lunes, 2 de marzo de 2015

Cala mares en su tinta.

El infortunio fue del inicio.

Si hubiese habido vistas al Sena
con un pensamiento en un envase vacío
de mermelada.

Y no, un encuentro postizo Buñuel,
hilarante y descabellado.

Pero si, las colas de los peces fueron mordidas,
los anteojos vieron fuga
y todo se consumió en malentendidos,
egoísmo maniquí,
cruce de cervatillos con alimañas,
lenguas de gusanos
afiladas rayando papel;
no estaría aquí llenando de serrín
las muñecas,
como una cocina que adorna a la mujer,
que lava las puntas de los calamares
y tiñe el fregadero de las palabras
no escritas.

En Minnesota llueve en español
quedando nubes azabaches
y los cuerpos cuelgan de otra alcayata.

Sabed  le digo que con mis manos
sosteniendo la avalancha
que aviva el fuego mi pena se ha dormido.

Qué me alegro que todo empezara en alud,
consecuencia de tragedia,
porque aunque separados
somos más felices que nunca,
hermano de boceto,
proyección de una nueva vida.

Siempre te querré.


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