jueves, 31 de marzo de 2016

Bitácora mallorquina.

Vuelan faisanes a contracorriente 
observando en cola de rata que vuelan las ánades
hacia tierra adentro.

Chaperos lucen en celo gaviota
sus torneados músculos y en la andadura
esquivo un oleaje
carnívoro que come imágenes

y empiezo a caminar
a la paralela
al contorno
en eco de germanos de California
y un azul tan intenso
que mi sangre es Mediterráneo.


Ando por guetos alejados de catálogos inmobiliarios
y entre los sones 
y el timbal
se revienta todo en chinos que con ojos mirando al ramiro
sorben el cigarro
en reyerta de aguas sucias.

Me gusta esa vida, la decadencia
de un casco urbano sin retorno,
las esquinas coloreadas en mestizaje
y venas haciendo planeta.

Y en este envoltorio de anuncio de desodorante
pienso que harás en este instante
al otro lado de la naranja;
mientras mi reflejo se confunde
en todos los escaparates
que me vieron
hace décadas y salen a nubes a tropel
en un archivo, con filamentos de cobre
porque no dejo de pensar en ti 
(gusano de la botella de tequila de Poltergeits)

Y sujeto la cometa de mi mano
y oculto mis ojos a la luz de una lágrima
al paso con
autobuses de tostadoras humanas
y otro día fuera del dinamo
con sólo un ordenador como bola de cristal
ante tanta ignorancia.

Si muero.
Y existe una reencarnación.
Pediría convertirme en tu abecedario.

martes, 29 de marzo de 2016

La última llamada antes del enésimo bloqueo.

I

No entiendo el lenguaje del unicornio
ni las aceras con deformidades.

Llegando a la conclusión del embalse
con palabras que  atragantan y que desbordadas
necesitan de la compuerta
para entender que realmente pasó entre nosotros.

II

Quisiera dialogar como el cirujano
a su enfermera en el minuto antes: tic, tac, tic, tic, tac,
de una operación a corazón abierto.

He escuchado al cisne, e incluso he buscado códigos de barras
entre el oleaje
del Mediterráneo.

Metida en un avión he preguntado a los cirros
y algo mareada he estado a punto de vomitar tu nombre,
para ver, si desde a 10.000 metros de altitud
lograbas escucharme
para dar una respuesta a una retórica que florece
horquillas, chinchetas, clip y tapones de boli
dentro de mi poetalitis renal.

A la deriva en un spray, con una medusa-balsa
y tres felinos, olvidando lo que significa el compromiso
de los girasoles girando su nuca hacia la sombra.

III

Un sismo atravesó la madrugada,
elucubrando que debió
ser el cambio de sexo del horario
que como el amor siempre pide más.

¿No te habrás vuelto casto?

Si el juego no tenía reglas
y siempre tu bando fue  más numeroso,
con mi lado escaso, low cost con pérdidas,
con la disposición más absoluta.

Me llamaste
justo cuando yo dormía el sueño de la amapola.
Y me imagino que no fue batalla fácil hacerlo;

hablar, aunque fuese con la tecnología de los signos,
del morse o ladrando a la luna.


Haz que la momia saque su lengua
para curarme de esta enfermedad
para la tierra.

Qué eres raíz .

Perversa en verso.

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

                                                                                   Eduardo Galeano.



Galeano decía que entre la garganta y su boca,
entre la córnea y las cataratas cerebrales
existía la vara lírica
del nombre de dos mujeres,
siempre, en presa hacia el embalse
de un estómago que pasaba la hambruna
de un lío espiritual 
que nunca llegaba al destino
que no es otro que el alma, un estómago en toda regla
y bastidor.

Sabe que mi mente anda algo confusa
y que más que tratos digestivos
la denominación
común, en doblez y carta, más que alimento
perdura en almohada y colcha.

Tengo dos hombres
en mi cama
y eso no me lo enseñaron en la escuela.

La certera despedida.

La ciudad caldeada
abre al verano
su entrepierna
y guarecida bajo la luz del prisma, si en algún momento
usted ha pensado en fuga
le diré con franqueza que no se ha equivocado.

La huida fue planeada
con benevolencia agraria
y la maleta como una olla a presión
con la compra de un pasaje a contracorriente
de las armas más coléricas.

Le abandoné roto en tu santidad sectaria;
mientras corría hacia la estación
observando el reflejo en las puertas automáticas
de su semblante de hombre ahorcado en un lladoner.

Le estaba abandonando
y usted lo sabía,
no podía seguir en ese intento frustrado
y le prometo
que no fue por su karma, aunque he de decir que ese espíritu
de posesión que se entramaba
me producía la urticaria más espantosa.

Y si se pregunta si pienso en su persona
desde la distancia de las gárgolas
le diré que sí.

Pero, ahora, no estoy para fiestas
ni relicarios.


domingo, 27 de marzo de 2016

El alma de la robótica.

Uno no elige el país donde ha sido fabricado
ni siquiera las huellas de los dedos,
esa voz melódica o el embudo auditivo.

Tampoco la familia u horda, individuo o sujeta
donde acabarás siendo una copia barata de su vida.

Así que ahora asumo mi destino cruel
después de ser revendido
en una transición digna de un circense,
donde fui a parar en manos de la mujer exterminadora,
una troyana de móviles
que nunca fue tierno conmigo,
que me soltaba dentro de su bolso sin miramiento,
dejando que mi teclado temeroso
observara la misma oscuridad
de vivir dentro de la barriga de una ballena.

La primera rotura de pantalla
fue mi primer hueso quebrado,
hasta que de la tibia digital
la rótula fue la siguiente área maltratada.

Esa mujer pensaba que era una pelota
estallando contra el suelo
por la negligencia de sus despistes.

Ahora, que mi cadáver nota la batería
como se despega de la espalda
y la tarjeta SIM me dejó
sin nombre, sin fotos, sin pasado.

En silencio, removiendo mis piezas sueltas
ella con un palillo juega conmigo,
y estoy exhausto a tanto zarandeo,
mudo ya fuera de la luz
con el estambre del diamante de sangre.

Defunción de máquina
que subsistió sin la protección de goma
porque ella nunca ha hecho caso
de los buenos consejos.

Este móvil de importación periférica: Made in China.
Imitación de 4-Note como un chico con un polo falso de cocodrilo.

Mientras ella ríe con un celular nuevo entre sus manos,
que destrozará sin piedad.


"El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura".






viernes, 25 de marzo de 2016

Anuncio de televisión.

Estampa paradisiaca
con niños correteando
vestidos con camisas de trozos de cielo
a juego con los calcetines.

Un balón con la imagen ralentizada
y del hueco de una persiana
la melodía de Notthing Hill.

Ellos, beben de tazas impolutas
mientras los meñiques catalejos
apuntan al ombligo de la luna.

Tus ojos del color de la aguamarina
y mi boca sin carmín;
la caricia caracol
junto a los gorriones jugando al corro de las patatas.

No entiendes, amor, que yo no pertenezco a este mundo,
que soy un fantasma que aún respira,
que cuando la tierra brama
en mi hígado la negrura gana su tiranía,
que no puedo tener una vida común
de procesionaria hilando pinos.

No puedo ser feliz nunca.
A ratos, a instantes de telescopio.
Pero, mi pasado  y un hombre
llenan de tinta la mirada
en este cangrejo que me está despedazando.

Antes hubiese sido cruel, ahora pertenezco al lado de la claridad absoluta
y no te voy a engañar que esté a tu lado hoy
no implica un mañana.

II

Los niños mueren de hambre en el exilio, los pájaros llevan en sus bronquios mercurio, los juegos son laxistas, y el campo gesta un estercolero, no existe solución si me quedo aquí sentada, debo luchar hasta el 
ultimo ahogo.

La frase degollada.

Tengo la fuerza exacta
de la presión de un ácaro y la caminata esquivando
señoras, que llegaron tarde a la peluquería con el tinte 
a medio hacer en un horno.

Ellas, acicaladas esconden las entradas
bajo sombreros de paja entre radiadores 
que pronto emigrarán
a los sótanos.

Como decir, que preciso el barbecho
y aventurar escaleras
en un suicidio íntimo de naipes
que llueven en el hueco de los ascensores.

He envejecido cien años y una soledad de plástico
cuando al izar el flequillo
observo la ola blanca, espumosa y deslumbrante,
del cano color de mis antepasadas.

Con él, se han secado las amapolas.
Los pechos menguan en una pera de tienda mirando al sol
sin clientes.

Esperma en paredes,
y manos culebras engendrando el deseo,
en esta casa de grietas
con un corazón que gotea a cada instante
el gato agujero
de ir pedigüeña
como una palabra que no tiene sexo
y se queda muda delante de la puerta de los retretes

orinando a cada instante caricias al aire.

La melancolía que me va matar
y el empeño en que ella haga bien su trabajo.


jueves, 24 de marzo de 2016

Fusión nuclear de la amapola.

Sé en esta hora acordada
de luz y sombra en que he jerarquizado tu soledad en esquirla.

Y te he mirado a los ojos
para que naufragaras dentro de la arista papel.

Me recogiste del abandono
hablándome en silencio:

- Me vuelves, loco, loco, loco
loco faro,
faro azul,
firmamento,
brillante de la luz de la esperanza,
la hoguera,
mi visión, la geisha
favorita,
la noche más estrellada de faros de coche.

II

Me levanté con los brazos en alto,
para revolucionar tu dormitorio
y exclamé:

-Pintaré de tréboles tu colcha
porque eres una flor
que quiere que sus hojas paran,
y lancemos los libros al suelo,
y no temas cuando rompa tu cama
estirando las sábanas,  abriendo las puertas del armario.

II

Corriendo fue a la cocina,
y abrió la nevera para coger un brick de leche descremada.

-Cierra los ojos, por favor, abre la boca como si fueras a robar
el color al aire.

Y tú que siempre haces lo que yo te ordeno,
te desligaste de todas tus navajas,
y empecé a chorro vestir de blancura
tu mandíbula, tus labios de Eternauta,
de comodín y anillos encorsetados.

Y chillé entre rimas,
para confirmar la fuerza
del poema:

-Eres una montaña cubierta de nieve.

Y me agarraste con fuerzas las muñecas.

Para recitar desde tu hígado,
me vuelves loco, loco, loco.


Autopsia.

Despertar
abierta en canal por el pico pájaro,
con las vísceras como alga pulular dentro de un acuario.

Con todo expuesto a la descomposición orgánica
me he trastocado en bosque
y mi sangre fontanal
en regatas de verde
y gelatina.

Con una brecha de cuchillo
a la luz de la mañana
dando de comer con mi propia carne a los gorriones,
con los insectos olfateando las gardenias
y las arañas sin sus espinas.

Vergel humano.

Esta mañana observé mi propia muerte.
Y era bosque.



martes, 22 de marzo de 2016

Et lux in tenebris Lucet.

En un mundo
que se va a la mierda

en un mundo
que acontece, con la mayor desdicha
de la baquelita
formando círculo de iris.


Cómo puede abrazar un árbol a otro árbol
en jornadas trasladadas a una preposición,
cohetes artificiales volando sobre la coronilla
y basura espacial decorando los sueños de los niños.

En un mundo
que se va
que se va
y no volverá jamás de su viaje.

En prensado metal de vidas que no son vidas,
que en absoluta demencia la ruleta de la probabilidad
absorta en polluelos de picos más grandes que sus cabezas
reclamando el derecho de la manifestación.

Grillos fritos, mariquitas con topos de alfileres,
cada hueso en punta, y el carcinoma
de mi piel devorando poema a base del hielo más ardiente del averno.

En un mundo 
que se va la mierda, donde un metro en cualquier instante
embalsama cuerpos sarcófagos
en un mundo que se va a la mierda
aquí descoordinada 
en matemática
con la consciencia sin narcotizar
de padecer el requiebro, el vacío de estómago del exiliado,
de la histerectomía del espíritu
de los pisadores de manos.

En un mundo que se va a la mierda.
Mi brazo levanta una antorcha
por si un día decides regresar a casa
muy a pesar de que todo se irá a la mierda.

Porque tú eres mi mundo.

lunes, 21 de marzo de 2016

Torturalmabestiaria

En bandada
con la notoriedad de la renuncia
y los gatos desperezándose encima de mi cama
con su rugido interno
decorando con canciones felinas una tristeza que lleva traje de domingo.

En una carrera veloz donde la torre de Himalaya
convertida, a base de plancha de días sin contacto, en una meseta de trozos fotográficos.

No hay momento que no piense en ti, sobre todo después
de que no haya en este país más luna
que el culo metálico de una olla,
y la caricia negra de pelo 
de animales que son mejores que algunas personas.

Me gustaría dibujar con esta salsa de tomate
paisajes de Marte lejano donde tú y yo
llegásemos a un entendimiento,
mientras la gotera del silencio
cae vertical, en una lamparilla
y cinco libros que quieres ser amados.

No entiendo tu desprecio, si hice lo que me habías prometido,
tú no me amabas más que como amiga
y era una tortura de veladuras en tronos de cera
escuchar la retórica continua
de que me fuera con otro hombre.

Y por una vez te obedecí.

domingo, 20 de marzo de 2016

La conjuntiva y su lente de contacto.

Todos nacemos con un secreto en la epidermis,
subterránea anaconda
que ya hará lo posible por encontrar
el camino.

En la cocina, allí, un mosquito con la sangre de Marlon Brando
volaba a tres respiraciones
y en una arrebato, el extractor
engullió el mantel junto a la rabia
que lanzó por los aires tazas y otros usos de mesa.

Has clavado el tablero en la pared de azulejos
y me has obligado ante su crucifixión
a decidir.

"Tienes treinta segundos
para ser de la piezas negras o blancas"

Aún no te he dicho que marcho,
que se hace difícil con tanta estaca
poder ser de algún sitio;
tengo un demonio que me observa
desde su patíbulo
y un mosquito saciado
que nos mira de reojo,
el punto más cálido
para aterrizar su hambre.

Cómo decir que eres bello,
hermoso, en tu mortificación insurrecta,
seré para ti un talismán
y comerás de mis besos las palabras
ocultas dentro de los azucareros.

La tele no funciona, y el suelo es una mina
de cristal, no me hagas escoger
el lado, soy un muro entre dos calles.

Tal vez veas una mujer fortificada
llena de caballos de roña,
con el escorpión que hace hueco entre la uña de mi pié
haciendo un nido en el páncreas.

No, aún atardece pronto
y quiero que sepas que
la poesía tiene un secreto:

mata.




Predestinación.

El monzón hacía que diluviara con frecuencia
y cerca del pequeño café
en ese lugar tan estrambótico,
ella, salía cobijándose con los aleros
de los edificios que se aguantaban más por orgullo
que por su fortaleza.

Allí estaba él, el hombre del pañuelo,
con la fe que ella  un día compartiría un trozo de paraguas;
observando desde la luna
y que amablemente le abría la puerta.

No era una mujer accesible, más bien estirada,
tosca y esquiva, pero, el hombre del pañuelo,
con la paciencia del cerezo, la saludaba con pleitesía
y le traía té caliente para aliviar el temblor de noche
que a veces habita dentro de los cuerpos.

Un día, ella accedió a que él la acompañara
bajo su parasol de lunares, e iniciaron conversaciones
que se dilataron en el tiempo la largura de una rama
con el número exacto de treinta y cinco frutos

Frutos dulces como los primeros besos
y una invitación a una cena que iba a consistir 
desde ese instante a compartir el manjar del mismo plato.

Marzo caminaba y ella empezó a sonreír, con el susurro al oído de un cuento tibetano
que consistía en la la historia de un monje
que repetía un sendero que siempre le llevaba al mismo tropiezo
hasta que aprendió que la solución radicaba 
en cambiar de destino.

Mientras convertía en mariposa sus brazos
él descubrió su cuerpo tatuado
 y arrodillado
le rindió culto igual que a Shiva.


 Un dragón verde de jade
en la mesita de noche, 
custodiado por columnas de libros 
era el testigo mudo de una occidental
que no sabía muy  bien en que consistía la geografía del corazón
pero que nunca nadie la había
tratado como él, igual que la canoa que acaricia el lago
entre flores de loto.

Hoy ha nacido el fuego en sus retinas
achacando que la culpa era de la primavera, pero él, sabio dragón rojo,
le confesó que si hubiese sido otoño
lo mismo hubiera sucedido.

-Hay que cambiar el libro, el libro,
y sé que para ti no ha sido fácil.




sábado, 19 de marzo de 2016

La paradoja.




Poema:

Roca.
Roca.
Roca.
Roca.
Ola, ola, ola, ola, ola, ola, ola, ola = mar.

Roca, roca, roca, roca= acantilado.

Roca, ola, roca, ola, ola, ola.

No subestimes la fragilidad del agua.
Oye roca, me oye.
Que ola a ola, ola a ola.
La erosión mella su fortaleza.
Tú, titán, coloso, torre y gruta.
Y yodo, sal.

Rayi.

En estas ruinas
una descubre que no escribe como antes,
antes de la nada 
de la res ida  por la hiedra.

¿Cómo voy a escribir igual?

Si de la dos fuentes
el agua siempre será distinta,
si la mano izquierda toma el útil
y las gotas al caer del cielo
pierden su identidad para ser la lluvia.

No soy yo, la que suscribo,
son ellos que con su fuerza de Perseidas
hacen centrífuga la energía
de una luz que dentro de una caja de zapatos
es como un sol para un ejército de hormigas.

He escrito, en pasión profana,
en cripta de cuerpo que salvajes se aprisionaron

igual que niños que andan con los pies descalzos, 
después de probar la carne
y perder la corona una lampara 
y su cola el televisor de 2314 pulgadas.

¿Se puede sentir igual cuando conoces otras tierras
y el virus de la gen-calidad te atrapa
en jerarquía homicida?

Le quise tanto, que ahora 
ya no me queda más que un borrón 
y una cuenta nueva.






Cuentos sin perdices.1

La noche cerrada por defunción
y una linterna ilumina su rostro:

-¿Qué hace usted a estas horas?

Llevaba Evelyn cavando una zanja,
un foso de tres horas y 40 segundos,
con la distancia del sexo cuando habita en otro continente
de la cabeza.

Con los nudillos abiertos en bocas
y el cuerpo en un sudor seco,
la comisura espuma
y los ojos salpicados de tierra
cómo una lombriz dentro de la vocal "u".

- Estoy enterrando a muertos
que "lapizaron" a otras voces, el genoma literario
de tantas vergüenzas expuestas
y exprimidas como pechos naranjas.

Muerte a los clásicos,
a tanto Ulises-hipster.


Muerte a Gustavo Adolfo, a Willian.
A los instigadores
de tragicomedias, y a las novelas de masas.

El sepulturero, se quedó boquiabierto, y le expresó
benevolencia por emular su noble cometido.

-Muerte a Dante.
-Muerte a Platón.

 Porque la guerra siempre la narra el vencido
y en la oscuridad del combate el músculo del enemigo
es rasurado.

¿Quién tiene pelos en la lengua?

Entonces Evelyn, trepó hacía el exterior
sacando de entre las matas un barril de gasolina.

Para conformar una pira, ante la magnificencia de una hoguera
junto a ese maltrecho personaje que ya había
quedado redimido a la fuerza de aquella mujer revolucionaria.

Necesaria matanza el acabar con reliquias
que impiden a la mente el cálculo de los años luz
del dedo pulgar al ojo.

Y mientras ardía, el olor de la tinta creaba fatuos insectos
que estrellaban la cúpula de la retina.

-No desespere, bajo esta tierra, mañana nacerán árboles.

Y al crepitar de los cadáveres -libros
que emitía el aullido de escritos yeguas
hasta que el alba hizo sombra a los esquejes
que Evelyn había concebido de creaciones papelistas
que semienterradas se miraban unas con otras.

II

¿Qué libro te llevarías a la tumba?

La campana, Silvia Plath.

Ulises, Joyce.
Trópico de Cáncer, Miller.
La teoría de la evolución, Darwin.
1984, Orwell.
Farenheheit 451, Bradbury.
La sociedad del espectáculo, Debord.
Engines of creations, Drexler.
22 Hyde Park, Virginia Wolf.
Los sufis, Idries Shas.
Así habló Zaratrusta, Nietzsche.
Hasta aquí, Wislawa Szymborska.
La carta perdida, Emily Dickynson.



lunes, 14 de marzo de 2016

Sin título.

Té negro y unas pastas
has preparado con la parsimonia de un inglés
ido en ese ritual de cinco de la tarde,
sin azúcar, sólo la miel en cuchara que no se despega,
despedirte de la noche con el sueño,
no es suficiente 
fe porosa de la bolsa y su brazo hilo que cie-
rran en sincronía el pozo de un tazón de mediodía;
eso y lo otro, quién sabe,
novios de tisanas y dolor de costilla
se conjugan en el caldo
hacedor de quitapenas con valeriana.

La lluvia que moja el poema sin título.

Llueve, lllllllllll.
Y olvidé recoger la ropa del tendedero.

Ella empapada sin Roma
guarece en este temblor interno,
del olor de la muerte quemada en un ambientador fino
que emana de entre el espectáculo,
sin amor, las costillas con prisión de Croacia,
la estepa de un corazón seco fruto por falta de respuestas.

Llueve, llllllllll.
Y no puedo olvidarte
a pesar de esta lacra que se fosiliza
en una ninfa que echará a volar contra la bombilla.

Cómo explicar lo que te echo de menos,
las prerrogativas, el edicto de los pasillos
blancos de esta casa a un vacío de luna.

Tiemblo. Y con la lluvia
que resbala por el rodapié del edificio
busco un por qué a esta limpieza
de risas, abrazos, pizza mal cortada
y meriendas calóricas.

Seguro que sobre tu lecho trono
te mofarás que esta lluvia me inunda por dentro con
el abandono que copa las branquias.

Por qué fuiste y no hubo el entendimiento
de que yo no te quería hacer daño.

¿Dónde estás?


domingo, 13 de marzo de 2016

Testimonios y reflexión.

Esta semana han sucedido actos entrelazados con motivo del día de la mujer, de los cuales he sido partícipe en algunos de ellos, haciendo que esta semana mis viajes a Valencia, fuesen muy habituales. La verdad, en cuanto a derechos, hemos avanzado poco, observando impotente una participación mayoritaria de mujeres, cuando estos actos pretenden ser voces de personas, porque antes que una parte, me siento ser humano. Siempre es un honor ser requerida para que mis poemas de tiritera vayan de un lado a otro, en nómada constancia y testimonio de pasajes algunos en carne con sal y otros más oníricos. En un país que en este momento con la población viviendo sitiada en una aletargamiento, que no es de un determinado sexo, sino de estamentos que pertenecen a diferentes pilares tan importantes como la sanidad, la educación, y el trabajo que mueven la economía de cualquier país. Tal vez Europa ya ha entrado en una fase de decadencia, que EEUU mira desde la lejanía con nostalgia porque nuestra historia de monarcas e imperios le importa más bien poco, lo que atrae es la materia prima, los recursos naturales y las fronteras de los territorios que si que pueden desestabilizar la economía más que por su fe por sus atrincheramientos de guerra nuclear, química y tecnológica espacial, nanotecnología, etc. Es una vergüenza que hablemos de derechos cuando una parte de este continente está siendo exterminada ante la impasividad de todos, preocupados más por la longitud de nuestra nariz a la cara, que por el hermanamiento global, porque llegará un punto que no será una ciudad sino el planeta entero el que adolecerá con este sistema económico obsoleto y destructivo que atrinchera bajo la leve caricia sensual de las redes sociales a hacer las revoluciones con la silla metida en el culo. Me da pena ver morir al exiliado, que aún carezcamos de gobierno y sólo nos importen las fiestas de pandereta y que de nada sirvió 1789, porque la Edad Media sonríe más que nunca.
Mujeres con voz, Barcelona.

Huellas de mujer, Valencia.

6º Grito de mujer, Es cabanyal.
 Grit

Sin título.

Como delfines en el mar
surcan las caricias
de todo aquello que formó
parte de nosotros mismos
encapsuladores del momento
como delfines en el mar
la risa de medio lado
el ojo tuerto al olvido
el abrazo herradura
y en canto las tripas
como delfines en el mar
recortando noticias
en el periódico de las pieles
que mudan en metamorfosis
cutánea, el beso, el adiós
como delfines en el mar.
Así emerge de entre las olas
las voces de los que ya no están

Hojas.

Las pirámides


en rectángulo

aguardando la primavera ortopédica
con ramilletes, exportación del container,

con la armadura, en dispuesta cala
que en vez del agua beberá su córtex
del fuego.


Viendo una hoja
una hoja callada
entre el ca y el mino.


Las trompetas de Jericó
obstruidas por la lascivia,
y en reunión protocolaria
más hojas que no son hojas
sino árboles aún articulados
con vida.

Hojas que como frutos
gesticulan en danza r+espiratoria.

Una hoja
en la ve y la reda.
Y metida en una liturgia

el carmín olvidado en el pañuelo

en la soleada nave industrial
con ejercicio gris,
y la aflicción
entre la carre y la tera
con ganas de sentir el abrazo acacia.

Y caduca la hojarasca
de no entender del bosque
ni el lenguaje de los pájaros
ni el silencio
entre tú y yo.

En esta muerta mañana de domingo.

sábado, 12 de marzo de 2016

Ohana, lluna, sol i estel.

Querida Mamá:

En Cincinnati no hay radios, como de niña explicaban en la escuela, y los hombres van todos vestidos de verde, en revuelta militar de los sentimientos.

 Pronto se acontecerá tu cumpleaños, dentro de unos lunas, de veladas fotografías
en la primavera constante, y estoy preparando mi maleta de piel de libro, páginas pestañas y ese cordel rojo para evitar el extravío del número que nunca he sabido bien el nombre. Vengo de visita con las manos siendo campos de mariquitas, mis pómulos más pecosos que nunca y el agradecimiento de que engendraste a una guerrera porque en la carta astral de mi nacimiento eran evidentes las hogueras de todos mis fracasos, guerras evolutivas, en los que siempre he salido cisne, platea espectadora en hebras de tallo en paz , sobre todo cuando camino por la calle y sé que en esta vía de cuadrículas actué bajo una lluvia de puñales y quién se ha atrevido a juzgarme, le he perdonado, pues, mamá, me enseñaste  aplicar el perdón como la asignatura primera de todas las escuelas.
 Sabes en Cincinanti, también hay árboles que nos miran, y los gatos tienen doce patas, siempre conectada a tu cordón que me sostuvo en órbita, siempre conectada al cordón que engendró vidas de león, elefante y tigre. Con el dolor que he aprendido a domesticar, para que no me muerda las piernas, tranquilo con su pelaje de monstruo y seis cabezas, con los golpes que intentaron tumbarme, pero nunca, nunca lo consiguieron mamá, porque tu veías mi futuro, y te agradezco que antes que terrón de tierra y la fragilidad de la nube, la educación recibida, fuese para convertir mi médula en la templanza del acero. Pronto tu cumpleaños mamá. Y tu hija pródiga vuelve a casa, desde Cincinnati con la sonrisa a pesar de tener la herida que nunca cierra. Os quiero OHANA.

La-vandera blanca.

He aprendido hablar contigo
con intermediarios,
a leer las persianas
en la medida de la actividad
consexualizada.

Esperando el relieve
de los corazones de las manzanas
al galope de las cebras,
un trino.

Y ahora que sigue el infantil istmo,
la letrina pretendiendo ser alfabeto
en comedores con nombre de granja,
en la casa de los sacos a cosa fals-illa.

Antes de que cambie la hora de tu móvil,
y tu cuerpo experimente
unas décimas de fiebre
en piscina olímpica
con la vacuna.

Sería oportuno
un día largo entre
y es-pad-astros.

No creéis?
Por los besos no dados,
Porque del juego
el s.a.-ver perder parece fácil.

Mientras en la pared 
rebosan corazones
hasta-dos igual que ciervos
en taxidermia, con los ojos pozos
de la ingratitud superlativa
y proporcional a su aparato.

martes, 8 de marzo de 2016

Día de la mujer. 8/3.




En esta jornada ha sido un honor inmesurable poder compartir una experiencia performance, donde los pintores han pintado sus lienzos inspirados en poetas o poemas de índole social. Mi compañera de bitácora ha sido la excepcional Ana Vernia, con un estilo vitalista y con una semiótica que me ha enamorado el alma, la verdad ha sido una gran acción conjunta, promovida por Diputación de Castellón. Y luego otra alegría es figurar en la lista magistral de los 34 años de la Editorial Torremozas que sinceramente considero una de las más pioneras y  fuertes en cuanto a la edición femenina, sin olvidar a Luz María Faro, una emprendedora, poeta y mujer admirable de lucha sin fronteras para dar a conocer la obra de la mujer.

Bitácora de Málaga. La pensión.

En este recóndito lugar 
el aroma de jabón de marsella teletransporta
a una lavandería de la palabra.

De lejos la abubilla
golpea la sien, con el tamborilero
en una competición 
his-tórica de malabares preparatorios 
para la semana santa.

El ciprés envuelve,
qué curioso, este árbol cónico
que dispara al cielo
bolas que cerebrales llueven
igual que un llorado fantasma
de lo que una vez te quise
por jamás.

La evidencia antes del despegue. (Bitácora de Málaga)

Ahora que las luces de la ciudad
se vuelven estrellas.

Volar, volar.

Ante las mariposas
que emigran del norte de África
y nadan en el  licor amarindo
de los burdeles.

En el tiempo preparada, en que tú no me creías,
dejé yo la mondadura atrás.

Con los labios grosellas, pero tú, no me creías.

Ahora el abandono transcurre
en una azafata nerviosa
con varices escondidas,
en la bandeja horizonte con un vaso por sol,
y las ganas de un reencuentro para la verdad decir.

La verdad, la verdad
volar vuela
y ha sido cruzando la terminal de Manises
con su pantalón de niño orinado.

Y todos mirando la mentira
de que no sucedía nada.

No fingía, me gustaste de verdad.

Cien mujeres han presidido
la bendecida absolución
con el agua de los tréboles.
Indultada del garrote y
limpia de las pinturas belicosas,
obligaron a romper de las palmeras
las vainas.

Y del yelmo desprovista,
abrieron mis puños,
a la esperanza
junto el abrazo
liberador de la más sabia
que acarició mi barbilla
por dos veces en rotación
de astro y luna.

Todas al pié de mi cama
cantaron el ala, de batista
para mi envuelta
gusano revuelto que hurga
mis pies desprovistos
de la venda del leproso;
ellas susurraron al oído
que era la hora de abandonar
al enemigo,
ese que espía a través del espejo.

Y que en paz con mis demonios
fuera detrás del monte
con la única arma
del amor.
Entre gasas cogida de tu mano
de dragón rojo.

Síndrome de los doce monos.


Entre las tiritonas y la fiebre
observarán los faisanes,
vestidos de blanco,
inyectando Valium.

La camisa abrigará el desconsuelo
de tachar con clavos
todas las palabras;
las muñecas y los tobillos
ahorcados por las correas
en cruz
evitando la desintegración del alma guiada
al espiritual afecto del vinagre
sobre la mesa.
del olvido
que no desea el cuerpo.

Luego las tuercas más feroces
y un ojo albo
como boca de zorro,
con las comadrejas de la apariencia
en la amigable desintoxicación.

Las manos temblarán menos
y pronto podré salir
al jardín bajo
la estricta mirada del cielo.
Síndrome de abstinencia,
religión atea de la química humana
para beber de una cucharilla
dos gotas y media de poema
y levantar el peso al cabo
de tres meses, cien lunares y un sol.
El vómito
de un nombre
dentro
de un inodoro.