestras. "Sláinte" por el ocaso y los perdedores.

Viaje a Irlanda: Errantes

Nací en una caravana. Mi padre era lanzador de cuchillos  y mi madre: una fotografía  en el baño. Empecé a lanzar puñales  a muy temprana edad Sin duda, en el menester del ataque, el abecedario se hizo raudo  y empezé a limar palabras  contra todo aquello que adúltero  pretendía la gangrena de mi lengua. "Sóc una ferianta de poble  i duc paraules de cap a peus". Íbamos de casa en casa  vociferando nuestro espectáculo. La niña con dientes de acero  capaz de taladrar un tronco. Pero la inocencia con filo  posee un precio  y la hoja se oxida  como el hierro de una verja en una casa sin ventanas.

Viaje a Irlanda: Las mil y una puertas

Bienvenidos a este Edén, la ciudad de las mil puertas. La naranja simboliza Castellón, mi casa, la Albufera, que anega el ansia y huele a estambre. Luego descubrirás la puerta roja, el infierno más redentor, la procesionaria  que a tus alas de cera...No sé dónde se ubica, pero tiene más cancelas que un huerto en una penitenciaría. La amarilla, sin duda, es Mallorca, arenisca de cadmio, saliva de brea. Paseo de infancias mientras el sol se acuesta bajo un toldo de montañas. La turquesa, bendito Mediterráneo, que navego como una ola en un vaso. "Baleària" abre su corazón de metal a esta extranjera con permiso de versos. Delfines, peces voladores y demasiadas bolsas de plástico. La negra, mal agüero, es mi sepulcro. No la abráis aún. Que mis puertas son hermanas, y son arcilla, alquitrán, arroz de pescado. En esta casa dublinesa de puerta verde esmeralda.

Viaje a Irlanda: Jack y Nancy

Efluvio de amor irlandés. Flama petrolífera de Jack que sonríe a las gaviotas en una escenografía de Ulises. Jack tiene una barriga hídrica de cerveza, se contornea con el éxtasis de un alcohol magullado. Con sus mejillas de rosácea, el extremo nasal hurga entre los ojos de la gente en busca del beneplácito de un euro saltimbanqui. El vicio es el amor, la fiebre amarilla que siente por la enjuta armadura de Nancy. Nancy, de carne que ampara el hueso, en la cruzada pedigüeña. Encogida en el suelo húmedo, como un mal nudo de bordado, la droga la sujeta como un hilo a la rifa de un sótano. Él sujeta la botella, timón de motín, y araña la moneda para la sobredosis de su amante. Tal vez asir el dinero con la voracidad de un pan entre sus dientes de humo resulte el sexo más caliente del barrio. Tú quizás no lo entiendas. Pero la ternura de los suicidas está en los retratos de los museos, en la necesidad de lo cósmico, en su viaje de neón. Jack, el guardián de la puerta del Spar,  ama con...

Contertulios

Se te puso cara de Luna cuando dije que me iba... Mis pertenencias en una bolsa del Mercadona, hacia la puerta de la libertad, con tobogán a un país multicolor. Recuerdo el día que fuimos a ver a Luz Gabás, tu sonrisa era una pajarita de flores  y escuchabas complaciente  los contra estribos  de la velada. Yo era feliz como un pedazo de sushi  que da vueltas en una vitrina. La ilusa que creía el soliloquio  de tu boca, cuando compraste el libro  con una dedicatoria especial  para tu madre. Y yo, crédula,  la corona de salmón en mi cabeza de arroz avinagrado,  no dudé de tu mentira. Luego vino Rosa Montero  con su libro de teoremas  y allí, de nuevo en las mismas butacas, y tu pajarita de saldo,  dijiste que era la escritora favorita  de tu hermana. Yo, en esa época, era un goyza de pollo y tempura, caminaba con unas muletas tísicas  por una rotura de rodilla  y ya no era feliz. Ahora, mientras fumo, sentada en es...

Presentación en Madrid 7/2

Imagen
Gracias infinitas a todas las personas que ayer me acompañaron en la presentación de El Tiralíneas de plomo, pese a la incertidumbre del tren, a la lluvia y la previsión de nevada (anécdota: anorak monino, pero cero eficaz). La poesía y el amor pudieron más que el invierno. Gracias a Marina Casado Hernández por una presentación impecable, a las poetas y compañeras que iluminaron el libro con su voz y amistad, a quienes no pudieron venir pero viajan siempre conmigo, y a la librería La Fabulosa por su hospitalidad y cariño. Novatada incluida: olvidé hacer una foto de esa sala subterránea, preciosa, llena de historia y de personas que creen en las palabras. "Hoy, tú eres ese cánido  de los icebergs  que desde niña conoce  la tristeza  del fuego". El tiralíneas de plomo, Lluïsa Lladó.

Onda, mon amour

Las calles que suben al castillo  tienen nombre de poetas  y de ciudades del sur. Parece que soy el diálogo:  la serpentina entre las páginas de un libreto, en este mes febril, como un animal entre las matas  después de su abandono. Me cuesta mantener el ritmo  y en la mayoría de las casas  son bocas cerradas a la osadía  de una pretensión nómada: la de obligar a mi corazón a una rutina de ejercicios, la manera en que el tiempo flexiona la belleza,  el mar, un marco en este paisaje  de muros de fábulas  con la necesidad imperiosa  de sentir que estoy renaciendo peregrina, gorrión ausente, náufraga de tierra. Aquí el viento se hace querer  pues yo sé que viene de la costa; es húmedo como los labios adolescentes  que hurtan besos en rincones  de esta articulada caminata. Me gusta la paz. El pino, la piedra, los saludos de los lugareños  en el trabajo arduo del cruce dominical. Me siento tan diminuta. Un guijarro ce...

Hipocresía

En este caso omiso,  la noche nos envuelve en una casulla  translúcida. Miro hacia el norte, que descifra en mis manos  la quiromancia de los mendigos. Cruzo mapas con este vértigo, huésped de vocal, taciturnidad de taberna, y, en este cometido, mis pies  se ahogan dentro de estos zapatos de marca. La gente con sus abrazos de gomaespuma. La boca de elástica conversación,  gimnasta de sílabas acróbatas  que expuestas son barcos de papel en una fuente. Yo pienso en aquel mundo no nacido, sin la tala del árbol. Un planeta donde tú hubieras trabajado  en un cine como acomodador,  con el faro de luz que tu pecho irradia. Y yo hubiera sido la modista con flequillo  que cose cintas a las prendas  para que no olviden su nombre. He llegado a este declive, al alud que supone una tormenta de nieve. Partículas, esporas, radiofrecuencias. Y buscas una tijera enana  para cortar los hilos  que incomodan en la costura. Pero yo soy una maldita ...

Crepúsculo

Ha llegado la calma, una mudez absoluta  después del temporal. Platos vacíos,  fregaderos convulsos  en un bodegón  de cucharas y sartenes. La vocal no dicha. En el amanecer que emerge  con la resaca de los tambores, cuando la vorágine  celebra el ascenso volátil, descansa el árbol,  duerme la basura  en las acequias. Ningún pétalo se inquieta. La fuente bebe su propia gota  para evitar el quebranto  de esta imagen inmóvil. Los papeles dormitan, los plásticos desinflados  arremolinan sus huecos  como cuerpos dormidos  después de la fiesta. Miro mis manos  de hojas cansadas. Observo el sol  que ilumina la urbanidad  que decae ante el hermetismo  de los objetos inanimados. Y yo me pregunto dónde habrá  este viento cabrón  depositado la semilla, la que vuelva a traer la música  a esta casa. Volanderas de ruidos astronómicos  en la inmediación de un ulular ambiguo: la nubosidad rosácea q...

Feliz cumpleaños hija mía

La neblina adormece la tarde  bajo la turbia serenidad  que oculta la realidad de lo imaginario. Apenas fue ayer cuando un barco  engulló mi coche con mi cuerpo dentro  y abrió en canal  un mar azul de portada de libro. Esos días de saldo  con tu espalda amortajada,  la espuma que cubre este paisaje de vientre henchido. Hija, mi hija luna,  la que a estas horas era Florencia  en primavera; la fuente de Neptuno,  la bella escalinata de Roma. Mi lucero en una noche  de contracciones, con la soledad  tomando mi mano:  esa dama que me sesgó,  igual que la fisura de un lienzo, y arrebató lo que más imploro. Mi hija Luisa  llegaría con la música de Extremoduro, con los dedos de pinceles y acuarelas. Legado de flores  de amorosa madre, hecha de estambres y aguamarinas. Queda tan poquito para tu cumpleaños,  las mismas horas que el alma  se convertía en esquejes y el arroz con azafrán  recogía la simi...

Reseña de “Palabras de paso” de Pablo Llanos

Imagen
“Palabras de paso”,  por la editorial Pieza Azul, es un libro que no solo se lee: se atraviesa. Desde su encuadernación exquisita hasta la disposición sugerente de sus textos, la obra se presenta como un objeto artístico en sí mismo. Cada página parece pensada no solo para sostener palabras, sino para activar una experiencia visual, lúdica y conceptual donde escritura e imagen dialogan con precisión y riesgo. El prólogo de Jesús Aguado, titulado “Burbujas y refracciones del yo”, abre la puerta a un universo donde el lenguaje se fragmenta, se multiplica y se repliega sobre sí mismo. Aguado sitúa al lector ante una obra que interroga la identidad, el tránsito y los códigos que nos configuran, invitándonos a asumir la enumerada lectura como exploración. La estructura del libro, dividida en secciones revela una arquitectura conceptual sólida. Pablo Llanos, profundamente implicado en el mundo de la literatura y dotado de una sensibilidad especial, combina su conocimiento humanístico con...