jueves, 6 de octubre de 2016

Des-nudo de la pleura.

Esta noche volverá a llover
y me gustaría que estuvieras conmigo
con las incertidumbres de las masas
que en la lejanía son cordilleras
y de cerca nos permiten observar el nido de los pájaros.

La lupa que todo lo abarca,
en el sello de la caricias.

El prismático de las mareas,
el faro, que alumbra las huellas veraneantes
que desfilan en hormigueros hacía la estación del frío.

Nuestras manos que nos amarran fuertes
con nudos de tres vueltas.

Porque somos trapecistas
y si tú caes
yo demoro hacia el abismo
de redes puestas en las carpas
como frutas de invierno
sacadas de sus ramajes
para la bocas de las bocas.

De nudillos prominentes de huesos de aceituna,
y pepitas de uvas de la mujer andante,
en la penumbra del poema
que alto y espigado
da la sombra
de árbol.

Amor con silencios.
como hojas que caen
dentro de nosotros.

Con la disipación del pasado.

Y un nudo de tres vueltas
que nos trenza aún más si cabe
donde echar raíces en mi isla.




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