lunes, 19 de septiembre de 2016

Un corazón con dos mitades cerebrales.

Sé que de nuestra desdicha sacrificaron a un lechal
y de las fauces con sus dientes fueron los apósitos,
trituradores cada uno
de los momentos
en que usted y yo;
usted lleno de corcho,
de seres que huyeron de entre sus manos
y yo de orinado serrín
por el tedio de los cazadores 
que devoran felices
nuestra incomunicación bovina.

Como si hubiesen construido un muro de Berlín.

Y Berlín no lo sabe.


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