Entradas

Prima de riesgo.

Los cisnes de graffiti en los muros con el brío de la hoja por vigilancia. La estimulación del quehacer de las horas, del tiempo con su informe de golondrinas, de visillos lavados, de señoras pompas de la vesícula y otras herramientas del cuerpo. La primavera dentro del carro de Alcampo. Las uvas secas. El vino de especias. La coloración sin amoniaco de un paisaje de ciudad previo a los rayos ultravioleta. El olor del bronceado, a los labios rojos, al mar. A la panificadora de hogazas de sueños.

Ruidos nocturnos.

Pueden seguir con sus lenguas serruchos con los picos con los pulgares apuntando hacia el infierno. Los membrillos de las delicias. Las playas mojadas de luna. Los ciclistas, molinillos de viento que siempre en constructiva con la crítica que grilla en los sótanos de los garajes. ¡Qué cri cri, cri, critiquen!

Botas de agua en los charcos danzando.

El vestido, la luna, el renacuajo, todo cuadra en los cuentos de niños sin bigotes, gatos locos de patas cortas. Miau. Romper el eco en la noche.

Canje

Si existe la felicidad para cada uno, por su lado, habremos llegado a un buen entendimiento. Hallar sin mirarse a las caras, con la cruz a cuestas cueste lo que cueste, boca abajo, en rampa, con los ojos taladrados por el poema.

Entrantes

Voy hacer un pincho en una tarde de cocina. El alambre atravesará la vianda, cada palabra, y luego sobre la paella se dorará hasta pulir los cantos. Para ser digerida con los dientes arrancando cada pedazo del revés.

Trámites

Hay hechos que no necesitan justificación alguna, como decir que al amor  le duele la cabeza. Tal vez son excusas de gaviota, de ángeles dormidos en metros hacia el extrarradio. Qué al amor la rueda le ha fallado y en la curva número siete ha fallecido.

Café ranking

Quisiera que el mirlo se equivocara y que los árboles trenzaran al ramaje para el evento, de la consanguinidad de las estaciones donde la tierra se mezcla con el alpiste y las playas emergen en dunas de gente en escarcha. No sé a dónde vamos, pero su severidad me estremece en este silencio de sábanas mojadas, de besos rotos por otros labios, cual guarece en prendido de pelo. Le hablo, con la taquigrafía de mis yemas almendros en depósito de mis raíces, y desconozco en que parte del mundo reside ni que agua es la impía que colma la sed del errante. Yo colecciono el recuerdo de sus ojos, e invento su presencia en pequeños paisajes de ventoleras. Paso araña, con paso de noche frente a su casa, y el abandono en cristal mira a la calle, a los trances que ocurrieron como una gasolinera que explotó sin previo aviso. Y es que los corazones se volvieron locos, y éramos demasiados en un bote que naufragaba por momentos, se nos cambió el amor, de cuerpos, de anaqueles, ...