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Bahía volcán

La mirada de ese hombre  hace desbordar las marismas, que se aneguen las acequias  y las compuertas se abran alas de flamencos en Miami Vice. Noto trémula cera delineando camino por mis muslos y miro su desdén de rábano,  de superioridad de credo  y una se siente hormiga, ve sus piernas trofeo  y absorbe la extrañeza que un día tu cuerpo nao embarrancó en su cala dragón  y mis dedos dibujaron playas en sus costa dos. La perplejidad de su lengua que me repele y que lamió mis senos como yo bebí de su estandarte.  Marea de Arquímedes cuando recibe cien cañonazos de auroras. Esa mano flácida que me niega el saludo  y que se unió a la mía en tiempos de paz.  Esa mirada de hombre que me toca  aire acondicionador por las circunstancias no entiende el lenguaje del perdón exiliado.

La rebeca con botones de perla.

I Dejar que otros dedos me tomen copa. Cada huella es un codo articulado, la imaginación de sus besos. En un banco-hombre  con los pies juntos y una rebeca que aguarda hojas en su talle.                                                        II Pensaba que con el tiempo se mitigaría esta grapa en mi esternón. Que el calor y las desventuradas historias de amor que fracasaron como un coche de subasta, en manos varias, hubiese hecho trozos los recuerdos que cobijo en cada arruga nacida por el sufrimiento de tu esquiva presencia. Cuando sentado abres mi corazón con tus ojos no hay Titán, ni ninfa ni droga sintética que pueda calibrar la hondura de ese rayo. Prisionera repto, de un cuerpo a otro, con la esperanza que este mal de imprenta sea devorado por la distancia. Pero enferma de ti sólo puedo sonreír, ponerme un vest...

El olvido atragantado. (III Parte)

III Me exprimo en el silencio, cuando tu presencia esta próxima, tus feromonas viajan hasta  el final del camino de mi médula. Si nunca más hay paso por tu parte hacia mi persona, es respetable la costumbre de comer manzanas arrojando su esqueleto a los contenedores de reciclaje, para morder de nuevo otra manzana. No había hasta esta semana leído tu currículo, y me di una  jartá  de reír, ahora entiendo lo que dijiste que a mí salías barato y que eras un hombre caro. Vamos mudando mudanzas en mudos nudos de alabanzas, y yo soy un estudio con ventanas tapiadas. Demasiado poco. Habiendo tanto chalet en primera línea de mar. No moverás ni un bigote. Ni tu cola bailará entré mis labios. Ningún movimiento. La partida no ha terminado, no dejes esto en tablas. El tiempo es un peón caído y llegará un día que el rey será descubierto.

La muda. (I parte)

Y esta mudanza que se convierte en una andanza quijotesca, con bolsas igual que bocas abiertas que me invitan a viajar por el túnel del tiempo. Portales diminutos que llaman a Alicia. ¿Dónde estás ilusa? ¿Por qué creer en la dama que corta las cabezas cuando de la tuya hace un llavero? Tener la llave, como un pez tragado, en la curva del estómago. Una mudanza que abre mundos desconocidos, singular palabra que debería ser plural. Como los dientes, ya que no existe uno solo, ajenos a su multiplicidad vivimos en inmundas mudanzas. La mudanza de fumigar los rincones para ser una guerra nuclear a los insectos, cuando de niña tú fuiste un bicho raro con las antenas-psicólogas. Bolsas como ojos que entregan la ropa más arrugada, igual que el paso del tiempo. Con cada vez menos perchas, igual que perder piezas dentales.

Amistad es un nombre de barco. (II parte)

  II Jorge trae avaro mis enseres, igual que mi fiel escudero, y él que es un hombre receptivo dibuja letras en la pared del comedor: Estás más tranquila no me colapsas el teléfono. Esta casa no es distinta. Yo soy diferente. El hombre que siempre dice que lo utilizo va colocando las cajas como en un  sudoku , Tritón que se está demorando en traer los restos del naufragio y él no se da cuenta que mi piel mudó en otro mecano. III Sí, lo percibe, pero le asustan los cambios, esa extraña manía de que todo tiene que estar colocado en línea recta, con posavasos y entrega todos los paquetes con tres nudos y pegatinas con mi nombre escrito de poema. Jorge  que contrariedad el caos para la neurosis de organizar una vida sin estridencias, sin ecos, sin nada anómalo que modifique un hábito que no nos salvará de la locura. Y por qué no...del amor de cachorros, entregados a un vertedero y que en la noche helada se arropan, sin...

El juego del dominó.

Ese hombre tenía una veintena de trajes, coordinados y planchados con la raya, era brutal, de belleza nórdica con unos pilares de templo. Cada mañana Isabel atravesaba el paso de cebra y él desde su cabriolé deportivo la miraba, como una ráfaga que iluminaba el cristal delantero. Un día, él aprovechando ese cruce de caminos la salpicó con el agua del parabrisas. Acabaron cenando en un garito y él ladino aprovechando la debilidad de Isabel  por la destilería, acabó ebria entre los brazos de un hombre  perfecto, el hijo ejemplar, el señor de la casa, el bueno y siempre eterno crisantemo impertérrito con sus trajes de mil rayas. No pegaban ni con  Coca Cola, pero cuando sus cuerpos desnudos resplandecían no había clase social que los distanciara. Él, pertenecía a un club selecto donde el sexo era la moneda de cambio, y astuto la fue adentrando a sus dominios. Lo que él no sabía, es que dentro de ese vestido de flores de Zara y el carmín ...

El finiquito de Adan y Eva

En el salón tengo una luna llena, un bote de pintura blanca que reposa sobre noche y estantes deseosos de pesos con bases amorfas que buscan el equilibrio. Y salir a galope los libros con la firme convicción que mi viaje a Ítaca ha concluido Una ya no está para tantos trotes, fue en abril cuando detecté el sabor a tierra, la necesidad de que loto fuese yuca, jengibre o zanahoria. Me hice vieja de repente y asustada desmonté los arcos de mi Coliseo y fui una ola que visitó cada isla griega. Ahora que he llorado cada frasco de jarabe ingerido. Que he bramido la ausencia de mis tres placentas. Que cada órgano se ha desinflado como una rueda de bici. Veo que haré un traslado de mis enseres para cavar tumba en este hemisferio. Me lo dice este mueble modular y el cambio de las estaciones. Luna pletórica de paz. Él no me ama, es esa cortina roída por las larvas, lo asumo. Y haré raíz para un hombre que no necesite Troya por regalo. Ya qu...