domingo, 16 de noviembre de 2014

Visita módica.

La clase de terapia siempre empieza con la misma junta de retórica.

¿Estás más delgada Luisa?

Llegué con retraso, últimamente cedo al sueño
en el instante preciso de poner el despertador.

Ese invento de medidor de tiempo
que un aprendiz de tortura ideó.

¿Cuéntame, cómo hace el amor?

Recuerdo que llovían tomates
y los cristales acabaron rojos,
opacos de tanto meteoro hortaliza
golpeando sin cesar.

El amor. Eso qué es un fruto salado
que comen ansiosas las ánades 
en parques que amontonan papeles 
y bolsas de patatas fritas en la quinta avenida.

Tú que has sido todas las intermitencias de mi minutero,
el sol rojo de mi naciente respiración,
he decidido a conciencia después de tanto improperio
literariamente liquidarte de mi vida,
prenderé a conciencia toda tu genética,
 tus formas que estimulan mis glándulas salivares
al peso catalítico de tu cuerpo.

Y te convertiré en un cúmulo inquieto del pasado,
como cuando voy en tren y la alta velocidad
rompe los contenidos en miles de líneas paralelas de colores arbustos.

He decidido, en esto del enamoramiento,
amarme más en mi empeño,
de ser merecedora de auroras boreales.
Qué el éter que tú das, es pésimo contratiempo cloroformo,
y ahora renegando de ti,
eres, sí, eres y deseres un suavizante licuado que sólo adornará la ropa.
Un impacto en toda mi cabeza de tomate.
Que acaba en un sobre de aluminio en un cadena de restaurantes
donde los novios besarán a sus novias por un euro de hamburguesa.

Suena la alarma,
Temo que ocurra lo de siempre, como un Sisifo con periodos menstruales,
levantaré mi estructura
y esta bombilla azotea acabará con sus estambres, de nuevo, quemados.
Para no sentir absolutamente nada, asintomática, inmunizada,
con hemorragias en las muñecas,
ausente zombie, envasada al vacío,
un reloj de pared anunciando peces muertos.

La mujer vulnerable en que me has convertido
sintiendo la sangre a galope en el pecho,
un radiador entre mis muslos
y el corazón puesto en un corcho 
con las chinchetas de tus palabras.

Curioso mecanismo de defensa.
¿Qué posees que trastoca las normas de conducta?, dijo la terapeuta.

Pero yo quiero seguir corriendo,
desnuda,
tras la explosión de Hiroshima.

Quiero que vea el mundo
la foto-poesía
de las heridas de una guerra.


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