martes, 10 de marzo de 2015

(X) Ocho de macho.

No
soy
un árbol.

El árbol de las afueras,
con falta de riego
por el consistorio.

El árbol arácnido,
palo cetrino,
donde atan a los perros
estrangulando las arterias.

El árbol,
no soy.

El árbol que con tu lengua vaina
es cuerpo tatuado
en corazón sin latido
y tu letra
y otra letra que no es la mía.

No, el árbol,
de letrina para la satisfacción urea
del ego masculino
con los faldones apestados
de tanta inclemencia pesticida.

Mira.
Bien alto.
Soy ballesta.
Soy flecha,
Soy antorcha.

Y no el árbol puerco
de corteza tierra
donde colgarán los pies,

tu raíz de ahorcado.







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