Los leños cortados del mismo árbol.
Los vasos estaban de sosiego, pues, no había pisadas de diplodocus cerca, los broches trabando solapas, los rotuladores todos beatos con sus casullas, en una terrenal paz de sabernos amigos. Me agradaba esa alianza entre Sigourney y Alien dándose la mano de paseo por un jardín de cráteres acneicos, mirar a los lados, y amanecer, que era la hora de la semana, más corta de mi vida. II El juego endemoniado de querer razonar en idiomas distintos, espolvorear de sal sus alfombras de caña para que no nevara, nunca. III Risa. Para que se balancearan con mi osadía las telarañas. Para liberar los mosquitos de sus ataduras. De ignorar que ocurriría detrás de una puerta seca por falta de riego. Le molestaba mi presencia, era una neurosis apocalíptica del desconcierto sin músico. Pero, ese jueves conocí la voz más turrón de todos los cuentos, el lobo iba quedando calvo, con una alopecia devastadora, cada vez que al abrazo mis pulmones eran dos ale...