martes, 27 de enero de 2015

Coco del Nilo.

I


Él tenía, un ojo de cocodrilo.

II


Tumbado al sol con su ojo cocodrilo,

y levitando ella hasta su corteza
le musitaba con la resina del pino.

A la altura exacta, del oído.

Te quiero.

No voy a encontrar un hombre como tú 
nunca.

Te quiero.

Y el ojo cocodrilo, alargado trapo verde,
como un leño sobre la cama,
abierto ojo de muñeca de feria,
abría las fauces, corona de colmillos.

-Di la verdad, la verdad número 1000,
la número 100, la verdad diez y hasta la una.

Le dices a todos lo mismo.
A todos les haces sentir el único de la tierra.

Cocodrilo, ojo.
Semicírculo.

Y una lágrima
subió la marisma
de  unos ojos cocodrilos,
y respondió:

Sí, 
esto es un juego.

III

La conoce, mejor que nadie,
testigo de las crisis,
de los estragos,
de como la eslora chocaba
hasta romperse en mil pedazos
contra la barra de una discoteca.

Y le decía:

No bebas, más, por favor...

IV

A veces, recordar el pasado,
para no repetirlo.

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