domingo, 3 de agosto de 2014

La necesidad innecesaria.

La nostalgia viaja
con un trapo por la cocina
que se traga el polvo.

Silencios.

Nuestra incisión fue necesaria
en la precariedad de la vida.

Era la sol detrás del luna.

Eclipses.

Recoger la ropa del tendedero 
y observar los sueños de lavados inconclusos,
para admitir que éramos un gajo bicéfalo,
sí, la clementina que tiene una extraña forma,
igual que una mano que desea
abrirse paso al camino.

Me han dicho que tienes mi foto 
en tu estado de washapp, 
y para qué engañarnos
ese olor de costilla de cordero
que se filtra a través de la ventana
no es más que la muestra
del sacrificio de Ismael.

Me has dejado libre,
por ti fui la cometa atada
a la pata de una mesa
y con dolor y aceptación,
ahora, brillo como un cubierto de boda de ratas.

Te querré siempre Jorge,
fueron horas lo cura todo,
sin carne de por medio,
ambiente de una dependencia emocional.

Fui tu segunda Alicia
y crecía en la casa,
hasta hacerme gigante,

yo quería abrazarte
pero mi peso rompía las sillas
y aplastaba tus ojos.

Bendecida la separación.
La decidiste tú,
como el que suelta una peonza

y te quedas con un cordel entre los dedos.

  





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