martes, 27 de febrero de 2018

Colonia, número 13.

La chica con una trenza de medio lado,
coloca los botes de tomate
con el desorden de la fabricación en masa.
Luego el cuervo altavoz
la reclama en el puesto de cajera,
enlatando en bolsas
el pienso y luego insisto
de barricadas de sueños que duran
el instante de una calada de cigarro.

A veces escribe rimas
en una libreta de papelería de barrio
sin tapas de cuero.

Una cajera de Día, escribiendo poemas
para salvar guerras,
condenar fracasos,
embalsamar novios de porros y calzoncillos de Calvino Klein.

No conoce a ningún miembro
de jurado, y las uñas mordidas, raspas de páginas,
saben a la fresa del esmalte de tres euros.

Le ha mandado una solicitud a su ídolo,
la escritora que parece una modelo rusa
con la pose de una lampara de flexo.
Pero, jamás será aceptada.
En este arrabal el apellido importa.
Los botes de tomate en fila
igual que una bolera, lacrímogenos
paquetes de congelados, en sacos
con peras que se atrincheran en la cinta
y la inocencia de un Predictor
que se ilumina en ambos lados.

Los poemas más bellos de la tierra
son los escritos con el sudor.

Ll.Ll.

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