sábado, 19 de diciembre de 2015

La razón.

Una huella en la luna.

Así es el eslabón,
la partícula pupilar de los ojos
formando una molécula hermana
de arenales con un único genoma.

El hueso lanzado
a la estratosfera
para regresar la nave espacial.

Regaré el árbol
que de la tierra pertenece,
peinaré mis cabellos
que en otra estación
fueron búho o lentisco.

Tu uña está en mi mano
y mi corazón late en una niña
que va a la escuela en Irlanda.

En la conjugación absoluta
que nacimos del mismo tronco
y las hojas son esas pequeñas acciones
que nos ayudarán a salvar el planeta.

Cómo un edredón de plumas
de todas las aves del parque.
Esta orquesta
de sonido de campana
de madre parturienta
que en un dragón evolutivo
parió a las constelaciones.
La creencia que
no somos más que estrellas
en suspensión mundana, conscientes
esperando la hora de la energía
con su traje de lentejuelas.

Con una casa muy grande.
Y ventanas
mirando al paisaje de nuestros adentros.

Tan fácil como un vaso de agua
y no desperdiciar ni una gota
porque hay sed, miedos y necesidad.

Y una gota es una semilla
y alberga vida.

Porque el amor consiste
en dejar fluir
y admitir que no somos más que un eco.

En estado de acciones recurrentes
de paz.

Namasté.

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