sábado, 16 de agosto de 2014

Sacrificio.

Tengo la sombra de un árbol
para que leas, bajo ella,
poesía.

Mis sillas son de plástico,
de esas que venden en los hipermercados,
no hay alfombras rojas
ni cetro.

Podrás escuchar la hoja
como pía en los nidos.

Y cuando gires una página
abriré mecha en la tierra;
para que nazcan calabazas.

No puedo darte muchas cosas,
tengo cinco piedras
un pañuelo de hilo de mi abuelo.

Un sauce llorón con candelabros
que nos verá envejecer juntos:
tú papiro de cartas
y yo, de lámpara de labriego.

No sé el nombre de las ciudades muertas
ni cantar bajo la ducha,
soy un  pelagatos,
tú lo sabes...,
mi conversación se basa
en el punto cardinal
de regalarte el fruto cosechado.

Mis abrazos serán mi único poema.

Soy un pelagatos,
tú lo sabes...,
no sé hablar con las piedras
ni dormir la noche con palabras.

Si tú quisieras,
tengo el hueco

perfecto en mi lado izquierdo.

Pero a ti 
te gusta viajar.








mientras el trineo


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