viernes, 31 de octubre de 2014

De película.

Este barlovento aún vigente, no me incordia,
en absoluto, desnudos sobre la franela morada;
cierro la visión y siento la brisa césped que precede
de sus turgencias.
Me transporta a una colina al este que le den,
hasta las cumbres borrascosas,
dónde el protagonista con su auto fallece en una cursiva.

Cada vez que salgo por la puerta

de su casa.

El sur de la brújula.

Cuando le conocí, pensé: menudo engreído,
un gallo real en la consola de una hortera.
Su pedantería en extremo, el puño vuelto de la muñeca
y el decálogo de poesíacursidigestionespesadas;
rogando a las deidades y al camarero
que fueran el coitus interruptus
de tanta palabrería orquestada.

Cuando le conocí. De rodillas frente a su sexo,
pienso como grano de gallina
en qué momento sus poemas
salivaron en mi mente
haciendo que las bragas volaran
y estriando el corazón
en un embutido
que a rodajas se servirá
en un cumpleaños de veinte críos
en la Ronda de Mijares.

Quién eres.

En ocasiones reprimo la risa loca,
cuando dramático habla
de memeces, que suenan
a canción de trompeta.

No ve que llevo
tatuado el anagrama
de los yakuza, bajo escamas cutáneas.

Acaso, esa pose airada
de anaconda lazo,
de mantis prejubilada,
de circunstancias,
de niña sentada en una peana;
no es más, que un modismo de provincia.

Y yo, ya no sé quién soy.


jueves, 30 de octubre de 2014

Contradicción.

I
Puedo en un intento frustrado
hacer nudos a los flecos
para que en un renuncio
vuelva la franela
a sonreír sobre la lana.

II
Cómo pensar sin razonamiento
el empuje de tu trono
si sabes que me acurruco bajo tu brazo,
seta, piedra, trébol y araña.

Nunca imaginé un amor tan grande
de puñados de tierra
derramada entre hojas.

Si tu lengua fría,
si tu vientre caliente,
si mi boca te llama
y tu marea me expulsa.

Cual es el secreto
de los hemisferios,
de los lunares de las mariquitas,
del techo de las casas sin techo,
del olor en la ropa de tu casa.

Cuándo asestó la ballesta en mi cáliz
y se sembraron de nombres
todo tú, hombre.

¿El desconocer el peso del pétalo amarillo,
la coz del asno o cuando dices que no me amas?

Si en los últimos tiempos
ahora que el tren se ha parado
para ambos.

He aprendido en la escuela de tus caricias
que no deseas dañar mi estrofa
y no me amas
y no me amas.

Si el principio
de todas las estaciones,
la flor, el establo y el verso.

Es no dañar
a quién se ama..

Protegerme de ti mismo.


Ciclo.

Cuando sea abuela
le contaré a mis nietos
que conocí la cordillera.

Qué viaje a la India,
y fui elefante, y fui lago.

Qué anduve por la calles de Viena
y las Maldivas
eran botones de islas
que guardaban tesoros
con forma de trigo.

Les diré
que conocí
a un hombre montaña
que tapaba el sol con su sombra,
de ojos pizarra
y arcilla en su composición química.

Que fui nube, ave
y piragua sobre el Amazonas.

Y ellos, ojalá que así sea,
se burlarán de la historia
de una poeta canosa
con piel de libro
y papiro sobre sus manos.

Para que repita la lluvia.

Deter-gente.

La ropa queda más reluciente
con jabón de lagarto,
sobre un pilar marmóreo.

Supongo que mi abuela
diría la suerte que tengo
por tener lavadora,
compresas, 
televisión sin preñez,
guantes de látex
para recoger una, a una,
todas la esperanzas
que caen de los bolsillos.

Ella vivió tiempo de violines
donde ni los gatos maullaban a la luna.

Me gustaría 
en la vigila de su memoria,
con una tumba tras el mar,
preguntarle si vale la pena
morir por amor.



Estampación.

De camino por el parque
los perros parecen cerdos
moviendo las colas
como intermitentes parabrisas.

A las cinco
he licuado cada una de tus palabras
en el fondo de una taza,
con una cuchara, en rebeldía
a lo evidente.

Para llegar a la conclusión de amores 
que duran un lavado de cortinas
y otros, que te dejan 
colgadas.

miércoles, 29 de octubre de 2014

El precio.

Siempre seré el mal tiempo, 
que cuando no esté cerca se extrañará
como la gota de lluvia en la espalda
en un tarde de verano.

Recuerdo a mi abuela
sentada, en su litigio con la vida
detrás de un cristal
con el canturreo melódico,
ella había estudiado canto en el Liceo
pero su amor por mi abuelo
la relegó a una silla
frente al espejo de sus correrías.

Desde niña
ella me susurró al oído.

No dependas de un hombre.
Nunca abandones tus sueños,
y aunque la luna parezca lejana
no dejes que nadie
la baje por ti.

Chilla, salta, muerde,
capta, liba, ama
pero no dependas 
de un hombre.

               Dedicado a mi Buba María Marí Juan.

lunes, 27 de octubre de 2014

Sin título.

I

Por favor, déjeme
quedarme una hora más.

¿Me da permiso
para ir al baile?

II

Tengo una relación homosexual

con la Muerte,
mujerzuela de melena exuberante
goza al lamer labios 
y pezones.

Zarzas de esparraguera
que he ido espina a espina extrayendo
en los últimos años.

Muerte, que me has besado en la boca
deja hacer acoso sexual
a mi existencia,
lleguemos al entendimiento
que un día u otro, ganarás el pulso
y tendrás todo mi cuerpo,
sometido a tu lujuria.

Quédate ahora quieta,
te dejo cuando duerma
mirar mi desnudez
sentada en el rellano
de mis paranoias.

Entonces me follarás entera,
te beberás mi sangre,
y taponarás mi boca con el desierto.

Muerte
que permití en el ayer 
que perpetraras con tu mano por mi sexo;
pero, ahora todo es distinto.

Siento el frío de la mañana,
me canso al subir las escaleras.

¡Soy mortal!
Y tengo tantas ganas de amar,
que aunque sepa que vives encelada
te pido cada noche
que me dejes un rato más,
que me dejes ir al baile,
mañana.







domingo, 26 de octubre de 2014

Heroína.

He de deciros
que sin resentimiento
en la vida las cosas
tienen el lugar
el aparcamiento en correspondencia
a la medida
de amores de sillas de ruedas
aguardando el milagro
a que anden
los maniquies
en medio de la noche.
Todo lo que te he podido
dar quizás sea mendiga alianza
una limosna
el pan duro para el famélico sexual
que a oscuros
confunde el rostro de amante
la ame-batracio microscopio
Esta porción de llanura.
para una náufraga
que siente en este momento
la mordedura de sus zapatos
como una gran gesta, años narcotizada
por los fantasmas del pasado
y un botón que quedó
al alcance de los necesitados
de gloria.
Mi padre me enseñó
a dar gracias al enemigo
a tender el brazo al lisiado de alma
él creer que si honesto era el fruto
que más daba abrir
boquetes en todas las alcantarillas
a aceptar las aguas claras y las sucias
y salir victoriosa de todas las afrentas
con las pestañas descoloridas
por el llanto
ese día que vi mis hijos clavados en macetas de claveles.
Y no quejarse
por mucho
que esta noche me duelan
las tetas.
Y no olvidar
que soy poeta
y Guerrera.
Lluïsa Lladó.

Flama flema flamenco o la limpieza.

Acompañada 
por el mástil de una escoba
y esta pala color pétalo
en un domingo
de horarios cruzados.

Me pregunto cual será
la varilla de la sombra que te acontece;
el nombre de mujer que escribes con tus manos
cuando pulcro,
deslizas la lavanda
en tu pequeño mundo de agua.

La cápsula de cohete
que te lleva a la plataforma de tu escritorio,
como la hoja que abre su palma
y leer pitonisa las líneas
del cromatismo al verde vacío.

No sé que inicial
compone el esmalte de tus dientes.

Saber que el mordisco
lo llevo yo en cada arteria
y una, hace como si barriera mientras llueve sol
y tú, hablas a destiempo cuando encarrilas 
llamas de todos los números de teléfono
y acabo ceniza frente a los escombros
de un cepillo y un recogedor

de polvo 
enamorado 
de Quevedo.


viernes, 24 de octubre de 2014

Quevedo y Gongora.

Tenía la sana costumbre
de acudir al lavabo
después de regalar su poesía, 
y curioso polifemo, 
aposentarse en la última grada
del coliseo en racimo;

mientras el agua galatea
se escurría por su sexo cíclope
apaciguando dos ojos golosos.

Un día me apresté a colaborar
en la corrección poética.

Ay Góngora  que miras desde el cielo.

Tenía la sana costumbre,
frente a un espejo de baño,
cual Venus,
de los que venden en el Carrefour.


Con un jabón de manos
con olor a penitente.

Pulir hasta la perfección
tal ilustre rima.

Déjeme a-ser tu Quevedo.

Y observé
desde el Parnasso
el amanecer sin
 sol
más bello 
de su tierra.

Quevedo
y Góngora. 

Góngora
y Quevedo. 


Ave tren

I
La muchacha contabiliza
el modo de colocar el carro de niño,
la bolsa, el bolso, el niño.

II

Me apresté a ayudarla
en su enjambre de madre primeriza.
Y ella, muchacha con bebé,
se a.v.e.nturó a anclar mi auxilio.

Me recordó a mí.
Veinte años atrás.
Pero ella...era feliz.
Yo en sus circunstancias
tenía los párpados, los costados, las mejillas, las orejas moradas.
De noches enteras
de insomnio
por los grillos
que sonaban:
gri,gri, gri, gri;
lle, lle, lle, lle;
te, te, te, te.

En la garganta
de mi marido.

III

Recuperar el tacto infantil,
abarcándolo con la calma de una madre vieja.
El olor a granel
que buscaba rendijas en mi aguileña.

Los niños pequeños,
la primera cumbre, la segunda meridiana
más alta que yo también.
El tercero mi sufrimiento, 
aún precisa de mi sombra,

Hijo, te he abrazado
y
sólo
supo hablar
una.

Lágrima.

IV

La muchacha, Lucía de apenas meses,
y sentir la maternidad
como la última rosa
del invernadero.

Sisifo de sagitario

De niña siempre fui despistada,
dejaba olvidado los días limpios el paraguas

y las prendas mostraban sin pudor
su dentadura
a la risa de mis anfiteatros acompañantes.

Siempre me enamoraba del monstruo del cuento
y lo perseguía
con un bote de pintura de mostaza.

Le exclamaba:
- ¡No corras!
Quiero pintar franjas ocres,
franjas de verano trigal
en esa panza de devora-niños.

Deseo liberarte de la maldición
y que sea mañana,
cuando despiertes amarillo


y vueles,
vueles Sol, sin miedo.

Descansando de tu huida.

Pero...para eso
debes mutar poema

y vomitar tu orgullo.



Géiser.

Ningún inconveniente
descender de la Madame de un prostíbulo,
Una aprende a distinguir:
las alhajas, el arte de la cítara, los versos y servir el té.
Ella  te enseña el modus vivendi
de la acumulación de bienes;
que abran la cartera
antes que el faro ilumine la nao.

Se viene de estirpe igual que la nobleza.

Por eso, no puedo evitar lacar el cuerpo de blanco.

Trabajo sesenta horas semanales,

pinto los labios de rojo,

con la carcoma en las manos,

te miro a través del paipay

y los únicos anillos 
son los aros 
del jarabe para la tos.

Porque reniego de mi sino.



jueves, 23 de octubre de 2014

Ya era hora.

I

Cómo explicar que este dolor
en el pecho
no es causante de la agonía,
si no del manejo
de sus dedos tarántula.

II

Yo quería quemar
las misivas
dónde dice
que no ama.

Entonces, 
decid buen franciscano,
si no ama
y amo
si venzo
y caigo
si subo escala
y precipicio 
abajo
muero

al unísono
de los cuerpos
que son cuerdas
que son locos
si usted no ama
y yo lacaya y ama
de su órgano
envenenado
de oficio.

Decid
que hace
su voz 
invitando
al lecho
de muerte
a horas vespertinas
que nadie pueda
prestar testimonio.

Sus ojos
que perjuran
la condena
de no poder
vivir sin vos,
y usted con su poder,
sí, usted,
no sienta nada.

¿Está seguro?

No vaya

   ca  
       er

del 
h
i
l
o.





La confesión.

Os voy a contar un secreto
cien hombres me han pedido un poema.
Os voy a contar el secreto
cien poemas tengo para un nombre.


Lluïsa Lladó.

Airepuertas.

I

Si se arriesga conmigo
la sinceridad que sea el escudo de su yelmo.

Quizás la confesión

de mi hi per a cti vi dad.



Un jueves de Carnaval,
en mi lugar favorito del sofá
hallarás un cojín de chenilla
con las cuatro esquinas
de los puntos cardinales.

El agravio de la brújula.

De ser viento.

El abandono.


Miriada.

I

Mi padre decía:

-Ves esa estrella,
  esa estrella,
  es tu padre
  que te mira.

Decía mi padre.

II

Por eso cuando recuerdo
su voz extinguida de la boca;
frente a su cuerpo moribundo,
vomitando sin cesar,
a pie de cama.

Corría al balcón del primer piso
y miraba al firmamento.

Lo malo, 
que había tantas,
que mareada
no podía escuchar
la letanía paterna.

Era demasiado inocente
para entender el lenguaje de las estrellas.

La muerte.

martes, 21 de octubre de 2014

La mirilla.

Un juego de espejos
aventuró desde la retina
dos cuerpos que miraban.

Dos cuerpos que eran
nuestras propias imágenes
entregándose a la luz del rayo.

Avergonzada miré de reojo
y entonces, comprendí
el origen de las especies.

Dos cuerpos amándose
delante del espejo

y ningún mueble 
                                por el medio.

Gamesutra.

 Me tomas ángulo recto. 
L
 Me obligas a levantar los brazos buscando lluvia.
U
 Luego en línea recta miro la luna llena.
I
Seseo en jadeo a tu lóbulo.
Acabando mis piernas abiertas
 bajo la falda de Berska
 como la primera vocal.

Te gusta modelar mi cuerpo
al antojo de mi nombre.



 



Tema-río de paz.

Cuando esté contigo
no hablaremos de la guerra,
ni de las vacunas
del mercado pústula.
No hablaremos del hambre,
ni de los colegios que cierran
sin niños; listas de partes hospitalarios,
ni de la cera vertida
por la memoria de nuestros muertos;
no desearé hacer gala oral
de la afección cutánea
reincidente.

¡Hagamos un pacto!

Hablemos del narcotráfico de los besos
y los trasplantes

de esperanzas.

Proceso especultativo.

¿Has visto la empírica de los sentimientos?
antes, narraba la lavadora y las iras centrífugas.
Soledad, puta soledad de cocina.
Ahora que te he conocido hombre,
deja
que hable
del olor de tu sexo.
 

Sigilosa.

Mirar tu sueño
y no hacer ruido.

Sentir los brazos como sogas 
que amparan a espaldas.

Estoy ahorcada fingiendo que duermo.

Y sólo escucho
los latigazos cardiacos
dentro de mí.

Difunta caja.

Plexo solar.

Anhelar
que sus muslos, pilares erigidos me asieran, 
sosteniendo la cadera.

Muslos-troncos-bronco espasmo
que levantaban la copa de arbustos:
Senos desbocados.

Bebía fuente,
palpábamos fruto.

No dejes de mover la arboleda
necesito ver
como todos los pájaros
en bandadas, vuelan del plexo
hasta el cielo.


 



lunes, 20 de octubre de 2014

El enfado de la voluntad.

El problema no es su poesía
ni la médula poeta
que recorre sus vértebras
la boca loba que engulle
poderosa y doblega
cada terminación
el desear con avaricia
su cuerpo
tener gula de cada uno de sus vértices
la sed de mis papilas
y el aturdimiento
de mis pezones nombrado
cada duna
de sus yemas
después del goce con goce
no es problema
que sea como un continente
donde en cada pliegue
more una mujer distinta
con ropa de alfiler
acentos corsarios
o no lleven sujetadores
astrónomos
ningún problema ser súbdita de su sexo
la noche de aberturas
humerales escarchas
en desvelos
por tener el puerto
recogiendo barca
amparando tez
el pro-ble-ma
no para usted que vive en otro mundo
molde
tesitura
o platillo volante
el problema
nunca antes acontecido.

Es que le soy fiel.



Volver a las berenjenas...

Jornada tras caminata hacia el centro del universo industrial,
donde las cuatros estaciones se disfrazan de pizza.

Vendiendo las moraduras de yemas infantiles,
en países extinguidos,
con forma artícife de zapatos .

Allí es fácil, vendes tus ovarios
a la prole de un gobierno
que licua los engendros
de la gente 
en un bienestar ficticio.
Qué razón tiene Jorge Riechmann,
volver a la floricultura,
alejarnos de la asesina transgisénia,
tener en una parcela la semilla exacta 
para hallar el sabor de las berenjenas,
escupir maíz
y que los niños vuelvan a ensuciarse de tierra las manos.

Pero vivimos en cárceles con tiendas,
abiertas a una galería comercial,
expuestas tartas de mermelada y tarjetas de plástico
entre sus reclamos

Vivo, mejor diría, subsisto...en la melancolía
de una revolución inversa,
donde si a mi gato lo criase
una máquina lo confundiría con su madre.

Navidades con hombres vestidos de rojo
y ofertas con purpurina que lamina la miseria de un endeudamiento,
luego la primavera florece en todos los pezones
en flor de almendro, para pasar de largo
a unas agónicas rebajas de sopor depilado
que han pasado hambre exactamente
tres meses. 
Hojas que caen del paro, flores de muerto y calabazas;
el tránsito para comenzar de nuevo en empresas temporales
con domingos trabajados pues vivimos, mejor dicho,
sin familia y sin credos,
para sin cesta comprar lotería al abasto
de un vicio que no es vida.

Así cinco años.

El ciclo antinatural del capitalismo
y sus cabezas de turco.



Poetosis extinguida.

Mulata enferma
la aislaban en jardines
sin nomos.
Era de una hipersensibilidad
inusitada;
escuchaba los cascotes
de las hormigas Caballo,
el tronco anillado
a su compromiso,
los huesos que crecían rama.
Paredes que hablaban
las palabras escritas
con sus rapaces en cabinas.
Tristana
sometida
a operaciones
que insertaron prótesis
de numerosas letras.
17, 16, 5, 20, 11.
La pobre niña
tenía
el mal.
De la poética.
Ll. Ll.

domingo, 19 de octubre de 2014

Carta de Marie a su madre.

Querida madre:

En Connecticut los días se mezclan con las noches climatológicamente hablando,
con el frío cubro las orejas con un gorro de castor y en el calor saco el abanico
de lunares que me regalaste en una feria de bombillas.

Sabed madre, que ese chico que hace años que me ronda ha cogido un tren desde Alburquerque. Yo
en el pasado intenté enamorarme pero su ideología fascista me revienta, con su camisa de leñador y un montón de pellejos colgados en ese coche alemán de señorito, vino ayer noche a verme a la salida de mi turno. Llevaba horas de trabajo y con mi viejo uniforme y bailarinas planas cuando los surtidores de gasolina
se agotaron para dar paso a las camadas nocturnas. Volvió a lanzar caña a mi corazón, desde que tuvo el accidente de coche en junio su semblante ha cambiado, me ha confesado que no bebe ni una gota de alcohol y ha ido recuperando la movilidad del brazo derecho, que le hostigué tirana que había sido el karma por pegar a los animales.

Hemos llegado a un pacto. Viene cuando puede desde Alburqueque y le escucho. Sin dejar que se aproxime a mi cuerpo, un beso por mejilla, y la terapia. Me habla de trabajo, y se mete con mis hábitos alimentarios, en desacuerdo que more con un gato, empieza acabando de la relación que tiene con su madre. Una mujer bella y de matriarcado que ha enfermado. Ya llevo varias crisis existenciales, la recuperación del accidente, su buen tiempo en su socarronería y el bache comercial. Me hace reír y allí lo veo cabezón para que forme parte de su taxidermia. Creo que ni se afiliara al partido comunista lograría conmover mi libido. Cenamos en un puesto de carretera, y por activa y pasiva intentó salir a bailar, misión imposible. Madre, Ralph y yo, sólo tenemos un extraño acuerdo donde me hace sentir la fulana que presta el servicio de escuchar sus palabras; taparlo con la manta y sin ningún contacto sexual, recoger mi dinero para dejarlo durmiendo abrazado a la almohada.


                   Lo que no puede ser, no puede ser.

     Atentamente mamá, disculpa mis pequeñas grandes locuras.

                                                                                                 Te quiere Marie.