miércoles, 31 de agosto de 2016

Cepas de septiembre.

I

He viajado lo suficiente para percatar que en las personas
yacen los parajes más bellos
y que en ti, 
mi varadero no son más que tus brazos de viña
que cobijan cada uno de mis racimos.

Que en tus manos abiertas he descifrado
los desiertos más ocultos
y que cuando el sol más acuse de recibo hacía
tu boca, era el manantial,
de sintaxis y pupilas que miraban la cara oculta de los párpados,
cerrando nuestras turbinas-arandelas, la perfidia de la matemática
en el nexo de nuestra cartografía

y contemplar
el amanecer más auténtico en una ristra de jadeo,
de la arena caliente
y los glaciares en lágrima.

II

Me amarro, fuerte a tu corazón 
con el tiempo que pasa, cuando descubro que los sobres de mostaza
han caducado, y que la arruga
que ha dejado tu cuerpo en mi cama
es el desfiladero de cordilleras
más irresistible para abrir la maleta, dejar de volar,
y hacer injertos entre tu hombro y la rodilla.

para cortarme los pies
porque las alas fueron arrancadas.


http://www.lomejordelvinoderioja.com/noticias/201410/15/origenes-expansion-tempranillo-20141015005932-v.html

domingo, 28 de agosto de 2016

Ganas de escribir y nada más a Dragón Red.


A estas vanidades de la vida
con el derrocamiento de mis rótulas
la lluvia crece más dentro que fuera
y me hace entrañar un patetismo
de mujer abanderada, y ser lacra y sello, 
añorando el hielo que adormecía al hígado.

No podemos nadar cuando la corriente que nos arrastra
ha adormecido los nudillos
en trenzas cabales y dementes, que encierran la flor a falta de la luz,
y ya ni se recuerda donde termina tu dedo y empieza el otro.

Sobre su pecho las arañas no existen
y noto como el tiburón pierde sus dientes.

Y viajo en una taxi con la tapicería del miedo
en el preciso instante que prendió el depósito de gasolina
para percatar que ya no puedo regresar 
y que cuando como una tipografía trémula
lloraba desguaces en la puerta de la carnicería.

Él respiraba mi nombre.
Para hallarnos en la tormenta
con las espadas rotas de atajos.

dreams for one day

Cuando en el margen no aparezca la botella de Coca cola
con la subliminal de adornar, como un adjetivo al verso
y en la salida de ojos cuadrigéminos
pueda el cigarro en pértiga
saltar al cenicero,
su defecación soporífera
que nacieron de las colillas.

Pueda que la chispa nos asalte
y que el vado abra
dentro del yo-do líquido gaseoso seminal,
ventanas, 
escotes, 
surcos, 
diapasones, 
ombligos, 
aretes, 
círculos viviosos
agujeros negros y pírsines
FEMALE STUDY: ANA MENDIETA /July 29, 2015 by courtney cady
al po      ema.

Para que entren los buenos aires, o simplemente nada.



jueves, 25 de agosto de 2016

Visión nocturna de Castellón.

Desde este octavo piso la ciudad tiene otro nombre.
Las casas alineadas.
Los respiraderos que imitan a las viejas,
chimeneas sin humo.

La coronación de los altibajos de los edificios
que como cabezas poetas
compiten hacia la noche.

En este reposo sobre el marco
salgo del lienzo
observando el mar urbano de los farolillos que emergen,
desde pequeñas ventanas
con los televisores de anuncios.

Él (mi amado) me observa desnudo desde el portal del dormitorio.
Es mi ciudad, donde quiero, morar, habitar, placer y morir.

Desde este octavo piso de la ciudad que tiene otro nombre
no notamos el vértigo existente
bajo los pies de nuestras estrellas.
que se asoman a la intemperie de un baile.

Compás roto por el crujido de un gato
que va haciendo eco
desde esta cabizbaja manera de sentir las cosas sin nombre.

En las ciudades de los náufragos que no aprendieron a nadar.






miércoles, 24 de agosto de 2016

Tiene un cigarro, Jefe.

La literatura, no deja de ser, la loca de un barrio
de amarrados extremos que escopeta deletrea.

En el cruce de líneas
con su camisa de fuerza, incapaz  de tocar las flores
de las telas de los kimonos.

Una ida de nudos
que espera con traje en la parada del bus-o
entre un individuo, sujeto a su bolsa,
y un cristal vestido de póster que publicita
la interior de la vergüenza presupuestaria
con la cultura-es.

Ella, no tiene escapatoria, necesita
al oyente, al lector, a la bala, al río
para desatar los credos, que  no cerdos, de la cuerda.

Demente que llega a ninguna parte
sin un billete, lejos del maniconio
en que se ha convertido
la biblioteca de los libros de estantes.

Momentos "fumatorios" y nada más,

para el sombra de P a n e r o.

La loca literatura del cigarro y las hormigas.







lunes, 22 de agosto de 2016

Qué levante la mano el último.


I

Nací de lado en mediodía,
con la buenaventura escrita de la exclusión 
por el oficio de escribana.

Sin ser lo suficiente para ese ángulo,
que no osa a colarse en los desconciertos.

Presa métrica repujaba en cada vestigio
la avaricia de querer seguir estando viva,
a pesar del mazo, del significado trueque
de caer al suelo con la boca como pala
y lanzar un poso más de tierra y de lombrices
a mi tumba.

II

Nací de lado, 
de saber que en una esquina perdemos demasiados trenes,
pero, en el angosto, tengo, y puedo declamar,
para los amigos poetas que musitan
como los vergeles sintéticos de las drogas más duras
las palabras madres abrazándoles, hemafroditas 
de lo que de sus memorias han perdido,
huesos duros contra corazones de razón expropiada,
como niños 
que siempre moramos en los 90 grados
de la Poesía.

Nacimos de lados, poliedros con otros ojos.



jueves, 18 de agosto de 2016

(Ni)Tratado de filosofía.

  Qué grandeza la de los amores de los que fueron o no fueron, si todos en nada perecieron.

  Pues la libertad consiste en amar al prójimo sin sentirse preso, dando el espacio suficiente para que el individuo siga manteniendo su esencia. La persona que planifica atenta contra las leyes del universo ¿Acaso podemos virar la órbita de un astro?.
  Encarrilar no significa imposición, la impostura viene de las bellas palabras sin acciones y el creer que un equipo son dos personas, cuando en nuestro interior existen diferentes matices.
  El egoísmo de creer que la libertad es un ente, y no admitir que libres son los que han aprendido a respetar y a confiar.

  Los fracasos de las guerras no proceden de las emboscadas externas, sino de amarnos lo suficiente  a nosotros mismos para ser leales con nuestro foro individual, las familias del mundo, natura y seres vivos hasta la inmensidad del cosmos.

  El amor como fuente de energía y la fidelidad a los principios.

Agua bendita.

La  realidad consume de los ojos que rajan
los muchos sainetes del serrucho, la incredulidad festejada

del violín que chirría, entre cantos organigramas;
reales, tan ciertos, que vivo derecho
y no en súplica, tangible tauro almendra, cáliz con moscatel,
con él por el ego, ego sum, de toda la prosa por descubrir.

De las hortalizas escanciadas,
porque se trata de cuidado intensivo
del  material  que "prefabricamos" libres,
sin planes como caballos desbocados por el bosque.

Porque no haber vivido jamás este trayecto
hace que la luna sea pequeña.

No sé adónde me conduce.
Pero, confío de su mano
cuando de entre las aguas femorales
Río Tormes.
me adormece.
No es sólo sexo, es poema.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Entrada de Trianarts de Lluïsa Lladó.

http://trianarts.com/lluisa-llado-la-culpa-de-eva/#sthash.NTYYrqRZ.dpbs

Pongamos que hablo del día dieciséis. (Carta a mi madre)

I

Hay martes que deberían ser declarados desiertos
como presuntos lunes en plagio
buscando el premio a esta rareza inusitada.

Sentir la gula escrita que no cesa y hace 
que el cuerpo no sea más que un sacrificio
expuesto en la piedra
con el anhelo de la inexistencia de los días, grises en pleno estío,
ni la sensación de que me he desprovisto
de demasiada ropa. 
El ojo engañado 
a la 
sombra raquídea de las nubes 
porque añoramos el invierno.

II


La gente pulula, la basura hábita en los mismos de la penumbra, y en esta oligarquía
de teclados de Mozart, en conexiones de Internet
van dando vida a los muertos. El reo de las flores de lis, que cree
en la providencia y que con su estetoscopio ausculta a la página
el rencor de los meses en meridiano. 

III

Percibo una extraña púa de pliegues de moho,
y recuento mayor de bacterias y seres demórficos
haciendo cola al ángel caído, a cada hueso aparcado en batería.

IV

En desazón, como un ovni
la cena que con ternura venenosa llena las ansias malditas.

Él ha marchado de transhumancia, al viaje de los fugitivos del corazón,
y noto el sabor del clavo metálico
en mi lengua, y los senos en vanguardia
con desafíos al ventilador hasta el máximo viento;
le añoro, y me preocupa este arder sin llama,
creo que en este lunes de martes
con el diagnóstico declarado
de dos días que no ceso de taladrar al ordenador,
de lamer las uñas para extraer el pigmento de su hombría,
he enfermado madre, y creo que lo llaman los oncólogos Amor.
Grau de Castellón.

martes, 16 de agosto de 2016

Desnudeces anímicas .

Tengo vergüenza
de que me vea escribir poemas,

el rostro del trance 
las manos blancas,
el cuerpo sin vida.

Tengo vergüenza de que vea al "poeta"
como una especie de monstruo desnudo
sin ni siquiera una sábana para dar cobijo.

Tengo vergüenza pudorosa
de mostrar la lepra sin vendajes,


y por ello le pido disculpas,
no sé escribir delante de sus ojos.

Supongo que es otra  prueba.


Otra prueba.

El significado de la palabra.

Si esta condena
es el precio de vivir
exiliados
igual que extranjeros con el mismo idioma de la poesía,
con la presuncion y bula
de poder tocarnos
con las letras formando una única palabra
de estigmas etéreos, espirituales como burbujas de gaseosa.

Vamos siendo menos que el silencio de las cigarras,
vamos siendo menos,
cada vez menos
en  microscopia

El castigo de lo que llaman  Olimpo informático,
en pantallas crueles e infamias
que devoraron las raíces que un día
hubieran podido nacer.

Que ambos en dos islas 
separados por un mar negro

con el solo respiro de leer lo que su puño escribiente ha creado
y reverberar lo que usted ha concebido
del sentimiento en trasmisión eléctrica, pretendiente
fingimiento para meterme en su testa como una submarinista engreída
con esta manera de comunicarnos

porque usted
así
lo ha decidido.

Nefertiti escuche.

Muso.

Le olvido.
Le repudio.
Le detesto.
Le embadurno con el barro, lo barro
y sin embargo, necesito del hálito de cada uno de sus versos
como un sol dentro de una caja.

Quisiera poder erradicar esta larva.
quisiera, pero...la necesito;
ella se ha cruzado en el camino de entre  mis órganos.

Luego, le detesto, le repudio,
me aburro de sus recuerdos en mi mente
y empiezo trémulo ese otro yo, el yo poeta,
el yo impresentable,
la cíclica payasa con la necesidad urgente de su nicotina verbal

y busco otras diversiones
entre el infierno y las paradas de taxi.

donde hay silencios, horas, días.

Muso.

Vuelvo a leer su poesía
y siento como la heroína
va fluyendo entre las uñas, los colmillos,
el blanco conjuntivo, el vértice del seno, los labios vaginales,
el vello, la grieta, la arruga.
Voy llenándome toda plena
en orgásmica elegía

hasta la próxima dosis.

Y crea, que muy a pesar,
esto va a seguir hasta el día 
de la muerte.

La taxidermia de Kafka.

II

Y en ese aprendizaje el pluriempleo está servido,
tal vez, sea desempeñar varias funciones
como los animales.

Sí, soy un animal,
pero, no de los que pasan desapercibidos
con su camuflaje.

Soy de aquellos
como el bicho palo,
como la mantis religiosa
que siempre aparentan lo que no son.

Ellos quieren ser arbustos.
Quieren ser parte del árbol.

Pero no dejamos de ser más que depredadores
de versos,
de poema,
de poesía.

Insectos al fin y al cabo 
enjutos
sin alma

lunes, 15 de agosto de 2016

La necesidad hecha escultura.

Necesito escribir.
Necesito escribir
tanto como amar.
Porque sin escribir, no puedo llegar al núcleo.

Entre amantes, la vianda,
el engullirse mutuamente es fácil, 
muy fácil, demasiado fácil.

Los besos, los dedos incrédulos explorando
cada una de nuestras cavidades como vocales semiabiertas.

Es abrefácil, demasiado fácil tal vez amar,
tal vez amar es aprender, aprender, aprender
varias veces ese infinitivo de segunda persona.

Aprender juntos, a dormir.
Como si fuésemos dos muertos vivientes.

Escribir poemas reduce seriamente la salud.

Después del poema
acabo postrada.

Como si fuese presa o víctima
de una tuberculosis peculiar.


En cada poema, se me va, la vida.

Egodiálisis.

Siento cuando escribo 
una especie de metamorfosis
nadando en sangre.

Soy víctima y  a la vez verdugo
de  cada uno de mis poemas.

Un vicio, declarado.
Una adicción, sin lengua.

El viaje hace que me estremezca,
que suba a los cirros
y desde allí 
caiga irremediablemente
mi cabeza 
contra el suelo

La antítesis de la hierbabuena.

Contar los dedos de nuestras manos
en equipaje
y medir la sal
que vuela fuera de los platos en catapulta.

Redondeces de loza,
vasos como capilares
a un tributo de los dioses.

Y levanto brazos
y cierro los párpados.

Y veo rosas en mis poros, vocales abiertas y fuertes,
como un jardín botánico
de borracheras hormanales.

Y siento que palpita, el corazón
y por un instante de flash,
de ruido de piñón de bicicleta
o polea feriante que nunca amarra el regalo preciso.


En esta postura
perceptible más que a las alas de la mariposa,
sonrío,
y pienso que hasta las malas hierbas
aman

la tierra racial.

Mala hierba.

Mala hierba con flores.
Motivo de la Catedral de Salamanca.

Al cielo de Salamanca.

I

Me tumbaba

y miraba un cielo
similar al de Salamanca
contando los golpes
que conducían a la constelación de los cardenales puntos.

Y con la mano hurgaba mi pecho
cerciorando el vulgo agujero que atravesaba mi tórax  con una 
corriente de aire Tramuntana.

¿Dónde estás corazón eléctrico?

¿En qué canaleta tu corriente subterranéa?


Y con un folio de papel 
de tres milígramos al cielo
similar al de Salamanca
dibujaba con tiza una víscera
y con la boca lo hacía latir.

Sondo avernos:

-Tum. Tum. Tum. Tum.

II

Los corazones de papel 
temerosos del agua y del fuego,
del viento y de los bichos.

Caballero Lepisma Saccharina escribiente 
que devora
cada una de mis páginas.

Tuya soy
con las letras del cianuro que brillan
como las pupilas del éxtasis,
libélulas clavadas en carne,
caballitos del diablo de comisuras,
lúpulos de nuestras cicatrices
que dejan que me vayas royendo

igual que un barco en llamas dentro de la mar.

Morir envenenada por ti...

III

Y tumbada mirando a los planetas
cerraba los ojos
al cielo de Salamanca
con un corazón sobre mis senos en libro sagrado
y sonreía
y con la laringe le daba la vida necesaria
de su oda
mientras sonreía, nuevamente,
aunque sea en papel de lija,
tengo en histeria
todas la heridas de bala
como guiños
del ser inexperto
que empieza a caminar
y a bucear entre los textos.

Porque un verso solo es soledad,
dos ya suenan a pareado.

-Tum, tum, tum, tum.

Y tres en la cama una orgía celestial,
con la novela entre sus manos de hombre blondo.

Posteguillo, Márquez, y...cuántos en concubinato
morarán con nosotros.

Mi prosa.
La que faltaba para dar vida a esta pequeña muela
de Frankesntein.

El corazón late.

Y un monstruo 
campa por la ciudad de los muertos.

-Tum. Tum. Tum. Tum. Tú.

Tú.


Plaza Mayor de Salamanca.








La "glomeración" de la hadas artes.

Y en yacida conmoción craneal
muevo las articulaciones
en flexible acompañamiento de sustantivos
y otras punzantes esdrújulas
metiéndose en pincho
d-entro.

Muy a-dentro.

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En la letanía
la ponzoña se disuelve
en pensamientos antidisturbios.

Revelación de riego sin ese.


Cuando todos los extintores canten
y los tableros de ajedrez
sean círculo cromados...

En esta mediana
con los automóviles peinando el labio
observo el verde
de césped,
con aspersiones de palmeras.

Aprieto fuerte 
la rúa que viste mis mejillas
buscando la gota-pétalo exacta
que moje la terrorífica 

que se enciende como un fanal nocturno.

El corazón
ha empezado a latir.

domingo, 14 de agosto de 2016

Cosmos son las cosas, amigo Sancho.

Mis manos, mesetas de campos de Castilla,
áridas por la caricias no dadas,
en ramificación  haciendo veredas de cabras con mucha falta de lluvia
y con falta de lluvia mucha
que los afluentes 
no ejercen de afluentes
por las grietas de estas extremidades doctas.

Aún así, él, la perfidia, el frenesí,
la aceituna parida de árbol.
el bosque de las judías,
el páramo guijarro de estos trozos de carne
que aún respiran.
Con la incertidumbre
de no creer mi boca lo suficiente,
desembocó la espuma de afeitar entre los nudillos y las falanges
y enjaboné con mis palmas su mandíbula de hombre de radios.

Mis manos eran dos mares, dos mares revueltos de melancolía.

Como una novicia que espera el sagrado mandamiento
de deslizar cada una de las calladas
porque usted ni se imagina lo que habla la peca
en nervios de ramas que nacen a la vera 
y acaban arrolladas 
por los ciclistas de la noche.

Como la piedra extirpada de la mina.
Como el brote del ojo a la lágrima.
Como la hendidura del carromato.
Como todos los como por los asomos.

Le afeité en espuma con la candidez
de una estúpida que sabe usar el florete de la aguda
pero en ministerios de rimas amorosas
tiembla como una moneda que cae en el foso.

Almenas aparte, y sortilegios
crea que yo,  
esta versada de escombros, nunca, había afeitado a un hombre.


Y sentí todos los como, que se comen sin razón.
Y creí en la salvación humana.
Y la pluma del flamenco.
Y la hogaza del pan en vientre de niño.
Y el tren pasando el cerro hacia los juzgados.
Y un reclutamientos de conjunciones
griegas, y, y, y, y, y hasta en un consenso de gobierno con íes latinas.

El jadeo del escribano al cerrar lo ojos.

Cerrar los ojos,
acariciar con la cuchilla 
la verdad.





Los poetas que habitaron el planeta rojo..

Viví
o malvivía en una denominación exacta más
de sobras y pesadillas de Tim Burton
con los huesos haciendo 
vigas en un toldo para proteger
un corazón
que se iba separando en órbita 
y que con la distancia aterrizó en la base del cilindro de un pozo.

¿Y sabe cómo se sobrevive
con la tenia solitaria como anillo
a cada una de las hembras
que en mi pervive?.

De allí las corrientes marinas
lo llevaron a la playa de las focas azules
y niños con ojos de cristal
lo metieron en un frasco.

El dolor era tan inmenso
que todo el universo
cabía en un puño.

Y fui náufraga
andando con cara de sobre por las aceras
y sorbiendo de las gotas 
que iban deslizándose
en el tintero.

Y costas de madera, y continentes de carros con pesas,
hasta caer en catarata entre la manos del hombre
que amo en viva, en vivencia, en vivípara melodía
de cuerdas musicando las caricias,
estallada contra su cráneo 
y fagocitando el corazón seco
como un ciruela en conserva,
de esas que nunca nadie quieren 
en las cenas de Navidad.

La poesía otra forma de no vida.

Catedral de Salamanca (Samsara)



Ya lo decía el señor del sombrero y el monóculo.

Autopsicografia 
                                
O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração.


Fernando Pessoa.



Pessoa decía que el poeta
era un gran fingidor
por eso en esos fingimientos los alaridos de los tejados
contra el rayo solar
pueden asemejar en las noches de Las Perseidas
un estrella dentro de la astrología
de lo que jugó sin el extracto
de aquellas limas capaces de romper las cárceles.
Cárceles de gajos que supuran dentro de nosotros,
donde duermo en cadencia perpetua
y yacida de cumbres
no temo muerte alguna
de esta piel que sabe a pomelo y a membrillo,
de las piernas en flacidez
de noches en vigilia
siendo mar, mar, mar,

contra el interior humano
de toparnos ante la indefensión aprendida de que nada es lo que parece,
por eso en fingimientos vamos tatuando cada esquina del cuerpo
y llamamos amor, a la daga,
en este paseo de los Jardines de Calixto y Melibea
en que usted estimó más la cadena
de oro, y cuerdas son las que se amarran en las naos

los Hipócritas con los calzones repletos de heces
Astronauta de la Catedral de Salamanca.
del Silencio.

Karmacería.

Acabo de despertar del trance
entre cubos de basura magullada. 
Tengo el corazón en el mástil
sin la necesidad
de saber que va a exterminar
la palabra.
Con los tobillos rotos
ya es demasiado tarde para emprender el camino
de vuelta a la madriguera.

Y como dice mi santa madre
el veneno que purgó la herida
en la lengua de escoceduras
tiene el sabor de lo que se aplicó en su escuela.

Un país llamado Karma.




sábado, 6 de agosto de 2016

Yo no vivo a 500 kilómetros.

Amor mío, no puedo descifrar los códigos del silencio
ellos no parlotean de la nada
y en esta medida de meses
he ido en aprendizaje sosteniendo la pértiga
en el filo de los edificios.

Sé que la soledad le puede
y que mi presencia altera todos los matices pasteles
convirtiendo en rojos y violetas
las flores que crecen en su pecho.

Qué la cólera ley acelera  los vientos que mueven las cortinas
y que en la leña mojada las pasiones no son honestas
pero, le prometo que la fidelidad
está escrita en todas mis enmiendas.

Que asesiné a todos mis amantes
y que de sus cadáveres quedaron sólo poemas de barbecho,
que han calcinado las caricias
y el olor de otras manos.

Amor mío, Dragón Rojo, del ser bendito
que lleva hacia el infierno, con la vista cegada
por los unicornios, no temo ninguna de las heridas
que supone abrazar al hombre cactus
pues, con mi lengua diestra curaré las infecciones
de los aviones siniestrados En Kentucky.

El aprendizaje de leer novelas, a moderar las migas que desprendo en su cama,
del mezclar la mantequilla con la confitura
y el húsar la mano en vez de la servilleta.

A reír bruta y martillo.
Al querer isleño de mis ancas.

Amor mío, no sé da cuenta
que he lanzado por el abismo
todo mi armamento de cortaplumas,
y que he bebido de mi propio veneno
en sierpes azules.

Que no vivo a mil millas de su casa.
Que moro cerca alambre. 
Que noto hasta el aliento y la forma de su almohada en mis legañas. 
Que yo no soy el paralelo de ninguna otra.
Que vivo como la lluvia.
No me compare. Soy única en mi especie porque el animal en celo.
Y aunque tiemble de hipocampos y selenes a punto de estallar contra un meteorito,
no olvide, que yo, no soy, del terremoto la réplica. 

Soy Lluïsa sin chaleco antibalas.



Cala Mar.

I

Nosotros que éramos como una novedad editorial
hemos sabido en esta distancia 
acortar los rencores.

II

En días de plumas y avellanas
habité la inconcebible obsesión
de alguien que me tenía atada a su cadena de Pàvlov,
y que me hizo creer en sus noches de cuchillas.

Yo le amparaba en el desvelo,
quería amarrar su enorme cuerpo
con el pago a tanto sacrificio
de morir asfixiada
bajo el peso de sus colmillos en mi cuello, 
que sangraba y manchaba de tinta toda la estancia
de morada decrepitud.

Pensé que era un niño.

Con los ojos estrábicos
y las uñas mordidas,
en tardes donde su cuerpo era arrastrado
por la faz de los adultos de común genética.

Le creí, y noté todos sus golpes
en mi estómago, le quería sanar, exorcizar, 
salvar de los hombres sin cabeza,
de los muertos que nos persiguen,
de la duda y la baja autoestima poética.

Aún sabiendo que para ello, yo moría.

Y era el escarnio popular.
Y una mofeta disecada en su salón.

Porque para amar a ese hombre
es necesario morir, y yo a trinchas iba haciendo
que cada miembro se amputara de camino a su casa a la mía.

Hasta que apareció el Dragón Rojo,
y me atrapó en su fuego,
y me sacó de la imposible misión
de reparar a un Titánico de carnes.

Ahora que pasa la vida poema a poema.

Ya no aguardo nada sentada
en este café.

Espero dentro de mi fétido dinamismo
de optimista que algún día
perdones a ese niño
que no quiere crecer.

Y que fue cruel déspota
con la única persona que sorbió
la tiranía y vio la negrura de las raquíticas hazañas
contra una marioneta sin hilos, pegajosa de saliva,
trozo de nada, mísero grano de arroz.

El perdón empieza por uno mismo.

viernes, 5 de agosto de 2016

La borrachera de Bangkok

I

Capataz de cortes de tubérculo
a rodajas, y en  intercambio literal
ambos aprender el aeromodelismo 
del aquí no hay uno más que otro,
y con delicado anuncio, arrimar las vocales a su costillar 
como un tejido que se alimenta de sus botones.

II


Y existe un ficus que se enraíza
entre nosotros, aisladas islas verdes,
en meseta de balcón emparedado
con flores de cajetillas
y ayeres tan de extrarradio
que para acercarse es mejor tomar precauciones.

Linda daga poética que ríe Tormes
y que llora el agua envasada en cada una de las piernas,
en codos flexionados sin prefijo, el mentol de los momentos
tan dulces como todos los helados de esta nevera 
dentro de tiendas de campaña.

III

Y un día se abalanzó sobre mi esbozo
un camión con ruedas melocotones
ajena a las leyes del urbanismo y a los cambios de gobierno.

Bajo su metal estómago
me nacieron dos alas de mosquito
con la condición de las mariposas
y se abrió el alma
(esa que dudan los científicos de su existencia)
apolillada a la que le crecieron virutas
salivando el tiempo
con tu nombre, en crecientes lunas
de sus manos acariciando la superficie
de las baldosas rotas
de este baño con piezas prefabricadas en Taiwan.

Con el alma expuesta
como una delincuente  en captura,
sin medir las consecuencias, ya que es más agradable el viento
de cara 
cuando circulamos a 200 km/h.

IV

Y expuesta la desnudez amante
entre los carriles de la autopista
van pasando con el vértigo
los veraneantes en sus autos
que miran algunos ojos curiosos
como fornicamos entre las azaleas
de esta carretera de raíl
con la sangre de los motoristas suicidas.

Entrego cada carta a ti
en verdura y falsedad
en lilas y turquesas
en trufa y hongo
con fanzines y posavasos
entre los coleteros ocultos
la existencia todavía de los rediles del reclutamiento
de fichas en tableros en la piel,
de tus ojos atropellando mis ojos
cuando 
hacemos el amor.

Es tan sencillo morir.
Como las amapolas
en un jarrón.

Jarrón de amapolas-Odilon Redon



lunes, 1 de agosto de 2016

El baile de los escarabajos.

I

Musitó que no se perdiera en sus ojos,
para su desventura
ya nada, en ellos 
entre los mendrugos.

II

Loba boca melosa,
ojo cíclope, foco de manos que trinchan los ajos,
la parsimonia de pelar las cebollas, el tomillo,
la cadencia de cada envoltura culinaria
desprovista entre los dedos.

Lo afrutado del partir en pan
cada momento. El olor de infancia de su espalda,
campo de minas de lunares como una constelación terrenal
y el broche-tatuaje de tantos recorridos por el mundo
donde extraviada goteaba como una vela
en cada estación de servicio, y él que ha sido el cianuro
de las noches travestidas de soledad,
del enroscado gusano de nylon, cuña pezón.
La caricia prohibida y el sustantivo
alado. 

III

Pasa el tiempo y le noto cerca sin alambre,
todopoderoso,  la sencillez
que anida en usted como ninguno.
Luna que sana al depredador de mis sueños.

Que colma de agua lo que fue un pozo
de calaveras.

Mi amor.
Eres mi bien
y por ello le honro
en casa grano
de pimienta, de café, de metal, de loza, de narcóticos.  De beso y aceites.

El trébol  que llena de luciérnagas,
la fe y con ello
el alud de sentirse cuidada
y respetada.

Fiel hasta los estambres.
Hasta.
Asta.
Clavada
lanza
a la entraña.
Leal hidra como la primera vocal del todo.


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Pegaso y la Hidra, Kröller-Müller Museum, Otterlo, 1907
Odion Redon.